El desencuentro en Central Park que sacudió a Estados Unidos, The Times

Brittainy Newman/The New York Times; Alison Faircloth

El mismo día de la muerte de George Floyd se hizo viral un video que mostraba la confrontación de un observador de aves negro y una mujer blanca que llamó a la policía para denunciarlo. Ese encuentro provocó un debate sobre el racismo y el privilegio blanco.

Sarah Maslin Nir

Por Sarah Maslin Nir


NEW YORK — Christian Cooper comenzó el Día de los Caídos como la mayoría de las mañanas del mes de mayo, en busca de reinitas gorjinaranja, pirangas escarlata y otras aves cantoras que revolotearan por Central Park.

En su apartamento del Lower East Side, Cooper, de 57 años, se colgó al cuello su más preciada posesión, un costoso regalo que le dio su finado padre cuando cumplió 50 años: unos binoculares Swarovski. Dejó a su novio todavía dormido en la cama y pedaleó casi cinco kilómetros en su bicicleta para llegar a la sección semisilvestre del parque, denominada el Ramble.

Más o menos al mismo tiempo, Amy Cooper, de 40 años, quien no tiene ningún parentesco con Christian Cooper, salió de su apartamento ubicado en el Upper West Side, a orillas del río Hudson. Iba con su perro, Henry, un cocker spaniel de pelo dorado que adoptó de un albergue y cuyas aventuras por la ciudad están registradas en crónicas publicadas en una cuenta de Instagram especialmente creada con ese propósito.

Justo en la sección del Ramble ocurrió el encuentro entre estas dos personas de apellido Cooper, cuyo estruendo, a pesar de ser breve, resonó por toda la ciudad de Nueva York y más allá, y ha dado pie a angustiosas conversaciones en torno al racismo y la hipocresía en una de las ciudades más progresistas de Estados Unidos.

Solo unas horas más tarde sería asesinado George Floyd en Mineápolis, cuando un oficial de policía lo sometió durante demasiado tiempo poniéndole su rodilla sobre el cuello. Ambos incidentes del Día de los Caídos capturaron en video dos facetas del arraigado racismo que enfrentan las personas negras: uno ilustra el horror de la violencia policiaca y el otro, las humillaciones y amenazas rutinarias de la vida diaria.

Justo antes de que dieran las ocho de la mañana, los gritos de Amy Cooper, que llamaba a su perro, distrajeron a Christian Cooper del sosiego con que observaba aves, según relató. Enseguida, le pidió a la dueña que le pusiera la correa a Henry, como indican las reglas del parque. Ella se negó.

Intercambiaron palabras y, mientras él grababa el altercado en su teléfono, ella amenazó con denunciar a “un hombre afroestadounidense que está amenazando mi vida”, una acusación falsa. Entonces, mientras Christian Cooper seguía grabando, la mujer llamó al 911.

El video muestra que antes de hacer la llamada al 911 y durante la misma, ella se refirió a Christian Cooper como “afroestadounidense” en tres ocasiones. Más tarde, la hermana de Christian Cooper publicó el video en Twitter, donde ha tenido más de 40 millones de reproducciones.

Desde entonces, sus vidas tomaron rumbos diametralmente opuestos. Amy Cooper fue despedida de su trabajo de alto nivel en finanzas, tuvo que devolver a su perro por un tiempo y se ha convertido en la personificación del racismo y los privilegios de la población blanca. Christian Cooper ha aparecido en programas como The View y ahora es tan reconocido que un candidato del Bronx al Congreso anunció que contaba con el respaldo de Christian Cooper.

Su experiencia también ha sido destacada por importantes políticos negros, desde el expresidente Barack Obama hasta el defensor público de la ciudad, Jumaane Williams, durante las protestas de la muerte de Floyd.

Christian Cooper dijo que el encuentro tocó una fibra sensible y evocó una larga historia de racismo. “No se trata de ella”, dijo en una entrevista.

“Lo que hizo se relaciona con una vena profunda de sesgo racista”, añadió Cooper. “Y es esa vena profunda de sesgo racista que sigue apareciendo lo que condujo a eventos mucho más serios y a repercusiones mucho más serias que mi pequeño altercado con Amy Cooper: el asesinato de George Floyd, el asesinato de Ahmaud Arbery y, antes, el de Amadou Diallo y Patrick DorismondEric Garner y Tamir Rice”.

