Desvertebrada. Tiziano Carrizo

Por Óscar Domínguez Giraldo

Quienes levitamos viendo pasar el tren o el viento, en ese orden, derramamos un furtivo lagrimón cuando vimos a un niño saltar un Everest de alambre para ir a abrazar a su ídolo, Ezequiel Unsain, arquero del equipo Defensa y Justicia, de Córdoba,  Argentina. 

El video que alcanzó el estatus de viral fue una aspirina para la invisible, uno de los alias del alma.

“En fútbol se gana y se pierde”, trató de consolarlo Tiziano Evaristo Carrizo, de doce años. El entrerriano Ezequiel, de rodillas cuando el espontáneo niño lo atarzanó,  “masticaba bronca”, escribió un cronista.

En tiempo suplementario, Boca Júnior le ganó al “Halcón”,  nombre pagano del club, con un gol inverosímil que le devolvió hasta el primer tetero al apabullado cuidapalos. 

Pescando en el río revuelto de la derrota, Tiziano Evaristo cumplió su sueño del pibe de abrazar a su ídolo. Pero como no hay almuerzo ni abrazo gratis, aprovechó para pedirle  la camiseta. 

Había que sacarle partido a la audacia de saltar el obstáculo a espaldas de Daniel, su sorprendido padre que lo vio correr hacia Unsaín, terminado el partido.

Ese día Ezequiel se negó, pero horas después lo invitó al club “Defen”, donde le regaló toda la parafernalia que utilizan los porteros para hacer más eficiente su oficio de solitarios.

Unsain le tiró línea a su pequeño interlocutor y le aconsejó esforzarse mucho en la escuela “y subir siempre, nunca retroceder”.

Cuando hay cosecha de derrotas, los jugadores tienen que suspender las apariciones públicas porque el respetable los crucifica. Para un hincha, ya el segundo en un torneo es el primero de los derrotados.

Unsain enseña la camiseta que le entregó a su admirador Tiziano, valiente y enternecedor consejero ante la derrota.Tiziano

Tiziano Evaristo quiere ser arquero. Empezó bien su carrera con sus dos nombres y el apellido Carrizo el mismo de Amadeo, uno de los grandes porteros de River Plate.

A la edad del pequeño yo admiraba a otro arquero: Julio “Chonto” Gaviria, legendario arquero del Nacional. Pero también tenía un amigo al que apodábamos “Chonto”. Era nuestro eficiente cuidapalos, o cuidaladrillos. Sacados de alguna parte, los ladrillos hacían las veces de porterías. 

“Chonto”, el nuestro, era un completo gamín. Mejor dicho, éramos. En Rio de Janeiro, a los  niños así les dicen anticristos de la calle. Más que una ofensa es una  condecoración.

Con “Chonto” formábamos parte de la aristocracia de gallinero de los teatros. También compartíamos el cine manga que ofrecía el padre Barrientos para reclutar catecúmenos. A Dios por el cine, era su divisa.

Este “Chonto” fue más conocido en el mundo de la música parrandera con el nombre de Gildardo Montoya, el tamesino creador de canciones como La parranda vallenata, El aguardientozky, El arruinao. Murió el 25 de noviembre de 1976.

También su hermano Darío siguió sus pasos musicales y compuso obras como “El Travolta campesino” y “Llegaron los gotereros”.

Celebro tener algo en común con Tiziano: su admiración por los porteros. Sin saltar ningún Everest. No hay con qué.

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