Dios ve las trampas

Imagen Mission Without Borders

Por Carlos Alberto Ospina M.

Mientras la mayoría de personas de carácter bueno viven en constante confinamiento, temerosas y en algunas ocasiones, con ataque de pánico a causa de la inseguridad a manos de los delincuentes de distinta índole; el ambiguo ministro de Justicia, Néstor Iván Osuna​ Patiño, ratifica su desconexión con la realidad y las urgencias cotidianas de los colombianos en el momento que plantea la salida de los reclusos a trabajar en el día y ´que regresen en la noche a sus celdas´ (Sic). El funcionario perdió el sentido de las proporciones y del ridículo.

Con el pretexto de “atacar de raíz” el hacinamiento en las cárceles, Osuna Patiño, hizo circular ese despropósito que abofetea el dolor de las víctimas y destruye, aún más, la confianza en el poder judicial al tiempo que se burla de los fundamentos morales plasmados en la Constitución Política.

Alguien con dos centímetros de frente no concibe una nación benévola y complaciente con los autores de delitos de lesa humanidad, asesinatos, desapariciones, torturas y desplazamientos; entre otros dilatados quebrantamientos del conjunto de normas legislativas.  Como mínimo velaría por el acatamiento de la pena impuesta a los reos, a semejanza de escarnio público y demostración del principio de la igualdad ante la ley. 

El pueblo exige la mínima protección de las autoridades, en vez de cimentar en el imaginario popular eufemísticos cargos como los fingidos gestores (Primera línea) y los representantes de organizaciones armadas o de ´alto impacto´ solo con el fin de alcanzar una inviable ‘Paz total’ sin tener en cuenta el alarmante retroceso de las libertades civiles para otorgar un sinnúmero de garantías a sujetos sin escrúpulos. 

Petro ha demostrado una profunda simpatía e identificación ideológica con los perpetradores de terroríficos crímenes, narcotraficantes y bandidos de diferentes especies. La afinidad filosófica es innegable. Este gobierno no respeta la democracia ni presta atención al desbordado incremento de las violaciones de los derechos humanos, el asesinato de líderes sociales, las masacres, los abusos sexuales de menores de edad de varias etnias indígenas y la asfixiante inseguridad a nivel urbano y rural. Habla demasiado y no ejerce de manera consecuente.

A la verborrea populista, a unos cuantos subsidios para la compra de neveras y a la trampa de la mínima rebaja de las deudas adquiridas por los estudiantes con el Icetex; ahora se suma el proyecto de ley sobre los denominados ‘servicios de utilidad pública’ que supuestamente prestarían los reos fuera de los penales. El Inpec no ha logrado garantizar la rueda de presos en las penitenciarías ni el adecuado funcionamiento de los brazaletes de monitoreo electrónico y tampoco, la prisión domiciliaria, ¿qué podemos esperar de los controles a los reclusos que presuntamente se ocuparían en el día y regresarían a las cárceles en la noche? Pues nada. 

Ministro Osuna, ¡sea coherente, sensato y en especial, cumpla con el precepto de la debida interpretación judicial y de la carta magna! No pretenda meternos los dedos a la boca. En lo que no le va ni le viene, sí le importa, revise las estadísticas de las reincidencias y los delitos que se planean o se ejecutan desde los presidios. Díganos cuántas son cinco. ¿Qué harán los malhechores a sus anchas en las calles? Seguir esquivando la justicia. Esta iniciativa legislativa otorga patente de corso a los bandidos y pone al conjunto de ciudadanos en total indefensión. ¿Acaso, irían a trabajar en las empresas fachadas o de papel al servicio de lavado de activos? Verdad de Perogrullo.

Néstor Osuna es el único que cree en el concepto de vigilancia especial y acción preparatoria de los autores de ataques sistemáticos contra la población; a la par que la gente del común no aguanta más el desamparo frente al monopolio del crimen organizado que, este gobierno y el Congreso de la República, les están dando todas las armas para destruir la sociedad civil y la libertad humana. Por tanto, es menester obrar de forma consciente e independiente en pro del Estado de derecho. Dios ve las trampas.

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