El recuerdo de Gabriel García Márquez a los cinco años de su partida

Gabriel García Marquez Foto RPP

García Márquez nos hizo ciudadanos de Macondo, nos ‘macondizó’, nos modificó como lectores y, de la misma manera que amplió, con su portentosa imaginación, nuestra percepción de la realidad, nos devolvió la capacidad poética e infantil del asombro ante la vida cotidiana”Gonzalo Celorio en la edición conmemorativa de Cien años de soledad.

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Por Gladys González Arévalo/memorabiliaggm-Cali

LOS ÁRBOLES MUEREN DE PIE
En abril partió nuestro Nobel hacia otras dimensiones, a la eternidad. Al árbol de Macondo en abril se le caen las hojas, y como “los árboles que mueren de pie”, el escritor colombiano murió y sigue de pie, enhiesto en su inmortalidad, erguido en su legado, sigue como los añosos árboles altivos, legendarios, que profundizan sus raíces, y sus copas quieren alcanzar las nubes.Continuará en la memoria cada vez más viva en el corazón de los colombianos y los admiradores de su obra en el mundo, su literatura sin fronteras. García Márquez es quizás el autor en lengua castellana más ampliamente leído en todo el mundo y sus obras han sido traducidas a más de cuarenta idiomas.  Su creación literaria se prolongará en el tiempo, y extenderá sus ramas, se eternizará, mientras sigan creciendo los Macondos. 

El símbolo en la geografía garciamarqueana

El nombre de Macondo era el de una hacienda próxima a Aracataca, que García Márquez convirtió en uno de los referentes geográficos literarios más inolvidables. Como también lo dice él en sus memorias, el nombre proviene de una hacienda bananera que visitaba con su abuelo “había un árbol de tronco recto y la copa como un inmenso ramillete de flores amarillas”. Así sigue siendo García Márquez.  
¿Qué es Macondo: lugar imaginario, ¿árbol, pescado o tribu africana? La primera mención al árbol “macondo”, fue hecha por el viajero Alexander von Humboldt, quien vio este árbol en el bosque de macondos de Turbaco (Bolívar, Colombia) en 1801, cuando fue a visitar los volcanes de lodo con Luis de Rieux. Menciona que puede llegar a alcanzar los 35 metros de altura. Los frutos son enormes, con cinco alas, entre rosados y cafés, capaces de volar llevados por el viento.

Palabras parecidas a Macondo existen en varios idiomas africanos, y algunas se referían a árboles. Existen varias localidades y pueblos africanos con el nombre de Macondo. También se dice que es voz de origen chimila”. 
Macondo, nos dice la voz de García Márquez en un documental: “no es un lugar geográfico, es un estado de ánimo. Es el estado de ánimo que se vive en el Caribe. Los europeos tienen un problema: un cuadro en el que meten la realidad, y lo que no cabe en ese cuadro, no existe. Nosotros los latinoamericanos no tenemos cuadrito, y vivimos la vida como viene”.
Carlos Monsiváis ícono de la literatura mexicana, define así a Macondo: “La prosa de García Márquez es uno de esos hallazgos enormes para cualquier lector. Una vez que uno penetra en ella, no quiere abandonarla. El verdadero Macondo, para mí, es la prosa de García Márquez”.

En el concepto del escritor mejicano, Carlos Fuentes, nos muestra qué es Macondo.“Acabo de leer las primeras 75 cuartillas de Cien años de soledad. Son absolutamente magistrales…. Toda la historia, “ficticia” coexiste con la historia “real”, lo soñado con lo documentado, y gracias a las leyendas, las mentiras, las exageraciones, los mitos… Macondo se convierte en un territorio universal.”No se olvide que Macondo tiene muchos antecedentes literarios. Ahí está Comala, de Juan Rulfo, o Santa María, de Juan Carlos Onetti. “Son universos propios, mundos cerrados y a veces asfixiantes que permite a sus creadores darles a sus historias una dimensión mítica”.

Macondo o columna sagrada

Otro de los significados u orígenes de la palabra Macondo, que adoptó GarcíaMárquez como el lugar imaginario de su literatura, y por la valoración queél le da a las culturas indígenas del Caribe, se complementa desde el ángulode la antropología Cultural, con un mito Cogui relacionado con Macondo, yque a la vez, indirectamente, habla de “la casa en el aire” hecha del árbol delmismo nombre, “Entonces los padres del mundo encontraron un árbolgrande y en el cielo, sobre el mar y sobre el agua, hicieron una casa grande demadera y paja, que llamaron Alnágua, como lo refiere uno de los más seriosantropólogos, Gerardo Reichel-Dolmatoff. También es un símbolo sagrado para los indígenas de la Sierra Nevada, a donde llegan los mamos para hacer sus rituales y dejar las semillas envueltas en hojas siguiendo la milenaria tradición. Igualmente, está en la Quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Marta.
La inspiración y creación de Macondo, surgió cuando el escritor sintió porprimera vez la necesidad de dejar constancia poética del mundo de suinfancia al frente de las ruinas de aquella casa grande y muy triste, donde había vivido los primeros años de su vida, y cuando sintió una soledadenorme de América Latina y comprendió que había llegado el momento deencerrarse con sus fantasmas y fundar Macondo. 
Aunque Macondo no figura en los mapas, lo inventó el nieto de Tranquilina Iguarán, es el pueblo más famoso de América Latina. Su realismo es mágicoprecisamente, porque es real. “Es muy difícil encontrar en mis novelas algoque no tenga un anclaje en la realidad”. El paralelismo que hayespecialmente entre Cien Años de Soledad y la historia del pueblo deAracataca son evidentes. Macondo surgió porque el escritor nació en esepueblecito y no en ningún otro según los propios testimonios del novelista,que, de haber crecido en un ámbito diferente, su literatura hubiera sido otra,temática y formalmente hablando.
Y aunque Macondo no es Aracataca en un sentido estricto, “sí fue elaborado a partir de una idealización poética del autor. El pueblo que el autor tenía en mente cuando escribió Cien años de soledad no existe, porque fue una evocación poética. Pero sin duda tiene de Aracataca algunas cosas: el calor, la historia de la explotación del banano, la modorra de las tres de la tarde…”.

