El gobierno de la izquierda entre símbolos históricos y desafíos del presente

La historia y los desafíos del presente para la izquierda en el poder. Foto El Tiempo.

Por William Giraldo Ceballos

En el mundo y un poco menos en Colombia siguen los ecos políticos que interpretan y examinan la carga simbólica e histórica del ascenso de la izquierda al poder de la Nación de la mano de Gustavo Petro y las primeras decisiones de su gobierno.

Había que abrir un compás de espera para escribir de nuevo sobre temas de interés común y, en algunos casos, de interés público como la ya propuesta reforma tributaria que interpreta el sentir de la mayoría de los colombianos sobre la necesidad de reducir la brecha social que en los últimos años venía acentuando la pobreza.

Quienes desde todos los sectores han responsabilizado a los gobiernos por las desigualdades sociales, siendo conscientes de la vergüenza que los envuelve, tienen la oportunidad de apoyar esta iniciativa y contribuir a corregir los posibles vacíos o excesos que se puedan corregir en desarrollo de los debates en el Congreso.

Aportar algo para erradicar la pobreza que sobrevive subsidiada y en la informalidad, debe ser el compromiso de quienes se consideran parte de la clase dirigente y empresarial de Colombia. Nadie debería salir en defensa de privilegios. 

Están abiertas las puertas a la generosidad con los nadies.

El gobierno ya se comprometió a eliminar la corrupción y recuperar lo robado por funcionarios y contratistas. Ahí están 50 ó 60 billones de pesos con los cuales también puede cumplir sus políticas sociales.

Pero es necesario retroceder a lo ocurrido en un día histórico para Colombia en la Plaza de Bolívar de Bogotá y la simbología de hechos que contrastaron con la desvergüenza de la salida de un gobierno autoproclamado enemigo de la paz.

La espada del libertador Simón Bolívar llegó a la posesión con la primera  orden impartida por el Presidente Petro contra el querer del ya ex presidente Duque.

Sustraída en 1974 por el Movimiento 19 de abril, M-19, en momentos en los que Petro militaba en sus filas, fue devuelta al gobierno en 1990, por el movimiento que tenía más ideales políticos e intelectuales  que militares.

Tenía que estar presente en el acto por el significado histórico  de la espada y el compromiso del M-19  en su lema de llegar al poder con el pueblo.

Como otro hecho histórico y simbólico de ese mismo movimiento fue la imposición de la banda presidencial al nuevo mandatario por la hija del emblemático comandante del M 19 que con su sangre pagó el acuerdo de paz que suscribió con el Gobierno.

María José Pizarro llevó en su espalda la imagen de su padre Carlos Pizarro y uno de sus ideales políticos desde el M-19: “que la lucha por la paz no nos cueste la vida

El tercer símbolo fue la posesión por primera vez de una representante de la raza negra en el nivel más alto del poder. Francia Márquez, la vicepresidenta y el compromiso con su raza, con “los nadies”  y con su pueblo “hasta que la dignidad sea costumbre” en Colombia.

De lo más significativo fue la presencia de multitudes no solo en la plaza de Bolívar de Bogotá sino en las capitales departamentales, en las ciudades medianas y en municipios pequeños que siguieron la transmisión por televisión y revivieron su apoyo a Petro para ganar las elecciones en su tercer intento de llegar a la presidencia. Por primera vez una multitud de anónimos ciudadanos le dieron un marco festivo a la sucesión presidencial.

Estuvo ausente la derecha liderada por los expresidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana. En cambio  los dirigentes liberales encabezados por los expresidentes Juan Manuel Santos, Ernesto Samper y César Gaviria se sumaron al aplauso del pueblo  que ovacionaba a Gustavo Petro y a Francia Márquez, investidos como los nuevos mandatarios.

Un hecho que pasó desapercibido en el momento para los colombianos, ha dado lugar a debates encendidos en España porque el Rey Felipe VI no se puso de pie ni aplaudió como lo hicieron los demás mandatarios invitados en el momento en el que ingresó la espada de Bolívar a la plaza.

El rey Felipe VI permaneció sentado mientras los demás mandatarios invitados a la posesión presidencial, estaban de pié y aplaudiendo el paso de la espada del libertador. Foto El País

El Partido Socialista Obrero Español, PSOE, criticó la actitud del soberano y en el mismo sentido lo hizo desde el Congreso «Unidas Podemos», pero otras organizaciones como «Ciudadanos» y «Arrimadas» criticaron que el hecho fuera capitalizado políticamente y no se defiendieran los símbolos españoles como la imagen del propio Rey de España. La coalición española de izquierdas no se pronunció hasta ahora.

Desde el palacio de La Moncloa el Ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, dijo que el impase es intrascendente cuando “lo importante es que se abre una nueva etapa de las relaciones con Colombia.

En cuanto a lo que pueda esperarse ahora para Colombia y para la paz, es más que significativo la llegada de la izquierda al poder porque la decisión del M-19 de abandonar sus acciones armadas para asumir la lucha democrática para  gobernar el país como lo hace ahora, deja sin argumentos de una presunta lucha por el pueblo que siempre enarbolaron  grupos armados como el ELN y las que ahora se denominan disidencias de las FARC.

Es toda la izquierda la que debe rodear al gobierno que la representa y que ha logrado la alianza de sus ideales revolucionarios con los principios políticos de partidos y grupos que gobernaron permanentemente  el país en los dos últimos siglos.

Con la democracia fortalecida de esa manera saldrán adelante los propósitos que todos han tenido para reducir la desigualdad y la injusticia social y económica de los colombianos.

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