Desvertebrada. Vidas para lelos: Pacho y Nora

En una fiesta en 2021, Pacho y Nora se pusieron de nuevo el anillo matrimonial. (Álbum familiar).

Por Óscar Domínguez G.

Primero se casaron y después se enamoraron. Así fue el romance entre mi tío Pacho Domínguez Calle, santabarbareño, con Norita Zapata, de Caicedonia, Valle.

A los 91 años, Pacho agarró el sombrero y se volvió eternidad.  Fue uno de los 13 tíos paternos que tuvimos. Los tíos, historiadores de la familia, ayudan a crecer, regalan el pescado y enseñan a pescar. Son como abuelos suplentes. Felizmente nos acompaña Gabriela, de prodigiosa memoria y un hacha para escribir. Como Pacho, un diestro hombre de negocios. 

(En total, por ambos flancos tuvimos ¡28! tíos. Además de Gabriela, siguen felizmente vivas Rosa, Judi, Fanny, Fabiola y Consuelo Giraldo Jiménez).

El hacedor de estrellas  tiene mayoritarias acciones en el romance de Pacho y Nora. Lo llamó sacerdocio en el seminario de Yarumal en 1945 pero no lo escogió.  Se valió de una piedrita en el zapato llamada castidad.  Los votos de pobreza y obediencia son pan comido…

El sueño de las familias era tener cura, médico o abogado en casa. A mi hermano y a mí, seminaristas agustinos, también nos derrotó la castidad. Por eso he propuesto que tanto el celibato como la reencarnación sean opcionales. El papa Francisco calla.

Como san Agustín, el Mono, como le decíamos a Francisco Antonio, nació un 28 de agosto. Es lícito pensar que como el obispo de Hipona en sus “Confesiones”, rezaba así: “Señor, hazme casto, pero no todavía”. Fue casto hasta que conoció a Norita quien le sobrevive y lo recuerda desde su olvido.

Pacho y Nohora de fiesta

También tuvo acciones en el romance el padre Alfonso Uribe Jaramillo quien lo acogió en el seminario de Medellín adonde fue a templar. Pero en alguna salida al “mundo”, el tío recibió un besito a distancia de una feligresa que le sacaba el aire y ahí fue Troya. Esto no es lo mío, le dijo al futuro obispo de Sonsón-Rionegro quien avaló la deserción.

Cualquier día, con 30 pesos en el bolsillo, fue a visitar a sus primos en Caicedonia, el padre Manuel Ramírez y Ramón Zapata, padre de Nora.

Cupido hizo lo suyo. Pacho y Nora quedaron flechados y empezaron una correspondencia cifrada para evitar miradas curiosas. Acordaron que tal número o signo equivalía a una letra. Un ejemplo: en vez de decir: “Te idolatro, mi cuchicuchi caicedoniana”, su romeo le escribía: ¡764 83¿9 & &5 w22i9.

Sin ser novios, vino la propuesta matrimonial. Sorprendida, ella dijo sí. El padre Manuel, datiado desde lo alto, los convenció de que se casaran la víspera. El insólito casorio tomó tan de sorpresa a los suegros de la contrayente que se oponían a dejarlos dormir juntos. Finalmente, Pacho hizo valer sus derechos y la pareja inauguró una culecada de cinco hijos.

Hacia el final de sus días, a mi tío Pacho, como a Borges, le llegó la noche a sus ojos.  Lector empedernido, curioso impenitente, convirtió a sus tres hijas y a una nieta en Kodamas que le leían. Sobre todo Luz Marina, quien fue decana de mercadeo  y negocios internacionales en la Universidad de las Américas, y profesora de pre y posgrado en ESCOLME. Le leía en modo radionovela, acatando órdenes del ávido escucha.

Luz Marina dio lacónicamente la noticia de la muerte de su taita: “Está en paz; se fue cuando ya estaba listo”.

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