Macondo, mucho más que una leyenda

El nombre de Macondo, le llegó desde muy niño; como lo dice el mismoGarcía Márquez en Vivir para contarla: “…El tren pasaba a las once por lafinca Macondo, y diez minutos después se detenía en Aracataca. El día que iba con mi madre a vender la casa pasó con una hora y media de retraso…” (pg. 29).
“…El tren hizo una parada en una estación sin pueblo, y poco después pasófrente a la única finca bananera del camino que tenía el nombre escrito en el portal: Macondo. Esta palabra me había llamado la atención desde los primeros viajes con mi abuelo, pero sólo de adulto descubrí que me gustabasu resonancia poética. Nunca se lo escuché a nadie ni me pregunté siquieraqué significaba. Lo había usado ya en tres libros como nombre de un pueblo imaginario, cuando me enteré en una enciclopedia casual que es unárbol del trópico parecido a la ceiba, que no produce flores ni frutos, y cuyamadera esponjosa sirve para hacer canoas y esculpir trastos de cocina. Mástarde descubrí en la Enciclopedia Británica que en Tanganyika existe laetnia errante de los makondos y pensé que aquel podría ser el origen de lapalabra. Pero nunca lo averigüé ni conocí el árbol, pues muchas veces pregunté por él en la zona bananera y nadie supo decírmelo. Tal vez no existió nunca…” (pg. 163).Macondo, que aparece por primera vez en el cuento Un día después del sábadopublicado en 1954, es el escenario, y al igual que sus habitantes es unaentidad viva que nace, crece y muere.

Gabriel García Márquez. Foto net tv

Luego en la primera novela, La hojarasca; es en esta obra que GarcíaMárquez crea el ficticio Macondo, como el ámbito imaginario en el que sedesarrollará la vida de sus personajes. En la introducción de la novela: “…Después de la guerra, cuando vinimos a Macondo y apreciamos la cantidadde su suelo, sabíamos que la hojarasca había de venir alguna vez, pero no contábamos con su ímpetu…” (pg. 8).
Aunque el lugar ficticio lo incluye desde sus primeras obras, es en Cien años de soledad donde durante la penosa travesía de la sierra”, funda elmítico Macondo. El Macondo de su realismo mágicodescribe la ubicación y el ámbito geográfico de este universo, en realidad lo pinta como él loconcibió; desde el comienzo de la novela empieza a nombrarlo.Así lo describe:“…Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabravaconstruidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por unlecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos.” (Pg.7).
“…José Arcadio Buendía que era el hombre más emprendedor que se veríajamás en la aldea, había dispuesto de tal modo la posición de las casas, quedesde todas podía llegarse al río y abastecerse de agua con igual esfuerzo, ytrazó las calles con tan buen sentido que ninguna casa recibía más sol queotra a la hora del calor. En pocos años, Macondo fue una aldea másordenada y laboriosa que cualquiera de las conocidas hasta entonces por sus trescientos habitantes. Era en verdad una aldea feliz, donde nadie era mayorde treinta años y donde nadie había muerto”. (pg. 13). 
Es en esta obra, la más conocida, escrita durante su exilio en México, narra entono épico la historia de Macondo, pueblo que acaba sepultado y destruidopor las guerras y el progreso, y la de sus fundadores, la familia Buendía, a lolargo de cien años.

Gabo Foto goodread.com

Este es el contexto del lugar mágico, el ámbito fantástico, que creó comoescenario de algunas de sus novelas especialmente en Cien años de soledad, aunque su verdadera obra literaria nos conduce al conjunto de sus textosliterarios. Si uno de ellos faltara, el mundo macondiano se disminuiría.
Así como los enormes frutos del árbol de Macondo, con cinco alas, capaces de volar llevados por el viento, también los enormes frutos de Gabriel García Márquez, su obra narrativa, con “enormes alas” ha sido capaz de volar hasta los cinco Continentes, y hasta los confines donde se siga escuchando la sonora palabra Macondo.

Gladys González ArévaloAutora de: La música en Gabriel García MárquezMacondo tiene aroma de café.Abril 17 de 2019.
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