El presidente teve y la alcaldesa mejora los problemas

El tele-presidente y la alcaldesa. Foto RCN

Por William Giraldo Ceballos

Los colombianos estaban acostumbrados a las «intervenciones» presidenciales en cadena nacional de radio y televisión cuando los mandatarios tenían algo importante que decirle al país.

En el actual periodo presidencial y en el presente año se justificó al comienzo la aparición del presidente de la República para declarar la emergencia sanitaria, social y económica como consecuencia de la pandemia mundial del coronavirus.

En los siguientes días la intervención presidencial en radio y televisión fue de vital importancia para saber qué medidas estaba adoptando el gobierno para enfrentar la emergencia y hasta se dictaron decretos que nada tenían que ver con ella.

Las facultades extraordinarias del primer mandatario concedidas por la Constitución Nacional para afrontar «Estados de Excepción» se fueron diluyendo hasta convertir al jefe del Estado en presentador de un programa de televisión para funcionarios públicos.

Diez meses de carreta presidencial y hoy, cuando Argentina, México, Chile y Costa Rica están vacunando a sus ciudadanos, Colombia no aparece en los listados de los laboratorios proveedores de las vacunas.

Se sabe, porque lo han dicho el jefe del Estado y su ministro de salud, que en febrero llegarán las dosis.

Ojalá no sea carreta.

¿Y si han visto cómo han «mejorado» los trancones y la inseguridad» en Bogotá?

En por lo menos los últimos treinta años, los alcaldes capitalinos también han tenido su «carreta» de sobretasas, reajustes de impuestos prediales, valorización, «para mejorar la movilidad de la capital», con el añadido «pico y placa» que mejoró las ventas del segundo carro para cada familia.

Y llegó la alcaldesa Claudia López a buscarle problemas a las soluciones: Pandemia de por medio, mejoró la congestión vial y la inseguridad.

Una vez «se reabrió» la economía bajo la responsabilidad individual con «bioseguridad», aparecieron cerrados los carriles de los corredores viales por los cuales los bogotanos pagaron millonarios impuestos y «contribuciones».

La cosa no es en contra de los ciclistas, sino contra la «machetera» forma de gobernar sin planeación. ¿Por qué dejar un solo carril para automóviles, motos y camiones particulares en las avenidas principales?

Un carril para bicicletas, un carril para transmilenio y uno para el tránsito mixto de particulares, motocicletas, camiones y taxis por las arterias que comunican el norte con el sur, el oriente con occidente y viceversa.

Y lo peor llegó: las «ciclorutas» son la fuente de «trabajo» de los delincuentes que asesinan y roban bicicletas, mientras en los trancones hampones disfrazados de motociclistas disparan o rompen vidrios para lograr su botín.

Transmilenio, la solución peñalosista al problema de la movilidad, es el otro «frente de trabajo» de los delincuentes y Claudia ahí.

Mirando las «soluciones» en retrospectiva tenemos: Antanas Mokus logró la «sobretasa» a la gasolina para financiar el metro. Llegó Peñalosa en su primera alcaldada y la convirtió en recursos para el «Sistema Integrado de Transporte» (transmilenio).

Después vinieron Lucho Garzón y Gustavo Petro a continuar la obra Peñalosa.

Pero llegó Samuel Moreno que fue el «avispado» que supo para qué servía la plata.

Ahora está Claudia: un problema para cada solución

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