Desvertebrada. Vidas para lelos: Irma y Antonio (1)

Por Óscar Domínguez Giraldo

En plena guerra mundial, Irmgard Frobenius, simplemente Irma, alemana, de familia protestante, le dio la vuelta a medio mundo en 81 días para encontrarse con su prometido Wolfgang Guggenberger, Antonio, católico de amarrar en el dedo gordo.

Pronto se dieron cuenta de que el uno era la aspirina Bayer del otro. Ella tenía tiernos veinte años. Él le llevaba seis abriles.

Se conocieron en el parque Jardín Inglés de Múnich en junio de 1935. Cupido, que poco saca vacaciones, se encargó del resto. Los tortolitos jamás se separarían. (Terminarían su parábola amorosa en Medellín).

Ella estudiaba economía doméstica en Múnich. Su traga bávara se graduó como maestro cervecero.

Había un problema: el recién graduado no tenía dónde ejercer su oficio por su divorcio total con el nacionalsocialismo gobernante. Entonces jugó su futuro laboral al azar y se lo ganó Cervecería Bavaria, de Bogotá, que lo contrató.

¿Qué hacer con tanto amor en circunstancias hostiles?, se preguntaron Irma y Antonio. La solución la envidiaría el rey Salomón: Él se vendría a levantar la papita en un país desconocido. Luego mandaría por su bella y audaz valkiria. También en el amor la fortuna ayuda a los audaces.

“Se separaron como dos extraños cuando toda la sangre los unía”, para decirlo con Robledo Ortiz.

Pero a ese amor que se les salía de las manos había que ponerle esposas, amarrarlo. Entonces se comprometieron en “mártirmonio” en una notaría de Múnich.

El siguiente paso era el más difícil, cuentan los manizaleños Ilse, ocho veces campeona nacional de ajedrez, y el ingeniero Otto,  gerente general de OGF, los dos hijos de la pareja que me han compartido esta historia de no te lo puedo creer.

El paso complicado era presentar el novio católico a unos suegros protestantes. En la familia había varios pastores. Menos mal, la suerte estaba echada en favor de la pareja.

El abuelo Karl Frobenius puso cara de jugador de póquer cuando Antonio le notificó que iba “a” por toda Irmgard, la niña de sus ojos.

Al día siguiente del tenso encuentro, Antonio emprendió el viaje a Colombia desde Hamburgo. En marzo de 1939 se bronceaba al sol de Barranquilla, cargado de ilusiones, listo a hacer valer su diploma de maestro cervecero.

¿Y la frágil teutona? Con su equipaje de mano y dos románticos baúles, en mayo de 1940 inició un primer viaje a Colombia para casarse con el amor de todas sus vidas. Sus pasos la llevaron inicialmente a Génova, Italia.

Pero el hombre propone y la guerra dispone. En vísperas del viaje a Colombia, la Italia del inameno Mussolini entró en guerra, aliada con la Alemania nazi. “Lo que los aliados llamaron la puñalada por la espalda”, comenta Otto.

Irma, en una época llamada Clarita, tuvo que regresar a su base. Perdía una batalla, pero ganaría la guerra del amor 

Ñapa

De Caissa para Ilse Guggenberger, en sus 80 años

Ilse, la reina del ajedrez, el día que cumplió 80 años. (odg)

Querida Ilse, salud, suerte, longevidad. Yo, Caissa, y  Santa Teresa, mi colega patrona del ajedrez, te felicitamos por tus primeros ochenta años de vida que iniciaste en Manizales donde residían tus padres alemanes. 

Como musa griega del ajedrez, celebro que en los años sesenta hubieras roto el machismo reinante  en ese juego.

Te tocó pelar cocos con la uña. El varón domado asumió que nosotros las féminas carecíamos de neuronas para el ajedrez. ¡Despistaditos muy!

Hasta tu padre Antonio creía que el ajedrez no rimaba con nuestra fragilidad. Cuando lo derrotaste jamás volvió a jugar contigo. 

En tus quince años te regaló un juego de ajedrez y un libro del campeón mundial alemán, Alejandro Alekhine. Antonio hizo su tarea. Te enseñó las vocales del juego. Tu madre, Irma, hizo lo suyo y te animó a darle rienda suelta a tus virtudes frente al tablero.

En los años sesenta, conseguiste “coach” ajedrecístico, para decirlo en la jerga moderna. Me refiero al maestro Emilio A. Caro G., con quien primero enrocaste corto y te casaste el día de tu cumpleaños del 1º. de abril de 1966.  Pasados los años, jugaste un insólito gambito de dama y te separaste. Tu hoja de vida aclara que tu “mártirmonio” fue anulado.

Felizmente,  se las apañaron para amasar antes a Gunther Emilio y Ana Isabel una pilosa de la que se puede disfrutar  y aprender en su canal de youtube  “Revelaciones de la naturaleza”. 

En inglés, alemán y español puedes dar ruidoso parte de misión cumplida con tus hijos y tus nietos Miguel Ángel, Juan Andrés y Laura, quienes te llaman  “abuela extrema”.

Tienen razón porque te has fajado como ama de casa, abuela felizmente irresponsable, traductora del alemán, profesora, caminante extrema, aventurera, perfeccionista a morir, maestra de vida, lectora, fotógrafa, autodidacta, parapentista, gatófila empedernida durante 45 años.

Tus hijos crecieron viéndote andar de la ceca a la meca disputando torneos y recorriendo montañas para disfrutar de tu amor por la naturaleza. Levitas viendo un pájaro, un arroyo, una planta, un arcoiris. Has sacado tiempo para visitar 95 veces el municipio de Jardín, donde tienes hotel propio, Balandú. 

A través de tus redes das los buenos días y las buenas noches con bellas fotos de amaneceres y atardeceres. Los acompañas de certeros y breves mensajes que invitan a disfrutar la vida.

Siempre admiraré tu audacia de irrumpir en el sancta sanctorum de los ajedrecistas, el salón Maracaibo, en Medellín, donde iniciaste un recorrido que te llevó a ganar diez torneos departamentales, ocho nacionales, dos centroamericanos y del Caribe, amén de tu participación en seis olimpíadas y dos mundiales. No naciste para quedarte cruzada de brazos.

Colombia agradecida reconoce que eres la pionera de la presencia del eterno femenino en el ajedrez así te hayas retirado del tablero hace 32 años. Japiberdi.

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