El triunfo de Macron alivia al europeísmo, pero no da motivos para la euforia

Macron se presenta ante sus seguidores luego de confirmar anoche su victoria en las urnas francesas. Foto El País

RICARDO DE QUEROL
¡Buenos días, lectores!La victoria electoral de Emmanuel Macron significa un alivio para Europa, porque aleja el fantasma de una presidenta ultranacionalista en el corazón del proyecto comunitario. Pero la causa del europeísmo tiene poco que celebrar, puesto que el malestar social ha dado señales poderosas en Francia. La extrema derecha francesa logra el mejor resultado de su historia y la abstención es la mayor en más de medio siglo.
Macron, felicitado por sus seguidores en los Campos de Marte de París.Macron, felicitado por sus seguidores en los Campos de Marte de París. / LUDOVIC MARIN / AFP (DPA VÍA EUROPA PRESS)Recapitulamos: Macron obtuvo el 58,5% del voto, un margen cómodo sobre el 41,5% de su rival populista. Más holgado de lo que preveían las encuestas, sí, pero bastante peor que el resultado de 2017, cuando el centrista barrió con un 66% del voto frente al 34% de Le Pen.

Una clave es la que aporta en su crónica Marc Bassets: «El éxito de Macron es considerable teniendo en cuenta que termina un quinquenio marcado por la revuelta de los chalecos amarillos, la pandemia y la guerra de Ucrania, y en un país donde el voto antisistema está más alto que nunca».

El corresponsal en París explica también las repercusiones del resultado en este videoanálisis.Otra señal de desafección: la abstención superó el 27%, la más alta desde 1969. Así que anoche hubo cierta satisfacción, sin nada de euforia, entre quienes creen en las sociedades abiertas. Enric González narra aquí la fría celebración de la victoria por el propio Macron y sus seguidores; por contra, Silvia Ayuso observa algo parecido a un triunfo en la comparecencia de Le Pen, a quien sus partidarios aplaudían a rabiar.No olvidemos que la victoria amarga es una victoria; y la derrota dulce es una derrota. Macron se asegura una década en el poder que debe permitirle dejar su huella en Francia y en la UE. Desde Bruselas, Bernardo de Miguel explica cómo la reelección de Macron «da un balón de oxígeno a los partidarios de nuevos avances en la integración europea y facilitará que la UE mantenga su unidad frente a la guerra de Putin contra Ucrania». Pero el ascenso de la euroescéptica Le Pen «hace temer que Macron disponga en su segundo mandato de menos margen para llevar a cabo su agenda europeísta».Marine Le Pen, en su comparecencia de anoche.Marine Le Pen, en su comparecencia de anoche. / THIERRY CHESNOT (GETTY IMAGES)Llama la atención, en todo caso, el continuo ascenso de la extrema derecha francesa, desde el vapuleo de Chirac sobre Jean-Marie Le Pen, que se quedó en el 16% en la segunda vuelta de 2002, hasta el 41% logrado por su hija Marine anoche. Lo explica bien este análisis de Guillermo Altares: «Marine Le Pen ha logrado que en esta campaña se hablase más de su amor por los gatos que del racismo de su formación y, sobre todo, ha conseguido que electores que parecía imposible que se acercasen a la ultraderecha la votasen sin ningún complejo, tras haberse convertido en la abanderada de la Francia que no llega a fin de mes».El editorial de EL PAÍS se fija en el mayor reto del presidente reelegido: «Si Macron quiere evitar que las revueltas en la calle empañen su segundo quinquenio y que las opciones populistas y nacionalistas sigan reforzándose y acercándose al poder, el objetivo de recoser la Francia fracturada debería ser una prioridad».
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