El tiro por la culata

El Presidente Gustavo Petro el día de su posesión el 7 de agosto del 2022. Foto Presidencia

                       

Por Carlos Alberto Ospina M.

La aparente uniformidad relacionada con ciertos aspectos ideológicos, lejos de incorporar acuerdos programáticos, enseña el grado de corrupción e insolencia de la clase política tradicional y de aquellos que en la actualidad se hacen nombrar ‘las nuevas caras del congreso’. Este falso flete carece de originalidad, puesto que pusieron en práctica los esquemas de negociación de coimas traicionando a los votantes por un plato de lentejas. Ellos son los culpables de ensuciar, aún más, la dignidad del poder legislativo. De ningún modo, hay motivo para andar regocijándose con las mieles del triunfo electoral que, a todas luces, no fue avasallador como ahora llueven alborotos. 

El llamado Pacto Histórico recurre a la nociva politiquería, a los lugares comunes y a posicionar afirmaciones sin ningún grado de sustento probable, debido a que no cuenta con la representación mayoritaria ni el favor popular. Los primeros treinta días del mandato de Petro han producido el más alto grado de incertidumbre de las últimas tres décadas; gracias a los vaivenes y a los constantes desaciertos de un supuesto cambio sin norte ni organización.

El espejo retrovisor sirve a medida que unas personas descubren el truco de escupir para arriba y hablar por demás; a tal punto que la fuerza de los acontecimientos demuestra las equivocaciones y la frenética idea de lanzarse al vacío de poner en marcha políticas en contra de la estabilidad económica, el deber ser de un gobierno democrático y el sustento constitucional de las propuestas que atentan contra las libertades de distinta índole.

Es elemental no confundir la pericia de un tegua con el conocimiento de la dirección y el manejo del país. Petro es muy bueno para lo malo y pésimo para ejecutar el noble propósito del bienestar integral de la nación. Durante treinta años lanzó dardos envenenados, delinquió, amenazó la estabilidad institucional, incentivó las asonadas, cuestionó los acuerdos políticos, pactó con el narcotráfico, acusó al gobierno de turno de ser el culpable de las matanzas y de la aniquilación de los líderes sociales; calificó de inaudito el alza de la gasolina y la falta de control de la inflación; fustigó la independencia de la Junta del Banco de la República y las directrices sobre el control de la devaluación del peso frente al dólar; diseñó el adoctrinamiento de los dirigentes sindicales y movilizó a los jóvenes con la intención de destruir el Estado de derecho; invitó a la desobediencia civil y a la oposición cuatrera; rotuló la conjeturada violación de  los derechos humanos de los disidentes de las Farc y ensalzó el régimen venezolano; amenazó con expropiar y estimuló la invasión de predios de la empresas azucareras; promovió el odio y la lucha de clases; descalificó la emergencia sanitaria  a causa del COVID  y el plan de vacunación; entre un sinfín de comportamientos intransigentes e inhumanos que, hoy, pretende tapar la boca a base de disculpas retóricas.

En el ámbito de las hipótesis de trabajo, el presidente Gustavo Petro, elaboró anticipadamente el modelo sistemático de actuación pública con miras disponer de su propia guardia de corps; es decir, un cuerpo parlamentario robusto conformado por áulicos de varias tendencias; y una unidad armada posiblemente suplida por exguerrilleros, exparamilitares, miembros de organizaciones armadas, sicarios y delincuentes de desiguales especies, dispuestos a actuar al estilo de los colectivos venezolanos, con tal de defender los nuevos privilegios y las sabrosas subvenciones que ofrece el actual  gobierno. Otra posible trampa de lo que él llama ‘paz total’. ¡Ojo! Que el tiro le puede salir por la culata.

No dirá cosa con cosa, pero la marrullería existe. Subsidios para jóvenes vagos y bandidos, mientras se desmorona el edificio de la facultad de Artes de la Universidad Nacional en la sede de Bogotá; el obsceno acogimiento o recibimiento del traidor Iván Márquez; las eventuales obras del Canal del Dique a cambio de doble tributación y la pasividad  frente a los asesinatos de líderes indígenas; los presuntos ‘diálogos vinculantes’ para impulsar la antipatía y el resentimiento de los desamparados; la validación del aumento de precios los combustibles a cambio de la zahoria de sospechosos subsidios a los taxistas y a la par de señalar a los propietarios de vehículos particulares como ‘unos privilegiados que pueden pagar dicho incremento’; la destrucción del actual Sistema de Salud Integral a partir de afirmar que es manejado por un oligopolio e igual prejuicio transmite respecto de los aportes a los fondos privados de pensiones que según, Petro Urrego, deben ser compartidos con Colpensiones para financiar el incierto programa del adulto mayor. Lo uno por lo otro para comerse a bocados el esfuerzo de muchos.

No se le olvide a Gustavo Petro que fue elegido por un plazo fijo y en particular, que la idiosincrasia de los colombianos es muy diferente a la pasividad de algunos venezolanos. Acá no se sale de un riesgo por milagro ni la mayoría perdona la política del engaño y menos de la cuenta, una reforma tributaria inflacionaria.  El botón de muestra de que el tiro le puede salir por la culata está ilustrado en las sanguinarias confrontaciones armadas entre disidencias Farc y el Clan de Golfo, los bloqueos de vías, los múltiples asesinatos selectivos, las protestas, las exigencias de infinidad de sectores marginados, el inconformismo de las organizaciones estudiantiles, las bajas expectativas de crecimiento por parte de los gremios productivos; en pocas palabras, la gente no tragar bilis con el cuento largo del ‘cambio’ que, solo personifica, otra mentira oficiosa que nos hará sudar la gota gorda.

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