El fundador del Eln no se llevó a la tumba sus secretos en la guerrilla

Collage El Espectador

Los audios inéditos del fundador del Eln, Fabio Vásquez Castaño

Joseph Casañas Angulo

Quien fuera el primer comandante del Ejército de Liberación Nacional falleció en Cuba en diciembre de 2019. Desde 1975 y hasta su muerte vivió en ese país, donde llegó tras el fracaso militar que significó para la guerrilla la operación Anorí. Poco y nada se supo del cofundador del Eln, hasta ahora. En Impertinente revelamos una serie de conversaciones de Vásquez Castaño en las que muestra su postura sobre los señalamientos que se le han hecho durante más de cuatro décadas.

El Espectador revela una serie de conversaciones que dejan ver la postura de Fabio Vásquez Castaño más de cuatro décadas después de que fuera relegado de la comandancia del Eln en contra de su voluntad.

El primer comandante del Eln, Fabio Vásquez Castaño, terminó sus días “viviendo como un cubanito más” en La Habana, gracias a una asistencia económica que le suministró el régimen de los Castro desde 1975, cuando llegó después de la derrota militar de la Operación Anorí. Nunca aceptó entrevistas y dejó que la historia siguiera su curso. Vivió en la isla 44 años, divorciado por completo de la guerrilla que fundó en 1964. Falleció el 11 de diciembre de 2019, a ocho días de cumplir 84 años.

La historia no es benévola con su papel en el Eln. Tras el desastre militar de Anorí (1973), en el que perdieron la vida al menos 100 guerrilleros, incluidos sus hermanos Manuel y Antonio, fue destituido y señalado de actos inmorales y fusilamientos injustificados. Al año siguiente viajó a Cuba. A Fabio Vásquez Castaño se le reclamó además haber autorizado que el sacerdote guerrillero Camilo Torres, sin experiencia de combate, interviniera en una acción el 15 de febrero de 1966 en San Vicente de Chucurí, Santander, donde perdió la vida.

Otro de los protagonistas de esta época de confrontación armada fue Ricardo Lara Parada, dirigente político de Santander y cofundador del Eln. Lara Parada y Fabio Vásquez formaron parte de un grupo de estudiantes que en 1964 fueron invitados por Fidel Castro y recibieron capacitación política y militar en la isla. Sin embargo, sus desacuerdos terminaron con una decisión autoritaria. Vásquez Castaño promovió un juicio revolucionario contra Lara, pero este, antes de que lo fusilaran, desertó de la guerrilla.

Mónica Yarima Lara Agudelo es su hija. Mientras su padre vivió desde entonces una vida de perseguido, blanco de señalamientos equívocos entre sus excompañeros de armas y de acechanzas de seguridad, ella creció en Barrancabermeja con su familia. El día que asesinaron a Ricardo Lara Parada al frente de su casa, en el puerto petrolero, en la misma semana que el país afrontaba la doble tragedia del holocausto del Palacio de Justicia y el desastre natural de Armero, ella lo vio caer desde sus ojos de niña. En el momento de su asesinato, Lara Parada era concejal de Barrancarmeja. Fue elegido para ese cargo luego de fundar el Frente Amplio del Magdalena Medio (Fam), convirtiéndose en el primer exguerrillero en Colombia en ser elegido para un cargo por voto popular.

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Al momento de su elección profesional, Mónica Lara escogió la psicología y en desarrollo de un trabajo de recopilación de memoria sobre su padre, en octubre de 2015 viajó a Cuba en busca de respuestas. Siempre quiso saber si el hombre con quien su papá fundó el Eln tuvo responsabilidad en el crimen. Aprovechó el momento de la realización de los diálogos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Farc en la isla, y buscó a Fabio Vásquez Castaño.

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Lo primero que constató fue que Fabio Vásquez Castaño se transportaba en la capital cubana manejando un viejo vehículo azul marca Lada. Después verificó que a pesar de tantos años de distancia con los sucesos que lo llevaron a Cuba, tenía una sensación permanente de ser perseguido y escuchado por sus enemigos. “Miraba para todos lados constantemente y en los sitios públicos evitaba ubicarse en mesas que tuvieran comensales cercanos. Fue afable en el trato. Hablaba como dando órdenes o pidiendo partes”.

