El país bloqueado : las reformas y la rabia

Foto Diario Digital Nuestro Pais

Por William Giraldo Ceballos

La gente no da más y las reformas que pretende el gobierno del Centro Democrático despertaron la rabia que enfrenta la protesta popular con las balas oficiales en un estallido social que amenaza la revocatoria de la clase política en las próximas elecciones para que haya un reordenamiento institucional.

No es solo la reforma tributaria la que desbordó la ira, son los hechos.

La parálisis de los acuerdos de paz, los peajes que encarecen el transporte de la gente y de los alimentos, las tarifas de los servicios públicos, los impuestos municipales, departamentales y nacionales que frenan el progreso social, las masacres, el asesinato de líderes sociales y de ex combatientes, el desempleo, los bajos salarios, el hambre y la informalidad. El gigantismo burocrático del gobierno que desafía con soberbia la pobreza.

Es la rabia ciudadana por las ganas oficiales de ponerle IVA a la comida de los colombianos.

Ni los medios ni el gobierno han dicho que el saqueo a los supermercados fue porque centenares de familias se encuentran en estado de necesidad.

La gente no quiere subsidios sino empleo.

Si según el DANE el ingreso de un hogar de cuatro personas por debajo de la línea de pobreza es de $580 mil pesos al mes, por qué los gobernantes sacan pecho por un subsidio esa pobreza con $160 mil por cada familia. Eso genera el descontento, frustración por la falta de un empleo con ingresos dignos.

La incoherencia entre el irrito aumento que decreta el gobierno para los salarios y las pensiones, con la autorización inmediata de aumentos en tarifas de servicios públicos, peajes y combustibles que duplican y triplican el porcentaje del ajuste de los ingresos.

Una ira acumulada porque la voz de las organizaciones sociales no son oídas y de espaldas a la gente, de espaldas a los sindicatos, de espaldas a las asociaciones profesionales y centrales obreras, el gobierno acuerda medidas y reformas con los políticos de su círculo amigo, con empresarios y con los banqueros.

El proyecto de reforma a la salud, otra «iniciativa» del gobierno de Iván Duque se confeccionó de espaldas al país, de los médicos y de las agremiaciones del sector.

Si se quiere hacer una verdadera reforma al Sistema General de Salud y Seguridad Social, ésta requiere primero una reforma a la Constitución Nacional porque aunque son servicios públicos a cargo del Estado, el artículo 49 de la carta le montó el negocio de la salud al sector privado que creó las EPS alimentadas parasitariamente con los aportes de los trabajadores.

Esos dineros deberían ir al Estado para que realmente sea un servicio público a cargo de él y se eliminen los costosos y morosos intermediarios que mantienen al borde de la quiebra a las clínicas y hospitales y se cumpla, ahí sí, con el principio constitucional de «la atención básica para todos los habitantes será gratuita y obligatoria».

Si en las condiciones actuales son los particulares, es decir las EPS las responsables de la salud de los colombianos, ¿Por qué el presidente Duque no les pasa a ellas la factura de cobro por la compra de las vacunas que hizo el gobierno y le ahorra el malgenio tributario a los ciudadanos?

Es también por culpa de la ostentosa clase política que se sienta en el Congreso que el pueblo está berraco

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