Desvertebrada: Historias de locos bajitos (40)

Foto Sofia, ocho años, pinta el arcoiris que se refractó en el piso través de una ventana (Foto Mamá Cotela).

Por Oscar Domínguez Giraldo, Medellín

Nuevamente, les cedo la palabra a los bajitos con otra tanda de historias de carne y hueso en las que nos dan sopa y seco en materia de sensatez, poesía, asombro, sentido común, sensibilidad, amor, humor:  

Diálogo entre hija y madre: 

lona: ¿Quién inventó las palabras, estas que estoy diciendo yo? 

Mamá: – Las primeras personas se pusieron de acuerdo e inventaron las palabras para poderse comunicar 

Ilona: ¿Y de dónde vienen las personas? 

Mamá: – De otras personas 

Ilona: ¿Y de dónde viene la voz? 

Mamá:- De aquí adentro (la garganta) 

Ilona: Gracias por tus preguntas, mami. 

  • El padre le hace al hijo la inevitable pregunta: qué quiere ser cuando ser grande. “Jubilado, como mi abuelito”.  

Bridger, de seis años, el  niño héroe que salvó a su hermanita del ataque de un perro en Estados Unidos: “Si alguien debía morir, tenía que ser yo”.  

Llevé a Toña, mi hija, a ver Bambi. Para ella no hay nada más horrible que pensar que una mamá se muere. Cuando la mamá de Bambi muere en la película mi hija lloraba en silencio. Entonces le pregunté: «Amor, ¿estás llorando?»,  y me contestó: «No, mami, no estoy llorando, son mis ojos que lloran solos». 

  • Mami, yo creo que puedo cambiar el mundo. 
  • ¿Cómo? 
  • Haciendo que la gente no use armas ni coma animales. (Sofia, ocho años) 

     
  • Papá, ¿crecer tarda mucho? (Dominique Fabián, seis años) 
  •  
  • El hecho de haberle  enseñado a Silvia, una de mis sobrinas más amadas, la palabra luna, me convence de que no he vivido en vano.  Dijo «unga» mucho antes que los tradicionales papá y mamá.

     

“Yo escribo como si estuviera hablando dormida”, le dijo la poeta María de las Estrellas, a la editora de su primer libro que le publicó a los 7 años en forma de antología de sus cuatro años anteriores. 


El padre: “Marcela (tres años)  te vas a caer…”
 “Papito, si me caigo, me recojo.” 

Felisa, la nana  oriunda de Tadó, Chocó, se quejó por falta de dinero. Jacobo le dice: Felisa tú eres boba: Hay una casa que se llama banco, mi mamá entra y le dan dinero. Vé allá. 


El abuelo le dice a su nieto de ocho años: Emilio: Vamos a rezar. Emilio le responde: abuelo, no quiero. El abuelo insiste: Si no aprendes y no te gusta rezar, entonces no vas a poder hacer la primera comunión. Guadalupe, su hermanita menor de cuatro años que estaba presente en la conversación, responde de inmediato: “Abuelo, si no puede hacer la primera comunión, entonces que haga la segunda”.    

  • La mamá  se jacta de lo mucho que ha crecido Lucas, su hijo de cuatro años: «Hoy, al despertarse me ha dicho que ya era muy mayor, porque a los dos años no le gustaban el huevo frito ni los champiñones, ahora sí. – ¿Qué más cosas no hacías con dos años y que ahora ya consigues hacer?, le  pregunto. – No hablaba bien mamá, entonces ya pensaba que te quería mucho pero no te lo podía decir.

     

VIEJAS  

Mi hijo me preguntó si los pájaros inventaron el viento al mover las alas y si la policía hace controles de melancolía. 

Los lobos no se ponen chaqueta porque tienen pelos hasta las patas (Matías, 4 años). 

Me dice Ilona, mi nieta: Tu oído está sin energía porque no tiene secretos. Le pido que me cuente uno. El pequeño tsunami de dos pies me dice al oído:  “No vayas nunca a Rusia”. 

Ser corrupto es una ley cultural que queremos desobedecer. (Fragmento del manifiesto de los niños en un taller convocado por Comfama en el congresito Los niños tienen la palabra). 

Diálogo 

Simón (5 años). —¿No es cierto, papá, que Dios ve…? 

Fernando (6 años). —¡No ve, porque es un espíritu…! 

Simón —¿No es cierto, papá, que Pierrot (un perro muerto) está en el cielo? 

Fernando —¿Y por qué no se van los animales para el cielo? 

Simón —¡Pierrot está comiendo ahora en el cielo y no le pican las pulgas! 

Fernando —¡Las pulgas también se van para el cielo! ¿No es cierto, papá, que Pierrot tiene pulgas en el cielo? Fuente: (Fundación Otraparte.org) 

A los nueve años, María Eugenia les daba este consejo a sus amiguitas: Para saber si alguien te quiere, míralo a los ojos. Allí leerás el letrerito de que te quiere. 

Cuando a una niña le dieron la noticia de que había muerto uno de sus abuelos, comentó: «Siquiera tenía dos…». 

Una niña llamó al escritor Eduardo Caballero Calderón para hacer una tarea del colegio. Primera pregunta de la reporterita: ¿Cuándo naciste? – Pues … el 6 de marzo de 1910. – ¿Y cuándo moriste? 

De José Emilio Pacheco, mexicano: “…la poesía está en el propio lenguaje. Basta pensar en lo que preguntan los niños. Cosas como: ¿Adónde van los días que pasan?“.  

De niña, cuando visitaba librerías, María Isabel se comía las puntas de los libros. Contaba que era su forma de aprender cuando aún no sabía leer. 

 

El arte es una historia que se puede pintar (María Paula, cinco años). 

 “Mami, ¿cierto que todavía no soy virgen?”, Paola, 7 años. 

Mami, yo duermo en la cama, pero ¿dónde duermen mis sueños? (Andrés, 3 años. (Del libro Palabra de niños). 

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