El Liverpool acaricia las semifinales

JUAN L. CUDEIRO

Hubo dos partidos en uno en Lisboa. El Liverpool se llevó un laborioso triunfo donde pareció que iba a haber goleada. Pasó de mostrarse pletórico y ofrecer un recital de movilidad, ambición y verticalidad a ser, por momentos, vulnerable ante un rival inferior. Y, al final, golpeó para dejar la eliminatoria sentenciada, salvo monumental sorpresa. Porque el Benfica es mucho menos que el Liverpool. Su plan consistió en aguardar replegado a la espera de que en alguna galopada le sonriese la fortuna. Ocurrió cuando iba dos goles abajo y encontró ahí un aliento para virar el partido y quitarle el rodillo al rival.BENFICA

Benfica

1Vlachodimos, Vertonghen, Grimaldo, Otamendi, Gilberto Junior, Everton (Yaremchuk, min. 81), Rafa Silva, Julian Weigl, Goncalo Ramos (João Mário, min. 86), Taarabt (Souahilo Meité, min. 69) y Darwin Núñez

LIVERPOOL3

Liverpool

Alisson, Trent Alexander-Arnold (Joe Gomez, min. 88), Ibrahima Konate, Virgil Van Dijk, A. Robertson, Naby Keita (Milner, min. 88), Fabinho, Thiago (Henderson, min. 60), Luis Díaz, Mane (Roberto Firmino, min. 60) y Salah (Diogo Jota, min. 60)

El inicio fue duro para el Benfica, que trató de contener con las manos un océano futbolístico. Imposible tapar tanto caudal porque pocos equipos están tan engrasados a esta altura de la temporada como el Liverpool, ganador ya en 17 de los últimos 18 partidos que ha disputado. Apenas tropezó contra el Inter en Anfield en un duelo en el que la derrota mínima le valió para triunfar. En Lisboa ofreció, de salida, un recital. Keita fue el motor; y Salah, Mané y Luis Díaz, las dagas. Todos llegaron al área, todos aportaron para sumar en ataque: el primer gol lo firmó un central y el segundo nació de las botas del lateral derecho.

Konaté marcó a la salida de un córner y abrió el partido para el hexacampeón. Exuberante tanto en el remate, con un testarazo en el segundo palo, como en la faceta defensiva. Núñez, un delantero potente, le midió varias veces en velocidad. Konaté se hizo respetar hasta que al poco de regresar del descanso pifió ante el uruguayo en un despeje al que acudió mal orientado y que le costó un gol. Con Van Dijk nadie se atrevió. Entre dianas propias y ajenas, el Liverpool coleccionó oportunidades para sentenciar la eliminatoria. El meta heleno Vlachodimos se argentinizó para hacerse grande, rodilla en tierra, y desbaratar tres mano a mano a Luis Díaz, Salah y, ya al final del partido, a Diogo Jota.

Apenas pasada la media hora marcó Mané y todo pareció acabado. Bastaron tres toques, un pase monumental de Alexander-Arnold a la espalda de la zaga, una cesión de cabeza de Díaz y el remate del senegalés. Pareció tan sencillo que hasta semejó un abuso. Pero el Benfica siempre se manejó con la pasión de los equipos que tienen fe. Y la grada no cesó de empujarle para, incapaz como era de controlar el partido por medio del pase, robar balones y volar hacia la portería de Allison.

El gol de Núñez a los tres minutos de la segunda parte generó un rapto de orgullo benfiquista. El equipo subió líneas, empezó a recuperar la pelota más arriba y estuvo vecino al empate, sobre todo en un remate de Everton que repelió Allison. El partido había dado la vuelta como un calcetín. Klopp reaccionó y tomó el bisturí: sacó del campo a Thiago, Mané y Salah. En un cuarto de hora el Benfica había generado cinco ocasiones de gol y el Liverpool ninguna.

Klopp se sintió en peligro porque no estaba compacto para guardarse cada vez que perdía la pelota y bajó revoluciones. El Benfica se avivó para entender lo que le planteaba el partido. Estuvo cerca de rascar un penalti en un duelo entre Van Dijk y Núñez tras una contra del atacante uruguayo. Los sustos matizaron la codicia del Liverpool, que se guardó más con el balón y rebajó el ritmo de su movimiento. Los caminos hacia Vlachodimos parecían cerrados, hasta que llegó un último acelerón y Luis Díaz llegó con la sentencia.

Sobre Revista Corrientes 6236 artículos
Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com