El rey de las ratas

Julio César Londoño

A las cinco de la tarde del domingo empezó una serie de emociones extraordinaria. Primero fue el “palo” de Rúdolf Hernández, un garrotazo que nos puso los pelos de punta a los petristas y que los analistas atribuyen al estilo frentero de Rúdolf, ese encantador desparpajo suyo para decirles ratas a todos, a Petro, Fico, Fajardo, Gaviria (el dinámico), Uribe, los Char, los Lafaurie Cabal, los Gnecco, los Aguilar, los Uribeños y todos sus descendientes hasta la séptima generación. Luego vino la gran noticia de la derrota de Fico, suceso que no tuvimos tiempo de celebrar porque la suma de sus votos y los de Rúdolf se acerca mucho al anhelado 51 %. El pronóstico es espeluznante: en lugar del “cambio en primera”, tememos un reversazo en quinta.

En los días siguientes vimos el desfile de todas las ratas hacia la carpa de Rúdolf: Fico, Mafe, Fajardo, Uribe… y la altiva reacción de Rúdolf, que recibe las roedoras adhesiones pero deja en claro que cualquier romance con las ratas del Equipo por Colombia será estrictamente platónico, es decir que aceptará sus repugnantes votos pero no les dará nada a cambio a esos malditos ladrones. ¡Así se hace, Rúdolf!

Otra sorpresa de los últimos días es el protagonismo de William Ospina. El escritor dejó en claro que Petro no le simpatiza por camorrero y porque la resistencia que genera lo inhabilita para liderar un movimiento de unidad nacional. Podemos inferir, entonces, que Ospina fue seducido por la dulzura que irradia Rúdolf y por su capacidad de unir a toda la ratamenta.

Aunque cíclicas, las audacias de Ospina nos han llenado de estupor a todos, incluso al estoico Juan Manuel Roca: “Ahora William será más conocido como el autor de La franja lunática”. La adhesión de Andrés Hoyos a Rúdolf, en cambio, no sorprendió a nadie. Hoyos fue de Fajardo a Rúdolf, como el mismo Fajardo.

Ahora la pregunta es: luego de la adhesión de Fajardo a Rúdolf, ¿para dónde pegarán Bonnett, Kalmanovitz, Juan Gabriel Vásquez, Enrique Santos y demás simpatizantes del centro exquisito? ¿Se hundirán en una blancura mobydickiana y fofa? ¿Calmarán la tusa contemplando los retozos de los delfines rosados en el Amazonas? Una cosa es clara: si no militaron en las huestes del guiso Petro, ni del ñero Fico, mucho menos van a marchar con el toche Hernández. Sus próximas columnas, me parece verlas, girarán en torno a los gasoductos de Ucrania o a la cesura que dividía en precisos hemistiquios el verso yámbico en la Grecia clásica.

En el curso de esta semana, los analistas tratamos de entender varios de los programas de gobierno esbozados por algunas de las personalidades del camaleónico Rúdolf. Ya sabemos que admira a Hitler, o a Einstein, en fin; a Hitler por su célebre ecuación E = mc², y a Einstein por cada línea de Mein Kampf. Pero sobre todo porque ambos eran arrechos, hombres capaces de volar el planeta a la menor provocación.

Entre sus genialidades, brilla con luz propia la conmoción interior, estado que Rúdolf declarará el 8 de agosto y que le permitirá cerrar el Congreso, arrogarse facultades plenipotenciarias, ordenar el gasto con un plumazo de Minhacienda (cartera adscrita ya al Minambiente cultural de Ospina), promulgar un estatuto de seguridad que remplace las caballerizas por serpentarios y dote al Esmad de ojivas nucleares portátiles.

P. S. 1. Fajardo superó su ballenero performance de 2018, hay que reconocerlo.

P. S. 2. Si Petro es una incertidumbre razonable, Rodolfo Hernández encierra una certeza macabra. Un hombre que no paga el rescate de su hija por consideraciones puramente financieras, y luego se relame en la “delicia” de que un “hombrecito” le pague intereses hipotecarios durante 15 años, no es un hombre, es un monstruo.

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