Desvertebrada.Vidas para lelos: Irma  y Antonio (2)

rmgard Frobenius, foto del pasaporte con el que hizo el viaje de 81 días alrededor de medio mundo. (Del álbum de la familia Guggeberger Frobenis).

Por Óscar Domínguez Giraldo

“Decíamos ayer…” que frustrado el primer viaje para encontrarse en Colombia con su amado Wolfang Guggenberger (simplemente Antonio) , Irmgard Frobenius (=Irma)  regresó a su base en Alemania. 

Retomó su cotidianidad, volvió a dar clases y se graduó de santo Job a la espera de que su bávaro enamorado le enviara otro tiquete desde su base laboral en Manizales, donde ejercía como eficiente maestro cervecero. 

Irma no apareció en casa de sus padres porque de pronto le ponían grilletes para retenerla.

La chica nunca daría su brazo  a torcer, según lo relata en su crónica-diario de 1.800 palabras: “El lunes 24 de mayo (1941) a las 7:30 a.m. salí de Schorndorf, en Wurtemberg, donde tuve mi último empleo como profesora y con dos maletas me dirigí a Nurenberg, la ciudad de mis padres…”.

El escrito es un prodigio de la síntesis. Nada de palabras superfluas. No dejó detalle relevante por fuera. 

Fueron tres eternos meses en los que nunca tuvo contacto con su cuchicuchi.  Imposible contarle algo sobre su odisea. Nada de selfis ni de  wasaps para decirle: “Te amo”. O darle el besito de las buenas noches. Además, primero tenían que casarse.

En su periplo, la pragmática novia decidió vivir el aquí y el ahora. El amor que espere. Lo demás vendría por añadidura. Durmió bien y mal, hizo amigos, un capitán le echó los perros, ella le dijo no, vio cine, jugó golfito, cartas, sapo; no se negó ningún exótico bocado. Se enfermó dos veces pero se curó con una medicina llamada Wolfang.

En Corea, la iban a devolver por cuestión  de papeles. Irma sacó a relucir la eterna arma secreta femenina: las lágrimas. Ella siguió su marcha.

Menciono solo algunas de las ciudades por las que pasó: Berlín, Moscú (“ciudad sucia y pobre”), Varsovia (que estaba en llamas), Tokio, Yokohama. Que no falte trayecto en el legendario expreso Transiberiano.

Por fin enrumbó hacia América: Hawai, San Francisco, Los Ángeles, y Manzanillo, México, donde tocó tierra americana por primera vez. Luego hizo escalas en Corinto, Nicaragua, Balboa, en la zona del Canal de Panamá y, finalmente, Buenaventura.

Irma redondea su crónica: “… a las 8 de la mañana desembarcamos en puerto y pude finalmente abrazarme con mi querido Wolfgang después de tanto tiempo y aventuras. Nos despedimos de todos y después de hacer la aduana nos trasladamos al Hotel Estación… Para huir del calor partimos a Cali a las 2 de la tarde en un viaje que demoró 9 horas. El lunes a las 3 de la tarde contrajimos matrimonio en el consulado alemán y el miércoles nos casamos por la iglesia”. 

En los 80 años de Ilse Guggenberger Frobenius, aparecen de izquierda a derecha, su hermano Otto Guggenberger F., Ana Isabel Caro G., Gunther Emilio Caro G., Miguel Ángel Caro Marín y Zoraida Flórez (odg)

Dos matrimonios en tres días. Ahora sí, a lo que vinimos: Volver hijos tanto amor.

A Manizales “llegamos el 13 de junio a las cuatro de la tarde (de 1941). Con ello finalizó este viaje alrededor del mundo y empezamos una nueva vida”. Y colorín colorado…

EL VIAJE DE IRMGARD FROBENIUS 

24 DE MARZO AL 13 DE JUNIO 1941 

(Traducción de Otto Guggenberger Frobenius, hijo).

El Lunes 24 de Marzo a las 7:30 a.m. salí de Schorndorf en Wuertemberg, donde tuve mi último empleo como profesora, y con dos maletas me dirigí a Nuerenberg, la ciudad de mis padres, y luego a Berlín donde llegué de noche. 

En el transcurso del martes hice unas últimas vueltas y a las 17:30 abordé el tren en coche litera hacia Moscú. Había muchos emigrantes alemanes y judíos en el tren. Pasamos por Varsovia y a las 7:00 llegamos a la ciudad fronteriza Zaremba Tschitschew donde hubo revisión de aduana. 

También ahí estaba parqueado el mundialmente famosos expreso Transiberiano. Nevaba violentamente. Al cabo de unas horas empezó el viaje en segunda clase. Compartía el compartimiento con una señora judía de Viena. En el camarote dormí arriba. En el compartimiento había silla y mesa. Todo el viaje se escuchaban transmisiones de radio de Moscú en alto volumen. El aire en el vagón era polvoroso y pesado ya que no se debía ni podía abrir las ventanas. El paisaje muy nevado con bosques de abedules. 

