Entrevista con un buscador de paz, Gilberto Echeverri Mejía: Nueva marcha por la no violencia

A la izquierda Guillermo Gaviria, gobernador de Antioquia y Gilberto Echeverri Mejía. Se fueron a buscar La Paz y no volvieron. Foto ODG

Por Óscar Domínguez G.

Hace 20 años, el 17 de abril, el gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria,  y su Asesor de Paz, el ex ministro Gilberto Echeverri Mejía (en la foto) iniciaron una marcha de la no violencia que terminó en su secuestro por las FARC. Gaviria, Echeverri y ocho militares más que los acompañaban en el momento del intento de rescate por unidades del Ejército, fueron asesinados. Practicaban la política de la no violencia como medio para buscar la paz. El domingo 17, en la Catedral Metropolitana, se inició una marcha simbólica que terminará el jueves 21 en el puente de El  Vado, municipio de Caicedo, en el occidente antiqueño, donde fueron secuestrados. En memoria de estos ilustres colombianos retomo la entrevista que le hice a Echeverri Mejía cuando era ministro de Defensa del gobierno. Od

Conocí a Gilberto Echeverri Mejía desde la época en que fue ministro de desarrollo del presidente Turbay. Lo volví a encontrar – y a entrevistar-  como último ministro de Defensa del presidente Samper. 

Calidad Echeverri Mejía, el Ratón, fue un liberal de Ríonegro que no vacilaba en declarar su amor por su ciudad, Medellín, la esquina, el café, los amigos, los tangos, el fútbol. Y su familia, en primera instancia.

En un debate en el congreso  graduó a los alzados en armas  de “señores guerrilleros”.  Sus palabras provocaron admiración entre dos oficiales que estaban cerca. Echeverri paró la oreja y les oyó decir: “Ese ministro usa un lenguaje que de pronto ayuda”. 

Echeverri fue un hombre ancheta, todoterreno, como se definía. Brilló tanto en el sector público con el privado. Se “abstuvo” de ser rico. Prefirió servir, ser útil. Los negocios personales siempre los dejó para mañana. Se fue sin un lapsus en su prontuario vital.

Nunca se enfermó de importancia. La solemnidad tampoco fue su fuerte. Qué alegría  que haya vivido un hombre de sus calidades. De su desbordante alegría. De su integridad. Echeverri era una fiesta permanente.

Después de decirle no al regreso la nómina, Echeverri dejó de vender celulares, cayó en la tentación de servirle al país, aplazó la escritura de un libro sobre la historia económica y aceptó cargar ladrillo como ministro de Defensa del presidente Samper.

Por razones pragmáticas, al festivo abuelo Echeverri le tocó gerenciar un proceso que tarde o temprano – decía- sentaría a manteles al gobierno y a los  grupos alzados en armas.

La vez que lo entrevisté en la descomunal mesa de su despacho, teniendo en sus espaldas, en la pared, un Cristo “manco” de ambas manos, sólo había flores de navidad, y una gran tarjeta de una agencia de publicidad de Medellín cuyo texto decía: «Soy capaz de hacer la paz».

«Como mantengo tanto qué hacer entonces no tengo tiempo de estresarme», comentó Echeverri Mejía, antes de darle órdenes a su asistente de la Marina  y de  pedirle a la señora del tinto que nos sirviera frutas en vez de café. 

Fuimos al grano:

CUANDO NO ES SI     

– ¿Qué diferencias hay entre el Gilberto Echeverri, exministro de Desarrollo que se sentía como «un ratón enjaulado» y el actual ministro de Defensa?

– Son dos universos, dos plataformas diferentes. Yo era ministro de Desarrollo en un país distinto, en la época de máximo empleo en la historia de los últimos 40 años de Colombia, en el gobierno del doctor Turbay. Teníamos unos retos. Yo tuve muchos enfrentamientos por puestos, porque los congresistas querían pedirme puestos que yo no tenía. Aquí en el ministerio no me piden puestos porque sólo tengo puestos para soldados. Entonces sí, necesito soldados; me pueden mandar los hijos de ellos y los recomendados para mandarlos al ejército. Pero son dos colombias. Yo no estoy aquí como estaba hace 20 años en el gobierno, cumpliendo una función vital para proyectarme hacia el futuro. Aquí estoy ya después de cerrar un ciclo de mi vida, cuando me quería retirar en julio para escribir la historia económica de Colombia, aquélla que no han contado y de la cual mi hija  me dice: Papá no la vaya a publicar porque nos quedamos sin puesto.

