Entretelones: Como el cangrejo

Presidente Iván Duque Foto Presidencia

Por Rodrigo Pareja

La dinámica del universo hace suponer que día a día, en particular las criaturas, y en general todas las naciones, avancen sin pausa y sin tregua en procura de alcanzar más y mejores conquistas para hacer frente a las circunstancias que vayan presentándose.

Aunque esa es la lógica y lo que normalmente se espera, casos se dan en los que esto no impera, y por el contrario, el estancamiento, cuando no el retroceso absoluto, son la constante en el devenir de hombres y países.

Buen ejemplo de esa desafortunada situación puede ser Colombia, por lo menos en tres casos puntuales materia de comentarios en los últimos días, la mayoría de ellos desafortunados y en detrimento de autores y protagonistas.

Para iniciar con lo más grave y doloroso, habría que hablar en primer término de la impotencia demostrada por el gobierno en eso de defender la vida, honra y bienes de los ciudadanos, sobre todo cuando estos pertenecen a lo que se ha dado en llamar genéricamente “líderes sociales”.  

El asesinato de al menos uno de ellos cada día ha marcado este trágico calendario del 2020 en sus comienzos de enero, todos ellos perpetrados en medio de las ya fatigosas y repetidas declaraciones presidenciales, en el sentido de que se está “defendiendo” y se “defenderá” la vida de aquellas personas que por su labor comunitaria, están signadas hace rato con una invisible cruz de víctima.

¿Si a la gente “hay que creerle lo que dice”, según la cantinela tantas veces repetida atribuida a Álvaro Gómez Hurtado, cuándo será el momento de creerle al gobierno colombiano su hasta ahora incumplida promesa de defender a los líderes sociales que están siendo exterminados sin compasión ?

En este como en otros tantos aspectos de la vida nacional, la conducta y los logros del ejecutivo desmienten la dinámica universal, y más parece que quienes lo integran actuaran como el decápodo cangrejo, cuando no para atrás, por lo menos de lado.

Otro punto al cual referirse es positivo, según desde donde y quien lo mire, y es el maravilloso descubrimiento hecho por el gobierno de una mermelada dietética, nada nociva para el andamiaje burocrático que tan oxidado quedó con la que le suministró el anterior régimen.

Esta vez el pegajoso e inofensivo producto se ha dado en llamar Simoncito, y para darle más vuelo publicitario, será estrenado en los Estados Unidos, con todos los honores que demanda una muelle vida diplomática en pago de los favores domésticos recibidos. 

Cuando en la planta regentada por Santos y compañía se producía el empalagoso producto, su consumo era peligroso, pero ahora en los nuevos laboratorios Duque y compañía se le ha agregado lo dietético, y dejó de ser nociva para el organismo burocrático.

Y por último, como de productos de ingesta se trata, vale la pena traer a cuento que Colombia entró por la puerta grande al mundo de la yerbatería, el herbalismo y el reino de lo natural, nada menos que de la mano de la Ministra de la Ciencia, la licenciada en biología, Mabel Torres.

Gracias a sus acelerados trabajos pues diez años es mucho tiempo parra esperar resultados, en el futuro no será raro escuchar en alguna droguería algo como esto: “Por favor señor boticario, véndame unos diez mil pesitos de hongo Ganoderma para un cáncer que me está comenzando”.

Que la doctora Torres siga como particular con sus experimentos y búsquedas, es de aplaudir y merece todo el apoyo del mundo, pero de ahí a que sea desde el propio Ministerio de la Ciencia de Colombia, con lo que todo esto significa, media una diferencia muy grande.

TWITERCITO: Entre el cáncer real, el de la violencia y el burocrático que padece Colombia, que entre el diablo y escoja.   

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