Cada cierto número de horas paraba el tren y uno tenía la oportunidad de respirar aire fresco. Por lo demás el tiempo transcurría conversando y haciendo manualidades. La comida la sirven tres veces al día en el vagón restaurante.. La comida es abundante y grasosa, pero el sitio es sucio, en especial los manteles. El idioma universal en todo el viaje es el inglés. En el vagón litera duermen mezclados hombres y mujeres. 

El Jueves al mediodía llegamos a Moscú. La impresión de la ciudad sucia y pobre, además de muy fría. El acompañante de Intour en el tren es un ruso de 26 años con talento poético. En la estadía nos asignan a otro joven de guía. Usando el metro llegamos al Hotel Metropol donde almorzamos. A las 5 de la tarde se reanuda el viaje. 

De tantas tensiones me enfermé fuertemente del estómago y la bilis, lo cual es muy duro en un viaje. El tren viajó durante 8 días pasando por Perm, Yekaterinburg, Omsk – donde me atendió una doctora-, Novosibirsk, Krasnojarsk, Irkutsk a la estación de transbordo Ulan-Ude, bordeando durante seis horas el lago Baikal. Aquí nos dieron de comer «Suki-Yaki». De aquí este tren prosigue su marcha a Vladivostok. En Ulan-Ude hubo control de aduana toda la noche y luego proseguí en otro tren el viaje a Manchuria, que en ese momento se conocía con el nombre de Manchuco. Pasamos por Chita y al llegar a la frontera con China en Manzhouli, cerca de Borzia, hubo nuevamente aduana, Inmediatamente después del almuerzo proseguimos el viaje de todo un día a Harbin en un excelente tren. 

En el Hotel Nueva Harbin me hospedé con otros viajeros. Reinaba una impecable limpieza y un aire primaveral. La comida era japonesa y servida por muchachas muy amables en Kimono. Por la noche tuve la oportunidad de conocer un poco la ciudad. A la mañana siguiente abordé el famoso expreso Asiático en dirección a la capital del estado (debe ser Manchuria) Hsingking (posiblemente hoy Changchun). Ya no tenía personas conocidas del expreso Transiberiano, a excepción de dos oficiales y una dama japonesa, que me sirvieron de compañía en esta ciudad. 

Dormí en el Hotel Jamate y me transporté a la mañana siguiente en una «Rickscha» a la estación y proseguí completamente sola a Mukden (Hoy Shenyang) y a la frontera con Corea Antung (Posiblemente hoy Dandong) donde hubo también aduana. De esta manera entré a la Corea Japonesa. 

En este viaje, al igual que en los vagones restaurantes en Manchuco Y Japón nos servían una excelente comida con palillos como cubiertos. Todo limpio, apetitoso y decorado con flores. La sopa en una coquita con tapa, el arroz en otra coquita tapada, pescado crudo, carne, «Seetang», salsa de habichuelas, etc. Todo sabe divino. En Japón y Rusia la comida se acompaña con té. 

Pero a las dos horas de iniciado este tramo se terminó repentinamente mi ensoñación. A las nueve de la noche la policía me hizo bajar del tren y me llevaron a una inspección en un pequeño pueblo. Mi visa para entrar a Corea empezaba a ser vigente el día siguiente 1 de Abril, con lo que se me ordenó volver a salir del país. Estaba deshecha y preocupada con la plata medida. Empecé a llorar y ello hizo posible que me dejaran esperar el plazo de la visa en este pequeño pueblo, donde me hospedé en un auténtico Hotel Japonés, con ventanas y paredes de pergamino, puertas corredizas y alfombras de paja, que jamás se debían pisar con los zapatos. En la habitación ardía un fuego de carbón en una olla de piedra. La cama a nivel del suelo con un rodillo duro como almohada y Kimono. 

A las cinco de la mañana proseguí mi viaje en una jornada de 17 horas hasta Pusan Fue un viaje inolvidable por la belleza y espectacularidad del paisaje coreano. 

A las 10 de la noche llegamos a Pusan, y durante dos horas estuvimos haciendo fila para abordar el ferry, lo que me permitió observar el pueblo circundante. Las mujeres usan zuecos de madera con resaltos por lo que su andar es muy bulloso. Las mujeres con niños los llevan amarrados con un trapo a la espalda. Sus vestidos son de seda blanca. Finalmente abordamos el ferry pero prosiguieron interminables pesquisas por parte de las autoridades japonesas. A media noche, sin que me percatara, zarpó la embarcación. Me había quedado dormida en un sofá en el hall de entrada. A las siete de la mañana llegamos a Shiminoseki (cerca de Kitakyushu). 

En esta ciudad me hospedé en el Hotel Sanyo, un sitio maravilloso y muy elegante. El florecimiento de los cerezos estaba en todo su apogeo. Tuve la oportunidad de subir a un mirador y observar el espectacular paisaje en este día encantador. También hice un tour por la ciudad y pasé por un teatro donde daban una película alemana. En el Grillroom del hotel una comida estupenda con las meses decoradas con abundantes flores. 

