Desvertebrada: Lisístrata no jugaba ajedrez

Ajedrez de la guerra. Ilustración OKdiario

Por Óscar Domínguez Giraldo

Hace poco le escribí al presidente Putin dándole diez minutos para que retire  su horrorosa chatarra bélica de Ucrania.  A lo mejor, como solo tiene comunicación directa con el binomio Stalin-Hitler – con quienes ha sido comparado- no le llegó mi tuit: Manos fuera de Ucrania.

Claro que pesar de todo lo que ha hecho y amenaza hacer,  Putin tiene quién le escriba. Como el Gran Maestro de ajedrez Sergei Kariakin, quien le declaró su amor eterno. El Comité de Ética de la FIDE decidirá si sigue compitiendo. 

A lo mejor, Kariakin leyó el revelador libro del cubano Leonardo Padura, “El hombre que amaba los perros”, y sabe qué les pasa a quienes se salen del libreto.

En Colombia, el precandidato Petro, en un discurso que se puede rastrear en la red, tuvo un gesto desafortunado con el vapuleado país. “!Qué Ucrania ni qué ocho  cuartos!”, dijo. Y siguió lagarteando voticos con esa prosa suya que arrastra las consonantes finales.

Desde la invasión, han llovido tantos vetos sobre diplomáticos y  deportistas rusos que a estos últimos les tocará jugar al solitario, ajenos como seguramente lo son al atropello contra sus vecinos ucranianos que responden con jaculatorias y palomas a los misiles de los  bárbaros. 

Es tal la desproporción del armamento utilizado que  el presidente ucraniano Volodímir Zelenzki notificó en reciente discurso a la nación: “… cuando ataquen, verán nuestras caras, no nuestras espaldas”.

Felizmente, hacen nube los ajedrecistas soviéticos que le han dado palustre y esplendor al juego.  Por ejemplo, el excampeón mundial Boris Spassky quien mejoró mi hoja debida derrotándome en unas simultáneas en Bogotá.

Como este Nostradamus de tierra fría que soy yo, jamás imaginó que el exdetective Putin invadiría a su vecino, no me empleé fondo contra Spassky. Gustoso lo habría dado mate, no por él , que es un caballero, sino por el gélido bípedo que tiene empanicada a la aldea global, incluidos las piedras y los metales.

(Le pedí al funcionario que cuida el cuarto del botón nuclear que si llega el hombre que entró a la historia por la puerta falsa, no le preste ni el baño). 

Hace tiempos, Spassky  vive en los parises de la Francia. También emigró el campeón durante 20 años, Garry Kasparov, armenio, crítico de Putin a quien intentó derrocar.  Habría  votado  por el hombre a quien le coroné autógrafo, como Spassky.

Otras inmortales del ajedrez como el genial Mijail Tal y el apátrida Korchnoi libraron en su momento  desigual batalla contra la cúpula que convirtió el ajedrez en arma política.

La Lisístrata del título de la columna no jugaba ajedrez. Es un personaje de una comedia de Aristófanes. Se necesita una Lisítrata rusa, modelo 2022, que como la ateniense les proponga a las mujeres de su país que les cierran las piernas a los invasores, o de aquello, el gustico, cero pollitos.

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