En la muerte de Jaime Jaramillo Panesso

Jaime Jaramillo Paneso (Q.E.P.D.) Foto de Edwin Bustamente, El Colombiano).

El sábado 21 de noviembrefalleció  en Medellín Jaime Jaramillo Panesso. Retomo algunas notas que escribí sobre el abogado, excongresista, escritor y activista político que participó en diversos procesos de paz.

Por Oscar Domínguez Giraldo

GANDHI JARAMILLO 

Desde que se conoce, Jaime Jaramillo Panesso, JJP,  ha vivido a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, sobre y tras la paz, por la que ha trabajado desde una festiva “izquierda tanguera”. 

Se acuesta aliviado y se levanta más conciliador, más de-voto de Uribe, su gurú, más investigador, tolerante, pedagogo, librepensador, formador de opinión… y menos abogado. 

Jamás le dictó el odio. Con odiar no se paga arriendo. Tampoco se da el precario lujo de coleccionar enemigos. Ni siquiera cuando la tragedia tocó a su jardín. Mientras acariciaba flores, su hijo, Fidel Jaime Jaramillo Galvis, tecnólogo agropecuario, fue asesinado por el Frente 47 de las FARC, con Karina al mando. 

JJP le escribió a la señora que cambió “el rouge de sus labios” por el plomo: “Ya puse mi cuota de guerra, un plante de vida descuajado en sangre. ¿Cuándo va a poner usted su cuota de paz, aportando su plante de vida para con los civiles, para con  los inocentes, para con las ciudadanas y ciudadanos desarmados?”. 

Como la caridad entra por casa, cuando se embejuca consigo mismo, el pacifista JJP arranca para el Club de los Tranquilos, en Belén, se toma unos aguardientes con mi tío Pacho Domínguez y otros amigotes volados de casa. Luego, convertido en médium, conversa con Gardel, su gurú suplente, y queda listo para seguir tirando línea desde la Comisión Facilitadora de Paz de Antioquia  que preside. O a través de la cátedra universitaria que ha ejercido en UNAULA, U. de Antioquia y el ITM. 

Estas y otras calidades le reconoció ayer en un titinísimo acto el  Instituto Tecnológico Metropolitano de Medellín- ITM que acaba de editarle otro libro, Manos en el fuego, con parte de sus partos de escritor de ágil pluma que hace quedar bien su amistad con  Mejía Vallejo.  

En el mismo evento del ITM, lo acompañó su guardaespaldas ideológico, el presidente Uribe,  quien también se acostó aliviado y despertó tecnólogo honoris causa. En su pechito “ametrallado” de medallas, al infatigable de El Ubérrimo  no le cabe un tinto más. 

El rector del Instituto, José Marduk Sánchez,  ex alumno y ahora prologuista de los libros de JJP, comenta que “Jaime es un pésimo litigante pero un óptimo conciliador que es la fórmula sagrada de un excelente abogado”. 

De diez palabras que pronuncia JJP, la mitad más una tienen que ver con reconciliación o procesos de paz. Lleva un Gandhi en su corazón. Daría esta vida y la otra porque sus compatriotas comamos frisoles  en la incómoda compañía del Mono Jojoy. 

En sus ratos de ocio saca su repertorio de melómano que lo llevó a definir al tango como “pasión antioqueña con olor a pachulí”. Es de los poquísimos de la aldea global que no se enguarala explicando qué es candombe, vals, milonga, tango. 

En cada conversación de Jaramillo nace y muere Gardel, Magaldi, Noda, Hirsuta o Corsini… (Hace poco derramó una lágrima por la partida del Gordo Aníbal. Y si hay que hablar de boleros o de Guillermo Buitrago, el hombre no se arruga). 

Quien hable cinco  minutos con el “hojimeniado” queda flechado por su calidez. Por eso el país paisa -incluidos “los compadritos de la ciudad que lo creen suyo”-,  está güete con los reconocimientos que está recibiendo este medellinense modelo 37 que tiene más cara de pacífico activista del Opus Dei con cargaderas, que de malencarado miembro de Anapo, M-19, Firmes… o de uribista  de amarrar en el dedo gordo, como se decía de los goditos cerreros de antaño.  

MALENA CANTO UN TANGO 

Aquel día de la Independencia de Antioquia, en Bogotá, se demostró otra vuelta que si en todo paisa no ronca un argentino, al menos se mece altanero uno que otro tango en su hoja de vida. 

También quedó claro que la pieza más importante del bandoneón es la rodilla del virtuoso que lo ejecuta, como fue el caso del Che Asencio del grupo de «Lucho Rivero y el Trío Tango» que le puso música ciudadana a la efeméride. 

«Malena canta un tango con voz de sombras», tronó un cantante que vino de Chile.          