Al día siguiente de nuevo viaje en tren. Allí conocí a un señor alemán que venía de Shanghai y vivía en Tokio. En el tren también volví a ver a los dos oficiales japoneses de Changchun. Uno de ellos pronto se bajó: en la después tan conocida Hiroshima. El viaje continuó a lo largo del mar interior de Japón con un paisaje divino y muchas islas. El señor que había acabado de conocer me consiguió para esa noche un sitio en el vagón litera lo cual fue muy agradable. Durante la noche el tren hizo una parada en Kobe, una ciudad impresionantemente iluminada. Allí se bajaron muchos Judíos para abordar un barco. A las siete de la mañana llegamos por fin a Yokohama, donde me hospedé en el Grand Hotel. Me impresionaron mucho los parques públicos de Yokohama. 

Dos días después apareció el señor Stolle, ese señor tan amable del tren, con su señora a invitarme a su mansión en Omori cerca de Tokio. Allí me recibieron con muchísimo cariño durante 10 días y tuve la oportunidad de visitar a menudo Tokio y Yokohama. 

El 21 de Abril a las tres de la tarde zarpé en el Ginyo Maru a América. Fue un momento conmovedor.

La cabina la compartía con una dama Berlinesa de apellido Albrecht. La comida era estupenda. Todos los días podíamos bañarnos. Jugábamos golfito, sapo, cartas, etc. A los dos días empecé a sentirme mareada, pero afortunadamente no duró mucho. Ocho días se demoró esta vieja y lentísima embarcación de 8000 toneladas hasta llegar a Hawai. Allí debimos permanecer a bordo durante las paradas en Honolulu e Hilo. 

En ese trayecto cumplí 26 años y al cruzar la línea de cambio de fecha el Miércoles 29 de Abril, se celebró de manera muy sensacional el cumpleaños del emperador Japonés Hiroito, con ritos y reverencias dirigidas a la madre patria. Fue un Miércoles largo de 48 horas. 

Reanudamos el viaje hasta San Francisco donde tampoco nos dejaron bajar a tierra. Me sobrecogió muchísimo el tránsito debajo del Golden Gate que ocurrió en medio de una enorme tormenta. En Los Ángeles subió al barco un reportero de prensa: Me pidió que le contara mi historia matrimonial y me tomó fotos. Este artículo fue publicado y a raíz de ello retomamos contacto con unos familiares en Hollywood, que le escribieron a mis padres en Kronach. Durante muchos años mantuvimos correspondencia. 

Pocos días después llegamos a Manzanillo en México donde por fin nos dejaron bajar a tierra, Por primera vez pisaba tierra firme americana. Deambulamos en grupos por la población, y por la noche comimos en un buen restaurante y fuimos a ver una película en un teatro a cielo abierto. También en el barco había un salón a cielo abierto donde proyectaban películas y hacían fiestas. También estuvimos en Acapulco, a donde nos trajeron en lancha ya que el barco se quedaba anclado más afuera.

La siguiente parada fue en Corinto Nicaragua, un sitio increíblemente caliente. Nos arrastrábamos perezosamente de un lado al otro. Allí compré unas zapatillas de tela, que uso hoy al escribir estas páginas. En esta agua pudimos ver cantidades enormes de tortugas gigantes, delfines, peces voladores y tiburones. 

Luego llegamos a Balboa en la zona del canal. Aquí el viaje, que ya venía retrasado, 

sufrió un retraso adicional de 8 días, que nos tocó vivir en medio de un calor infernal de 38 C en el camarote. De noche dormíamos afuera en la cubierta. De día visitamos el club americano (Casa del gobernador), donde pasábamos el día leyendo, comiendo y bañándonos. Una gran novedad apetecida para todo el grupo fue el jugo de piña. También fuimos al cine y, en general, deambulábamos hasta la una de la mañana esperando algo de frescura para acostarnos. Nos tocó Pentecostés en Panamá. 

Finalmente partimos el 6 de Junio a mi estación final : Buenaventura. Recorrimos la costa colombiana y el Sábado a las 6 de la tarde nuestro barco soltó anclas en aguas colombianas, a la espera que fuera de día y subiera la marea para ingresar al puerto. Esa noche 4 oficiales japoneses organizaron para mi una fiesta de despedida, en la que pasamos genial. (Un tiempo después el capitán del barco le escribió a Irmgard apasionados telegramas expresándole su afecto y deseándole mucha felicidad en su matrimonio y muchos hijos (…about 4)). 

Luego a las 8 de la mañana desembarcamos en puerto y pude finalmente abrazarme con mi querido Wolfgang después de tanto tiempo y aventuras. Nos despedimos de todos y después de hacer la aduana nos trasladamos al Hotel Estación, hasta donde nos acompañaron los oficiales del barco.

Para huir del calor partimos a Cali a las 2 de la tarde en un viaje que demoró 9 horas. El Lunes a las 3 de la tarde contrajimos matrimonio en el consulado alemán y el Miércoles nos casamos por la iglesia. 

Después de aceptar algunas invitaciones que nos hicieron partimos para Manizales a donde llegamos el 13 de Junio a las cuatro de la tarde. Con ello finalizó este viaje alrededor del mundo y empezamos una nueva vida. 

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