Ese fue el primero de una serie de encuentros. En este, en el restaurante Mar y Tierra, Vásquez Castaño pidió pollo frito; y mientras veían un partido de fútbol del Barcelona, habló de los hitos que marcaron su comandancia. Tanto de este diálogo como de los sucesivos que tuvieron durante una semana, Mónica Lara dejó grabaciones de evidencia. Ahora las comparte con El Espectador y esos audios constituyen un testimonio inédito sobre la historia de la insurgencia en Colombia.

Los fusilamientos

Carlos Velandia, quien estuvo en las filas del Eln entre 1972 y 1994, y que además fue comandante del Comando Central, cuenta en su libro Desatar un nudo ciego (2020) que Fabio Vásquez Castaño configuró su mando basado “en la no crítica, la obediencia absoluta y la adulación; allí no se admitía ningún cuestionamiento. Fabio terminó por resolver las discusiones por la vía militar; un buen número de revolucionarios que desde las filas del Eln luchaban por la revolución fueron fusilados”.

“Hoy me opondría abiertamente, desde la posición de combatiente, que es la que tenía en los juicios, a esos fusilamientos. Sin embargo, en los juicios tenía capacidad de presionar, que no es lo mismo que la capacidad absoluta de decisión”, le dijo Vásquez Castaño a Mónica Lara más de cuatro décadas después de que se ordenaran esos asesinatos.

En los juicios se decidió la muerte de históricos miembros de la guerrilla, entre otros Víctor Medina Morón, segundo al mando en aquel entonces; Julio César Cortés y Hermidas Ruiz, responsables de la configuración ideológica insurgente en centros urbanos, y Jaime Arenas Reyes, uno de los líderes estudiantiles más destacados del siglo XX en Colombia.

“Medina Morón se había dado cuenta de que era un cobarde y se desmoralizó; por eso se tomaron esas decisiones, pero si a mí me correspondiera hoy decidir, yo bregaría y haría un esfuerzo para que él saliera del país”, dijo el exguerrillero, que aunque vivió más de la mitad de su vida en Cuba no perdió nunca el acento paisa con el que se crió en Calarcá (Quindío).

Vásquez Castaño desconfiaba sobremanera de los combatientes provenientes de la ciudad y les daba más valor a los guerrilleros del campo, según Carlos Velandia. “En aquella época se planteó una tesis muy asumida en la guerrilla rural: el campo proletariza y la ciudad aburguesa”.

Sobre Ricardo Lara Parada

“Producto de confrontaciones políticas internas, Fabio Vásquez interpretó que había una disputa por el poder y que le estaban moviendo la silla. Le organizan un juicio y antes de que lo fusilaran Ricardo tomó la decisión de desertar. Esto el Eln lo juzgó como un acto de traición y la traición en la guerrilla se paga con la vida”, cuenta Carlos Velandia a El Espectador.

En su encuentro con Mónica Lara, Vásquez Castaño habló de forma ambigua de su antiguo compañero en armas. No reconoció una responsabilidad total en el asesinato de Lara Parada. “A Ricardo le corresponde una etapa muy difícil. En 1973, cuando él sale del Eln y lo captura el Ejército, es cuando ellos (otros comandantes) tratan de limpiarse ensuciando a los demás. (…) El criterio que tenía en aquel entonces de Ricardo Lara Parada era de un buen compañero con facilidades en el aspecto militar y con claridad política en el enfoque”.

La Operación Anorí y “el suicidio” de un hermano

Los audios inéditos del fundador del Eln, Fabio Vásquez Castaño

El golpe que el Ejército le propinó al Eln en esta operación militar fue la razón principal por la que Vásquez Castaño terminó relegado de la comandancia. Según dijo, hubo “fallas tremendas” que provocaron la derrota. Hablaba de “desertores” y de errores estratégicos que terminaron siendo fatales. “Nosotros tuvimos que recorrer un terreno despoblado de vegetación y las deserciones provocaron que el enemigo supiera nuestra ubicación. Lo que nosotros teníamos que recorrer en dos días, el enemigo lo hacía en 20 minutos con helicópteros. Mi hermano Antonio se suicidó al final”.

La marcha final de Camilo Torres

Haber autorizado la participación de Camilo Torres en un combate es tal vez el error que más se le reprocha a Vásquez Castaño. La historia contará que bajo su comandancia fue asesinado el ícono guerrillero de la insurgencia colombiana.