La gobernación del departamento puso el inevitable buscapleitos licor oficial que lleva años alebrestando montañeros con la fórmula secreta de la Fábrica de Licores de Antioquia, FLA. (Es más fácil dar con el misterio de la Santísima Trinidad que con la fórmula). 

Hubo una encimita de parte del gobernador Alvaro Uribe Vélez: envío a su otro yo cultural, Jaime Jaramillo Panesso, quien en asuntos de tangos, «esa nostalgia que se baila», ve crecer la yerba. 

Claro que entre los asistentes había mucho ducho sin diploma en asuntos de tango, «esa pasión antioqueña con olor a Pachulí», como tituló Jaramillo su conferencia. A veces, los asistentes le terminaban las frases a Jaramillo, quien enriqueció su charla con tangos de carne y hueso que un consueta clandestino colocaba desde la sombra. 

Convertido en Brian Weiss de carriel y ruana, Jaramillo regresó a los varones domados a los cafés, bares y prostíbulos (sitios para amores de paso en la semántica de García Márquez) de Guayaquil, Junín con Maturín, Lovaina,  Manrique, Camelias, Envigado, Medellín “y” intermedias. 

Con la complicidad de las «mariposas de la noche», como las llamó Jaramillo, muchos de los presentes confesaron que habían dejado su virginidad en tan poco santos lugares. Más de uno perdió la virginidad después de pedirle rebaja a la maritornes de turno. Invocaban su condición de estudiantes (a mí que no me esculquen). Era la única forma de dejar su “amancebamiento con la mano”, como el gran Don Francisco de Quevedo bautizó al poco original pecado solitario. 

En alguna forma, los varones que frecuentaban esas casas de  bombillo rojo a la entrada, pecaban por ellos … y por sus mujeres, quienes a la hora del té se beneficiaban de ese «know how» o tecnología para salir del analfabetismo, sexualmente hablando.  

En las escuelas no se daban los primeros auxilios sexuales y ellas llegaban al matrimonio sin saber por donde iba el agua al molino la noche de bodas. Ellos tampoc,  pero preguntando se va a Roma. 

Jaramillo Panesso, con su prosa festiva y rica, nos enseñó a diferenciar entre candombe, vals, milonga y tango. 

Como sucede siempre que más de dos paisas hablan del tema, en la velada volvió a morir Carlitos Gardel. 

“Papá Noel” Carlos Gaviria, el de cabellos de plata,  repitió en voz baja la letra de «Cambalache», un tango que era prohibido para todo católico. Para arreglar el lío teológico, la gente se volvía atea el tiempo que dura la canción. 

El degreiffiano senador Juan Camilo Restrepo contó que una vez estrenó reconciliación a punta de tangos con su esposa María Teresa Herrán. Se separaron un día «por un enojo cualquiera», pero encontraron demasiado monótono seguir durmiendo solos. Y volvieron a compartir insomnios. Además, uno se casa para tener con quién hablar. 

Jaime Betancur Cuartas no sólo se lanzó al ruedo con “Volver” sino que mejoró sustancialmente sus viejos chistes y Maristella Sanín  demostró con su sonrisa dos cosas: la existencia de Dios y la vigencia política de su hermana Noemí. 

El jurista Javier Henao Hidrón, silencioso y severo como un rey en la casilla uno dama, jugó de memoria una partida de ajedrez con su juventud tanguera, enrocó y se fue. 

Marina Lombana, directora de la Casa de Antioquia, conservadora belisarista, lucía un ruidoso traje rojo, para hacer la paridad, y de paso pedirle al gobernador que acabe con la interinidad en la que se encuentra. 

Como la nostalgia entra por el estómago, a la voz de empanadas hechas con mano tendida y pulso frágil por Fabiola Ospina Vásquez, de Carolina del Príncipe, prima hermana del cantantes Juanes, la concurrencia se abalanzó sobre las bandejas.  

La mitad más uno de los asistentes admitió que  una empanada ( y un viejo bolero) es la prolongación de la novia esperada a la salida de misa de doce. 

El exalmirante Angel Mejía, demostró que está retirado de la  Armada, no de la vida, y José Vásquez, miró a quién le va a otorgar este año la Orden del Zurriag 

La lotería de Medellín regaló a los tahúres ocho «quinticos», nos puso a raspar la instantánea y recordó que la «Lotto» «hace rico los martes», a diferencia de «las mariposas de la noche», de Jaime Jaramillo, que hacían rico cuando el cliente decía pago. 

Y como un bambuco no se le niega a nadie, de ellos se encargaron  Hugo y Gilberto, un dueto que era interrumpido cada nada por un borrachito envalentando por el «dulce licor, dulce tormento» que fabrican los pupilos del dr. Daniel Villegas, gerente de FLA. 

Otro borrachito que estaba capando AA gritó «Viva, Antioquia» y hasta la india del  Escudo respondió, como en los paseos de olla: «que viva, que viva!».  

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