Antes de ese día, tanto Christian Cooper como Amy Cooper eran profesionales exitosos que habían cursado estudios en instituciones prestigiosas, ambos amaban a los animales y por eso estaban en esa área de Central Park, un refugio dentro de la ciudad. Sin embargo, si observamos sus vidas con más detenimiento, resulta evidente que su encuentro, en cierta medida, puso en evidencia una faceta muy reveladora de la personalidad de cada uno de ellos.

Christian Cooper es todo un “nerd”: memoriza cantos de aves y aprende frases del idioma klingon de Star Trek. No obstante, también tiene algo de activista, pues no se queda callado ante las injusticias de la sociedad.

En cierta ocasión, fundó su propio grupo sin fines de lucro para respaldar en unas elecciones a los demócratas, y su afición por los libros de cómics le ayudó a romper barreras cuando creó uno de los primeros personajes homosexuales de Star Trek.

Los observadores de aves de Central Park lo consideran un mentor, incluso aquellos que no están de acuerdo con su táctica preferida para proteger el santuario de aves: usa golosinas para atraer a los perros que andan sin correa y así obliga a sus dueños a sujetarlos (durante el encuentro en Central Park le ofreció una de esas golosinas al perro de Amy Cooper).

Amy Cooper, inmigrante originaria de Canadá, es atenta y amable, según sus amigos. Por desgracia, su personalidad también parece desplegar una faceta conflictiva. Sus vecinos describieron cierta tendencia a las desavenencias personales.

En una ocasión, su vida privada llegó a los tribunales. Hace algunos años, según una demanda que promovió, se involucró con un hombre casado al que le prestó 65.000 dólares. Cuando el hombre se negó a abandonar a su esposa por ella, presentó la demanda en Manhattan para recuperar el dinero; el caso se resolvió con un acuerdo.

Aunque Amy Cooper difundió una disculpa dirigida a Christian Cooper tras su encuentro, desde entonces no ha hecho ninguna declaración en público. Las autoridades estudian la posibilidad de acusarla de presentar una denuncia falsa a la policía.

Amy Cooper no respondió a ninguna de nuestras solicitudes de comentarios.

“Reaccioné emocionalmente e hice suposiciones equivocadas sobre sus intenciones cuando, de hecho, yo era quien estaba actuando de manera inapropiada al no tener a mi perro con correa”, escribió en su disculpa.

“Soy muy consciente del dolor que causan las suposiciones erróneas y las declaraciones insensibles sobre la raza”, dijo. “Nunca habría imaginado que yo estaría involucrada en el tipo de incidente que ocurrió”.

Desde que el video de su encuentro se volvió viral, Christian Cooper ha expresado cierta ambivalencia sobre lo que ocurrió en la vida de Amy Cooper.

No estoy disculpando el racismo, pero no sé si su vida tenía que ser destrozada”, dijo un día después de que el video se volviera viral.

“Hay ciertos impulsos societales oscuros que ella, como mujer blanca, enfrentada en un conflicto con un hombre negro, piensa que puede utilizar a su favor”, dijo Cooper. “Ella los usó”.

Credit…Alison Faircloth

El edificio de Amy Cooper en el Upper West Side antes se conocía como Trump Place, pero los residentes liberales dejaron de utilizar ese nombre como una expresión simbólica de rechazo al presidente.

La gente del edificio conocía a Amy Cooper por su apego a su cocker spaniel. La describieron como una presencia constante en los paseos matutinos y los cumpleaños de los perros.

“Por lo que veía, era muy dedicada a sus animales”, dijo Maria Meade, de 60 años, quien vive en un edificio cercano. “Lo único que puedo decir es que nunca le hablaba directamente a las personas. Siempre hablaba a través de su perro, con voz de bebé. Era muy extraño”.

No es posible determinar en qué medida los recuerdos que tienen las personas del comportamiento de Amy Cooper han sido influidos por las noticias sobre su altercado en Central Park. De cualquier forma, algunos vecinos afirmaron que mantenían su distancia porque, según dijeron, el comportamiento de ella con otros paseadores de perros y el personal del edificio era un tanto provocador.

Otra vecina, Marisol de Leon, de 40 años, dijo que Amy Cooper solía pasear a Henry sin correa y se enfadaba cuando alguien le decía que no lo hiciera. “Daba la impresión de que se sentía con todo el derecho de hacerlo”, explicó De Leon.

Alison Faircloth, de 37 años, vecina y dueña de un perro, recordó que el invierno pasado se encontró con Amy Cooper al borde de las lágrimas frente al vestíbulo del edificio. Un portero la había insultado sin razón, le dijo. Cooper prometió lograr que despidieran al portero, dijo Faircloth.