“De esa decisión me arrepiento. Hoy no lo llevaría. En aquel entonces hubo que llevar a Camilo porque él lo exigió por encima de lo que fuera. Y no se trata de justificar situaciones, sino de aclarar esas circunstancias. Camilo tenía un buen grado de preparación y adaptación a la vida en la guerrilla, desempeñándose tan bien como el resto de los compañeros. Se decide realizar una acción combativa y se discute en la dirección del Eln la no participación de Camilo porque se considera un poco prematuro correr esos riesgos dada la importancia de su figura. Al conocer tal determinación, Camilo la rechaza enérgicamente, afirmando su disposición a no aceptar ningún privilegio y exigir el derecho que tiene como cualquier guerrillero. Su posición la reafirma irrevocablemente con el peso de su gran personalidad”.

De viva voz, Vásquez Castaño cuenta detalles desconocidos del fallido operativo guerrillero en el que el Ejército, al mando del general Valencia Tovar, mata al religioso. Escuche todos los detalles en Impertinente, el pódcast de El Espectador, escaneando el código QR que está en el encabezado de este texto.

La enemistad con “el Cura” Pérez y “Gabino”

Luego de que Vásquez Castaño fuera destituido de la comandancia del Eln, en 1983 el español Manuel Pérez Martínez, el Cura Pérez, es elegido por la dirección nacional de esa guerrilla como máximo comandante del Eln. Al frente del grupo insurgente estuvo hasta su muerte en 1998, cuando asume Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino, quien dejó la comandancia “por problemas de salud” en junio del año pasado.

Vásquez Castaño murió sintiendo desprecio por ambos. “El cura Pérez era un inepto, un estorbo físico. Era un figurín de revista. (…) Gabino es un mitómano profesional y un falso”, se le escucha decir a Vásquez en los audios que están en poder de El Espectador.

¿Qué pensaba sobre la paz?

Cuando Mónica Lara habló con Vásquez Castaño los diálogos entre el Gobierno y las Farc avanzaban lentamente. Aunque estaba de acuerdo con las conversaciones, era escéptico. “Veo la paz más enredada que un saco de anzuelos, pero negarla como posibilidad es carecer de objetividad”.

Ahora que el presidente Gustavo Petro dio luz verde a los diálogos con el Eln es imposible saber qué piensa Vásquez sobre el asunto; sin embargo, en aquel entonces consideraba que el Eln aún contaba con líderes “muy fundamentalistas” y que para que pudieran alcanzarse acuerdos tenía que “haber perdón, olvido, resarcimiento de las víctimas y reconocimiento de los crímenes cometidos”.

Vásquez Castaño decía que tenía varias razones para no regresar a Colombia. Además de que estaba seguro de que su vida corría peligro en el país, falleció convencido de que en Cuba estuvo “secuestrado” por cuenta de un acuerdo al que llegaron Alfonso López Michelsen y Fidel Castro.

“Para poderme tener aquí se inventaron muchas mentiras. Yo estaba dispuesto a regresar para retomar el poder, pero aquí la seguridad seguía todos mis movimientos. No dejaban moverme libremente y tenía prohibido hablar con los extranjeros (…) Me mataron civilmente”

La recomendación de Santos al fundador del Eln

En uno de los audios que están en poder de El Espectador, Fabio Vásquez Castaño, el primer comandante que tuvo el Eln, dice que en un encuentro que sostuvo en Cuba cuando avanzaban los diálogos entre el Gobierno y las Farc, el entonces presidente Juan Manuel Santos le advirtió de los riesgos de volver a Colombia, país del que se fue en 1975: “Me invitó a desayunar en el Palacio de Convenciones, me dio un abrazo.

Él sabía que estaba viviendo aquí en condiciones muy difíciles y con problemas de salud. Me ofreció un apartamento en Costa Rica, un carro y un fisioterapeuta para que tratara mi columna”. Según Castaño, Santos le dijo que él, como comandante de las fuerzas militares, sabía que en Colombia corría el riesgo de ser asesinado. “Hasta a Tirofijo se la hubieran podido perdonar, pero que a mí no me perdonarían nunca”.

De acuerdo con Castaño, el expresidente le garantizaba su seguridad fuera de la capital. Castaño no aceptó. “A mí me trajeron engañado aquí y con un acuerdo con Alfonso López Michelsen me obligaron a quedarme, mientras en Colombia preparaban todo para que me quitaran de la comandancia del Eln y se me satanizara. No vine aquí porque estaba enfermo”, le dijo Vasquez a Mónica Lara.

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