DESVERTEBRADA: El señor del bisturí gramatical

Efraim Osorio y sus "Quisquillas de alguna importancia". Foto archivo particular

Por Oscar Domínguez Giraldo, Diario El Colombiano, Medellín

Para el filólogo  Efraim Osorio López, por telégrafo EOL, modelo 35, todos los días es 23 de abril, día del idioma.

Su madre, doña Luisa, y su maestra de escuela, Inesita Villegas, le enseñaron a juntar vocales y consonantes en Santa Rosa de Cabal, Risaralda.

Con el tiempo eligió vivir a, ante, bajo, con, desde, entre, hacia, hasta, para, por, sobre y tras del idioma. Lo atestiguan sus libros y el apostolado que ejerce en favor del buen decir.

Los hermanos maristas  y los sacerdotes lazaristas  lo pusieron cuchilla en griego,  hacha en latín, ducho en francés y as barbado en inglés que perfeccionó en USA. Los vicentinos lo dejaron diestro en teologías y filosofías y lo arrojaron al gallinero del mundo.

El seminarista santarrosano que prefiera el bíblico Efraim, con eme, al común y corriente Efraín, ahorcó la sotana y prefirió ser educador, escritor y cazador de perlas o gazapos.

No se come el cuento de que los colombianos hablamos el mejor castellano: “… lo escribimos mal y lo hablamos peor”, afirma en Quisquillas de alguna importancia, uno de sus libros de apenas 837 páginas y más de un kilo de peso, editado por la Universidad de Caldas. La obra recoge sus columnas publicadas los martes en La Patria de Manizales.

En la presentación de Quisquillas, su par José Jaramillo Mejía, escritor, historiador y columnista de  raíces abejorraleñas, lo gradúa de “quijote de acerada pluma para defender la pureza del idioma”. Para Orlando Cadavid,  el heredero del gran Argos y del académico Dámaso Alonso es de obligada consulta.

Portada de uno de los libros de Efraim Osorio

EOL comparte su receta: “Para aprender a escribir decorosamente es indispensable estudiar y leer. Estudiar gramática y leer mucho y, luego, practicar”. Pilao.

Cervantes, en su advocación de Don Quijote, le despertó un apetito desordenado por los adagios.  “Dichos, refranes y adagios de la lengua castellana”, bilingüe, es el título de otro de sus libros cuya primera edición data de  2010. La cuota en inglés es de Samuel Putnam. EOL  propone explicaciones para cada uno de los 1639 refranes incluidos. Hay edición para coleccionistas.

De su propia inspiración, también circula “Viejos, añosos y añejos. Dichos y refranes del Castellano” en el que se ocupa de la friolera de ¡5330! adagios a lo largo de ¡1.116 páginas! ¿Cómo lo hace? Su amigo Germán Zuluaga Uribe lo dice con Francisco de Quevedo: “Retirado en la paz de estos desiertos, con pocos pero sabios libros juntos…”.

EOL ve  un gerundio vitando, como dicen en los seminarios,  y casi devuelve el primer tetero. Por el tumbao que tiene al caminar, adivina si fulano es bueno para la ortografía, o si confunde una coma con una conjunción.

En su ofensiva contra los depredadores del idioma EOL  incluye nos miga  a todos: novelistas, periodistas, locutores de radio y televisión. La emprende contra cualquiera que pille dándole golpes al idioma en partes pudendas. Toca cuidarse para no caer bajo su afilado bisturí gramatical. Vive en un eterno abril.

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