Pero cuando Faircloth le preguntó al portero qué había sucedido, él le dijo que Cooper se había quejado de un ascensor dañado, que lo insultó después de irrumpir en la cabina de seguridad y luego tuvo que ser retirada por un guardia.

“De su parte siempre hay una versión sobre alguien que le ha hecho mal”, dijo Faircloth.

La administración del edificio declinó hacer comentarios.

Antes de mudarse a Nueva York, Amy Cooper vivía en Ontario, Canadá, donde asistió a la Universidad de Waterloo. Obtuvo una maestría en la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago, según dice su currículum.

También trabajó, de acuerdo con su currículum, en Lehman Brothers, Citigroup y AIG. Desde hace cinco años trabajaba en Franklin Templeton, donde llegó a ocupar el cargo de vicepresidenta de Gestión de carteras de seguros, con la responsabilidad de realizar inversiones para aseguradoras.

Fue en el escalafón corporativo que conoció a Martin Priest, un colega casado, en Lehman Brothers, donde trabajó de 2005 a 2008 según dice su currículum.

En una demanda presentada en 2015, cuando ya no estaba saliendo con Priest, Cooper le solicitó el reembolso de 65.000 dólares. Dijo que le había prestado el dinero para ayudarlo a acelerar su divorcio y pagarle a otra mujer con la que estaba involucrado para abortar, según los registros judiciales.

En la demanda, Cooper dijo que Priest se aprovechó de sus emociones para obtener el dinero, prometiendo que eso los ayudaría a estar juntos.

En cambio, dijo que descubrió que su esposa, Tianna, de quien se estaba divorciando, estaba embarazada, y que Priest planeaba casarse con una tercera mujer, que también estaba embarazada, según la demanda.

“Era ingenua, estaba devastada, con el corazón roto”, dijo una persona involucrada en el caso, quien habló bajo condición de anonimato porque el acuerdo es privado.

En una entrevista, Priest negó haber tenido una relación romántica con Cooper, aunque admitió haber tomado prestado el dinero. Él la llamó una “acosadora” que había ficcionalizado su relación, y luego estalló cuando las cosas no salieron como deseaba.

En un giro inusual de la historia, a partir de la demanda, Amy Cooper desarrolló una estrecha amistad con Tianna Priest, quien ahora está divorciada de Martin Priest, después de que Cooper le expuso su infidelidad. Cooper y Priest ahora pasan los feriados juntas.

Priest se negó a comentar sobre el encuentro de Central Park pero elogió la profesionalidad de Cooper.

“Trabajo, trabajo, trabajo, trabajo, trabajo: es una adicta al trabajo”, dijo Priest. “Ama los números, así que lo entiende y es buena en eso”.

Para la familia de Tianna Priest, Cooper es una heroína, que la salvó de un matrimonio tóxico, dijo Tom Selby, el padre de Tianna Priest. Culpó a su exyerno: “Amy es solo otra de sus víctimas”, dijo Selby.

Un día después de que el video se hiciera viral, en algunos comentarios de internet se decía que la cuenta de Instagram dedicada a Henry documentaba lesiones sufridas por el perro. Esa noche, la presión ya era tal que Amy Cooper se vio obligada a devolverlo al albergue Abandoned Angels Cocker Spaniel Rescue.

El 3 de junio, la organización declaró que a solicitud de Amy Cooper le había devuelto a Henry, después de que el veterinario dictaminó que el perro se encontraba en buen estado de salud.

Credit…Brittainy Newman/The New York Times

Durante un viaje por carretera con su familia cuando tenía 11 años, Christian Cooper recibió una copia del libro The Birds of North America para mantenerse ocupado. Para cuando concluyó la excursión en una camioneta Volkswagen con su hermana, Melody, y sus padres, dos maestros de Long Island, ya había memorizado todo el texto, dijo, y lograba identificar a las aves que pasaban volando.

Tenía la misma afición por los cómics, algo que aprovechó para arrancar su carrera después de graduarse de Harvard como licenciado en Ciencia Política.

“Los X-Men eran una alegoría perfecta para la experiencia homosexual”, explicó a la revista Wired durante una entrevista en 1998. “Los X-Men se veían como el resto de las personas, pero en la adolescencia descubrían un gran secreto que los hacía diferentes”.

A finales de la década de 1980, Christian Cooper formó parte del consejo de administración de GLAAD, la antigua Alianza gay y lésbica contra la difamación, y estableció su propio comité de acción política con el objetivo de apoyar a los demócratas en la contienda por el Senado de Nueva York, según una biografía transmitida en Gay USA, programa de noticias televisado dedicado a temas homosexuales, en el que Christian Cooper algunas veces ha sido el conductor.

