El punto G de enero

Por Óscar Domínguez G.

Así como hay ricos que lo único que tienen es plata, enero lo único que tiene son días. Es de los siete ricos del almanaque con 31.

En su jurisdicción de horas se dan las cabañuelas que gradúan a todo el mundo de meteorólogo, esos arúspices del tiempo a los que conviene creerles paraguas en mano.

Por el talante climático de los primeros días supuestamente se deduce cómo será el tiempo el resto del año. Pero nadie es tan vago como para seguirle el rastro al clima doce meses, sólo para comprobar si las cabañuelas son infalibles como el papa Francisco o no.

Los reyes magos son parte del paisaje de fin y principios de año. Reyes de burlas, monarcas de ninguna parte como los soberanos que sobreviven, a partir del seis salen por chatarra del “imaginario colectivo” como dicen los socialbacanos.

Una cosa les envidio a los reyes magos: sus limusinas del desierto, también apodadas camellos, esos paquidérmicos, tortuguientos cuadrúpedos que nunca morirán de estrés. 

Un camello se puede tomar un semestre para consumir segundos-desierto. Viven hasta que mueren y son capaces de atravesar las dunas –poemas de arena- sin probar “bocado” de agua.

Como podrán apreciar, el Almanaque Bristol que acompaña estas líneas es del 2020. Estoy esperando que lo rebajen a mil pesos para comprarlo. Me lo querían empacar en dos mil barras….

No es de fiar enero. No sé por qué les tengo idea a los meses de 31 días si ninguno de ellos me ha robado un peso, no me incautó ninguna novia, ni se quedó con ningún libro prestado.

Tal vez era Sábato quien recomendaba no morir a principios de año cuando no hay nadie en la cuadra que te llore. (Ahora que soy millonario en tiempo libre, estoy pensando alquilarme para llorar en entierros de principios de año. Soy un Niágara de lágrima fácil, fluida, caudalosa, elegante, alegre, tierna. Hagan sus pedidos con tiempo; descuento por pronto pago).

Enero es tierra prometida para los voyeristas del zodíaco que llegan con sus predicciones bajo el sobaco. Los que vamos por la vida sin fijarnos metas sabemos que no hay más futuro que el aquí y el ahora (por favor, no me vayan a poner esta frase de lápida. Gracias).

Está bien hacer propósitos estos días. Lo descabellado es esperar que se cumplan. Nos quedaríamos sin agenda. Ningún consejero mejor que el azar. Dejémoslo que trabaje por nosotros. Para eso le pagan. Eso sí, ¡ayudémosle trabajando! (consejo de un tal Picasso de cuyo cuadro Guernica comentó un niño de cuatro años cuando lo vio por primera vez: ¡Pero qué desorden es este!)

Acaso la bronca con enero se deba a que es época del incremento salarial fijado por los gobiernos después de la pantomima que se realiza sobre la discusión del mínimo entre gobierno, empresarios y trabajadores.

Pero alguna virtud debería tener: le pone tatequieto a los gastos alegres de diciembre, disneylandia del almanaque. Nadie es pobre en diciembre, somos Bill Gates de paso. Pensándolo mejor, bienvenido enero porque nos aterrizas, nos pones a pagar deudas. Recibe un reverendo beso en tu punto G. 

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