Cuando el presidente Samper me llamó, yo andaba en otra cosa, estaba vendiendo celulares, contento. Muy estresante esa guerra de  precios, esas peleas privadas que se dan, pero apareció el reto  por la patria. Yo dije no, un domingo; no, un lunes; no, un martes y mi mujer desde el primer momento me dijo: Apenas te hablen de la patria te vas a entregar. Lo mismo me dijo César Gaviria cuando llamé a  preguntarle y casi lo mismo el expresidente López cuando llamé a consultarle.

          EL ESTILO ES ECHEVERRI      

Y aquí estoy, en un mundo que no es el mío, normalmente, pero que hoy me siento muy comprometido con él, impregnado. Convivo con los muchachos de las Fuerzas Militares y con los generales, me entiendo muy bien. Tenemos un equipo con el que trabajamos muy bueno, muy rico como decimos en Medellín. A veces tenemos reuniones con 30 ó 40 generales, con la junta asesora, con los comandantes de fuerza y yo me siento en confianza y no me siento inhibido ante ningún comandante ni ante ningún coronel, ni general, ni mayor. Me arrimo a ellos al estilo mío, usted sabe, simple. A veces, mientras ellos se me cuadran, yo les doy la mano. No he podido aprender a esperar a que terminen el saludo militar para darles la mano.

          Pero tenemos metas y retos comunes; nos sentimos construyendo una cosa importante, me apoyan en mi tema de la paz. Lógicamente, ellos no van a negociar, ni quieren negociar, pero saben expresar a través de mí lo que desean y lo que sienten. Vemos que administrativamente estamos apoyándolos en muchas cosas. Hay  resultados ya muy positivos de la política paisa de compras, hay  delegaciones para facilitar que los procesos caminen; antes el  ministro tenía que firmar todos los contratos. Desde junio-julio se  hicieron delegaciones a los Comandantes de Fuerza. Eso ha producido  un cambio en la estrategia de comportamiento en cuanto a la política  de compras de equipos, porque hoy en día un Comandante de Fuerza que tiene una disponibilidad, sabe que tiene unas necesidades, pone todo el corazón en escoger lo mejor de lo mejor, hace toda la  auditoría de la compra; nunca se escapan a las presiones de los  vendedores, cada vendedor quiere ganarse un negocio y eso se da en  todo el mundo. Los generales hoy saben que tienen que firmar unos  contratos y eso les da una responsabilidad.

          Eso ha logrado que la parte operativa y la parte administrativa – que antes eran como  dos piñones sueltos-  engranen, porque el  mismo comandante de las fuerzas obliga a que coordinen esos dos  piñones.

          MINISTROS DE TRES SOLES         

– ¿El cambio de ministro de defensa militar a civil no afectó en su amor propio al estamento militar que veía en la «chanfa» que usted tiene ahora la coronación de su carrera?

– Yo creo que cualquiera de los generales retirados de Colombia puede ser ministro de defensa después, o cuando el presidente lo quiera. Pero creo que ellos han entendido que yo no he venido aquí por ambiciones, como escalera para subir a otra parte, que  quiero servir, que como ser humano me puedo equivocar. Pero hay acoplamiento  a medida que van  mejorando el conocimiento interno de la gestión. La relación es mejor, más ajustada, más positiva y yo me siento orgulloso de hacer parte de las gentes del Ministerio de Defensa.

EL ARTE DE COMPRAR BALAS           

– El hecho de que usted no distinga una bala de la sota de bastos ¿no ha interferido en ese diálogo suyo con el alto mando?

– Coger una bala y distinguir si es de 38 largo, 38 corto, 9 milímetros, si es para ametralladora… no es mi oficio. Pero yo si sé cuánto vale una bala y sé cómo la puedo comprar. Cuando  llegue el concepto técnico – para eso están los militares-, ellos me dicen si es una buena o una mala bala. De acuerdo con la calificación que los militares hacen yo compro una bala buena por un mejor precio y le aplico la «política paisa» de “barequiar”,  pedir rebaja.

          Aquí ya se han sentado vendedores con contratos ganados prácticamente, por licitación, con todas las de la ley. Pero es que la Ley 80 abre una puerta nueva que dice: Mire, después de que termine la licitación usted puede llamar a los finalistas para que hagan una nueva rebaja.

          Aquí se han sentado israelitas, franceses, norteamericanos, alemanes, españoles, a pegar el último envión y eso ha significado,  más o menos, 40 millones dólares adicionales en rebajas en estos 6  meses.

          GANDHI NO, GERENTE SI      

– ¿Nunca viviremos sin estos caballeros que venden armas?

– No soy un Bertrand Russell, pero sí aspiraría que el mundo  fuera diferente, pero esa parte genética del hombre malo, del otro yo, suya y mía, existe. ¿Se acuerda del doctor Jekill y su otro yo? Todos tenemos un otro yo, y la sociedad tiene un otro yo. Los fabricantes de armas, que dicen: No queremos las minas, queremos la paz, queremos los derechos humanos, pero no, yo voy a seguir vendiendo minas. 

