El derrumbe de la democracia colombiana

Una democracia manchada con los asesinatos de los líderes sociales y políticos Foto El Espectador

Por: Ariel Ávila

Lo que ha venido sucediendo con la democracia colombiana en los últimos dos años es devastador. Básicamente, el partido de gobierno, el Centro Democrático, ha ido cooptando otros poderes del Estado y los vicios autoritarios son bastante visibles. El gobierno de Iván Duque se ha caracterizado por ir cercenando la democracia de nuestro país. Tres son los fenómenos más graves.

Por un lado, la cooptación de los órganos de control y la Fiscalía. Antes, los presidentes se preocupaban por hacer ternas y elecciones para estos órganos de control con una apariencia de independencia; es claro que a todo gobierno le gusta tener un fiscal o un procurador amigo, pero había cierta preocupación por las formas y aparentar independencia. Con la administración Duque eso se acabó. Por ejemplo, para la elección de fiscal, la terna se componía de tres exfuncionarios de la administración y al final el electo fue uno de los mejores amigos de infancia del presidente, quien hizo campaña por el Centro Democrático y Duque, y fue funcionario de su administración: Francisco Barbosa. Lo peor vino con la actual procuradora, Margarita Cabello, quien renunció al Ministerio de Justicia horas antes de la elección, y ni que decir de la Defensoría del Pueblo y la Contraloría. Por ello es que, por ejemplo, en el proceso de volteo de testigos que se sigue contra Álvaro Uribe, parece que la defensa del expresidente, la Procuraduría y la Fiscalía fueran un solo equipo.

El segundo ejemplo de estos vicios autoritarios se refiere a los diferentes decretos que ha sacado el gobierno de Iván Duque en el marco de la emergencia sanitaria. Una gran cantidad de ellos no tienen nada que ver con la emergencia y son, literalmente, acciones que podrían ser definidas como legislar vía decretos. El de la hipoteca inversa, el del retraso de entrega de información pública y, ahora, el decreto con el que el Gobierno designa cuál es su juez, en este caso, el Consejo de Estado. Esto es dramático, pues por decreto alguien define quién lo juzga. Un mal precedente para una democracia.

El tercer ejemplo es la ausencia de publicidad en materia de contratación para el manejo de la pandemia. La Unidad Nacional de Gestión de Riesgos y Desastres o UNGRD es la encargada de la mayoría de la contratación y ha estado involucrada en, al menos, cinco escándalos de corrupción en un año, pero obviamente ningún órgano de control ha investigado, para eso son amigos del Gobierno. Miles de millones de pesos en contratación con casi cero transparencia y sí muchos cuestionamientos y dudas.

El balance de la democracia en Colombia es desolador, los órganos de control y la Fiscalía parecen más instituciones para perseguir a la oposición del Centro Democrático y hay poco avance en investigaciones que involucran a militantes del uribismo. Muy baja transparencia en las actuaciones del Gobierno y favorecimientos burocráticos o contractuales a cercanos a la administración de Iván Duque. Al final, la democracia colombiana saldrá muy maltrecha de este avance del autoritarismo y a ello se le suma el aumento de la violencia, el asesinato de líderes sociales, el asedio a comunicadores y periodistas. Han sido años difíciles para la democracia colombiana y le esperan un 2021 y 2022 dramáticos.

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