En 1998 lanzó Queer Nation, un vanguardista cómic gay en internet cuyos superhéroes LGBTQ combatían el flagelo de un orden mundial de ideología derechista. Según le comentó a Wired, sus padres inspiraron en parte este proyecto, pues participaron activamente en el movimiento en defensa de los derechos civiles.

En la actualidad, Christian Cooper es editor sénior en Health Science Communications, una agencia de relaciones públicas para la industria de los servicios de salud. Sin embargo, algunas personas han señalado que su currículum no le resta nada a la universalidad de su experiencia como hombre negro.

“No tengo dudas de que, si la policía hubiera aparecido en el Ramble, una zona boscosa del parque donde Chris había ido a observar aves, ni el diploma de mi hermano emitido por una universidad de la Ivy League ni su impresionante currículo lo habrían protegido”, escribió su hermana, Melody, en un artículo de opinión publicado en The New York Times el 31 de mayo.

En una serie de publicaciones, Marie Javins, una excolega, intentó entender lo que había pasado.

“Si me hubieras preguntado ‘por qué crees que Christian sería famoso’, habría imaginado que por algo que había escrito, un libro de ciencia ficción o el cómic de Star Trek que solía escribir y donde presentó el primer personaje gay en la historia de Star Trek”, escribió.

Dijo que nunca habría esperado que fuera porque una mujer blanca “usó el término ‘hombre afroamericano’ como un arma” en contra suya.

Credit…Brittainy Newman/The New York Times

Las mayores constantes en la vida de Christian Cooper han sido los tordos, gorriones y golondrinas de Central Park.

Justo al lado de la calle 79 Transverse, la sección semisilvestre del parque llamada Ramble es un refugio para las aves migratorias en esta época del año.

En esa zona existen reglas especiales para protegerlas, como por ejemplo que los perros deben llevar su correa en todo momento; se trata de un microcosmos apartado de las tensiones de la ciudad: un espacio medio entre la naturaleza y la vida urbana, entre la soledad y la socialización.

Christian Cooper es una presencia conocida en ese lugar, un mentor para los observadores de aves neófitos que inspira gran respeto por ser consejero de la Sociedad Audubon en la ciudad de Nueva York.

“Tiene su propio método para lidiar con los perros. Suele decir: ‘¿Por favor podría ponerle la correa a su perro?’ y si la persona se rehúsa comienza a darles golosinas a los perros”, señaló Zach McDargh, de 29 años, quien es investigador. “A los dueños les molesta mucho”.

Alrededor de las ocho de la mañana del Día de los Caídos, Henry saltaba por el Ramble; su dueña se negó a ponerle la correa como es debido después de que Christian Cooper se lo pidiera, así que él buscó en sus bolsillos una de esas golosinas.

“Pues si usted hace lo que quiera, yo también voy a hacer lo que yo quiera, pero no le va a gustar”, recuerda haber dicho, según relata en su publicación de Facebook sobre el incidente, y a continuación sacó su teléfono para grabar el comportamiento indebido.

En el video, se observa cómo Amy Cooper arremete contra él y amenaza con llamar al 911 para decir que el hombre amenazaba su vida.

Algunos oficiales de policía respondieron a una denuncia sobre un ataque que nunca ocurrió. Más tarde, la policía clasificó el incidente como un “conflicto verbal”.

“Estaba muy consciente de que en ese momento me había convertido en blanco de los policías, y eso no quiere decir que fueran a matarme necesariamente”, dijo más tarde Christian Cooper. “Pero nunca es una situación agradable ser negro y que exista alguna sospecha”.

Esa mañana, consciente de que era muy probable que la policía apareciera pronto, Christian Cooper grabó con gran claridad en su memoria lo que hizo después.

Tomó de nuevo los binoculares Swarovski que colgaban de su cuello y siguió buscando áreas donde aparecieran plumas en las copas de los árboles de plátano de sombra.

“Yo seguí en lo mío”, dijo Christian Cooper. “Me desentendí con la observación de aves, como es mi costumbre”.

Nate Schweber y Alex Traub colaboraron con este reportaje. Kitty Bennett colaboró con investigación.

Sarah Maslin Nir cubre noticias de última hora para la sección Metro. Fue finalista del Pulitzer por su serie “Unvarnished”, una investigación sobre la industria de los salones de manicura en Nueva York que documentó las prácticas laborales explotadoras y los problemas de salud que enfrentan las personas que trabajan ahí. @SarahMaslinNir

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