– ¿En el oficio de «Gandhi paisa» (buscando la paz), cómo le ha ido?      

– Yo no sé si soy un «Gandhi paisa», Lo que si sé es que aquí estoy en una dualidad. Cuando el presidente Samper dijo que me necesitaba, yo le dije: Tengo dos metas: una dejar una estrategia de paz y otra muy importante, dar mi aporte administrativo al ministerio de defensa, darles a ellos la concepción de la gerencia.

       Aquí se ha hecho gerencia. Por ejemplo, el año entrante el Ministerio de Defensa será el primer ministerio en Colombia que  tendrá un presupuesto por programas. Y eso es bien importante porque podemos seguir los gastos, cómo van a ser. 

ADMONICION A LOS GUERRILLEROS        

– ¿Se puede empezar a hablar de la «frente en alto» a pesar de «Monitas retrecheras» y de todas esas cosas?

 –  La gente que yo tengo, como comandantes, generales de división y de brigada, es gente transparente, sin acusaciones, sin nada. En los procesos de delegaciones (los militares) tienen una responsabilidad que es buena, que es sana, que puede que no sea perfecta, siempre donde hay hombres, hay algunos que fallan. Recuerde a Cristo con un Judas, pero vamos para adelante.

          El otro tema hablado con el presidente era el de la paz. Me dijo: ¿Usted qué va hacer por la paz? Lo dije en mi discurso (de posesión), algunos ni lo entendieron, me criticaron pero hoy, después de 8 meses, mi  discusión sigue siendo válida. Más aun, es la guía del proceso de paz, no es una propuesta de paz. Yo dije: Queremos un ejército  fuerte, organizado, motivado. ¿Usted no se ha dado cuenta de que no ha vuelto a haber ataques a las petroleras? Que disminuyó no quiere decir que no se vayan a dar, van a darse. ¿Usted no se ha dado cuenta de que la matazón de policías, que eran trece o catorce, dos veces a la semana en pueblos aislados, se ha reducido  verticalmente? ¿Usted no se ha dado cuenta, porque no es su oficio, que la gente de la aviación, que la gente de la armada, del ejército y la policía, han modernizado sus equipos? Ya hay equipos nuevos y hay un ejército con una concepción diferente. Eso no quiere decir que esté  arreglado todo, no hemos arreglado sino un diez por ciento. Hay mucho  por arreglar, pero lo que es importante es que se ha desatado un proceso de inteligencia, de la buena inteligencia, para organizar administrativamente las fuerzas.

          Entonces la primera condición para hacer la paz, es que haya una  fuerza pública que le diga a la guerrilla: Señores, ustedes puede que hayan avanzado mucho en los últimos años, especialmente por el apoyo  del narcotráfico que les ha dado la plata, pero ustedes ya no van a ganar esta guerra. Piénsenlo dos veces, señores guerrilleros. Para que se sienten y hagan la paz…

 SEGUNDA PATRIA BOBA    

– ¿Cómo salir de esa patria boba de la que usted hablaba hace poco en la que nadie gana ni pierde la guerra?

 – Es verdad. Antes la guerrilla decía que estaba ganando la  guerra. Álvaro Uribe Vélez, gobernador de Antioquia, por nuestra solicitud, le pidió a García Márquez: Hable con Fidel Castro a ver  si nos puede ayudar en un proceso de paz en Antioquia. Dos meses después, en enero o febrero, por la misma vía de García Márquez, Uribe Vélez recibió la información de que le habían dicho al presidente Castro que ellos no negociaban la paz porque estaban ganando la guerra. Yo creo que hoy, después de  haber sentido lo que han sentido, la guerrilla es otra. Lo que yo quiero decirle es que se ha fortalecido la fuerza pública y que con ésta fortalecida se le está notificando a la  guerrilla: ¡Hermanos, ustedes no están en posición de ganar la guerra, no sigamos en la patria boba, vayámonos en un camino hacia la paz, con lógica y con inteligencia, porque la paz no es como creen algunos periodistas, amigos suyos, que me dicen: ¿Cuándo se van a sentar a negociar la paz? Usted se sienta, negocia la paz y en tres meses vuelve a tener guerra. Hay que corregir las causas de la guerra.

–  ¿Pero se puede hacer la paz con la guerrilla actual, con los actuales directivos o habrá que esperar rostros nuevos en los cargos oficiales de la guerrilla?

– La paz es un proceso que si se deja así,  va a ser muy largo; en Guatemala se demoró 10 años, ojalá aquí con las experiencias de ellos lo recortamos a 5, pero serán por lo menos 3 gobiernos, éste y los dos que le sucedan, para llegar a un acuerdo de paz que madure.

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