Desvertebrada: Gracias, Umberto

El Papa Francisco en febrero. ODG

Por Oscar Domínguez, Diario El Colombiano, Medellín

Si estuviera en los zapatos rojos del Papa Francisco, le escribiría este correo al excandidato Humberto de la Calle:

Foto comarcaliteraria.blogspot.com

Caro Umberto (en El Vaticano nos tragamos la hache).

Otros diez ateos como usted y estamos salvados. Lo digo por su columna del domingo en El Espectador. A veces me alegra que no lo hayan elegido presidente pues nos habríamos perdido sus columnas.

No lo excomulgaré porque se haya solidarizado con la Niña Mencha (¡qué mina, che!) quien se dejó venir con un trino que alborotó el obispero: “Yo no sé por qué tanto facho es fanático de Jesucristo, el más mamerto de todos. El mamerto de los cielos”.

Usted le dio al trino el estatus de piropo a Jesucristo. Le pongo papel carbón a su exégesis.

Trinos aparte, les he ordenado a los curas católicos que se engullan su columna para que aprendan a leer al Galileo.

En la próxima entrevista que tenga con mi presidente Uribe, perdón, con el presidente Duque, le intrigaré para que lo nombre embajador ante el Vaticano. Mi tocayo Jorge Mario es un buen pibe, me trajo carriel, sombrero aguadeño y poncho, pero no creo que se haya leído los cuatro evangelios completos. 

Me cuentan mis fuentes de alta fidelidad celestiales que su educación hizo la primaria en ateísmo en el colegio Nuestra Señora de Manizales, ciudad construida contra la expresa voluntad de Dios, como dijo un poeta que tampoco voy a excomulgar. A esa metáfora solo le falta música de Piazzola.

Confieso que me gustó más su columna que los diálogos que me inventan en la película “Los dos papas”. No los hemos demandado porque les llenaríamos todas las salas de cine de la parroquia global.

Muy entre nos, le cuento que mi antecesor está feliz con la película porque sale mejor librado.  Yo quedo como el que dijo Ratzinger. Pero por reglamento los papas en ejercicio no podemos salirnos de la sotana.

Entrado en gastos, debería darle la razón también a su paisana caldense Marujita Vieira quien tuvo el bello detalle de nacer hace 97 años, el 25 de diciembre. ¿Sabe qué dijo Marujita? Que a su hermano Gilberto, secretario perpetuo del Partido Comunista, lo echaron del Instituto Universitario de Manizales por haber graduado a Cristo como el primer comunista de la historia. (También mi cargo es a perpetuidad: los extremos se juntan).

Yo no lo habría echado. Lo habría llenado de indulgencias plenarias.

Pero como no hay  mal que por bien no venga, el camarada Vieira fue a templar a Bogotá. Tremendo carrerón político el que hizo. Claro que tenía más aire de testigo de Jehová que de siniestro camarada (digo siniestro porque en el pasado era la fama que tenían. Hoy cualquiera es comunista).

No nos quitemos más tiempo, caro amigo. Gracias, y no se olvide de “pregare per me”. Francisco

El gran mamerto: Margarita Rosa de Francisco tiene razón

Por Humberto de la Calle, Diario El Espectador, Bogotá

Le preguntaron: ¿Qué debemos hacer? Respondió: “El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene de comer, que haga lo mismo”.

Caminó con sus sandalias roídas y una túnica maltrecha, acompañado de los desposeídos. Señaló que no vale la pena atesorar en exceso. “No puedes servir a Dios y al dinero. No debes llenar tus alforjas porque el obrero merece sustento”. Bebió el agua que le ofreció la Samaritana sin consideración a que pertenecía a un partido rival. Aunque los falsos moralistas lo acusaron, le tendió la mano y el perdón a la pecadora. Expulsó a los mercaderes del templo. En el desierto le ofrecieron gloria y mermelada, pero la rechazó porque su designio no era sojuzgar. No era obtener poder para esclavizar. Para distribuir de manera mezquina las camas en los hospitales ni los cupos en los colegios. “Ay de los hipócritas que recorren mar y tierra para hacer un prosélito y luego lo aprisionan, cautivo de su poder”.

No era un revolucionario (pagad tributos, al César lo que es del César), pero sí estaba poseído de una vibra distinta, una empatía superlativa y un sentido trascendente de la vida.

Y sentenció: Bienaventurados los que trabajan por la paz.

Haya sido o no hijo de Dios, dejó un mensaje grabado en Galilea, replicado luego por un Francisco en Asís y ahora por otro Francisco que le dice a los jóvenes que no vale la pena gastar la vida compitiendo a dentelladas para ver quién gana el campeonato en la carrera del consumo, el oropel y la destrucción de la casa común. Un Francisco que alzó la voz aquí, en esta tierra, cuando veíamos el horizonte de la paz, para pedir que voláramos alto, que no nos dejáramos arrebatar la alegría.

Por fin, el barbuchas galileo denunció a los traficantes del odio, a los fariseos que fingen adoptar su mensaje, pero solo para empatar después del rezo. Los que repudian al que es distinto, los que siembran la cizaña de la persecución con falsedades sin cuento en las redes sociales, los que encubren la verdad, los que engrosan el P y G aunque la mayoría sufra un destierro en vida, los que quieren edificar una República invivible. Una República solo para los afortunados. Porque los de afuera, los abandonados, los de la Colombia profunda, esos no cuentan. Son apenas cifras mudas, detritus de seres humanos a los que se les persigue cuando alzan la voz o simplemente se les condena al olvido: hombres y mujeres invisibles, hechos de celofán.

Entonces, que estos escribas y fariseos no vengan ahora a romperse sus vestiduras y a poner el grito en el cielo. Por fuera de consideraciones religiosas, ese galileo que agotó las arenas de Cafarnaúm y Nazaret debe mirar asombrado que ellos, escribas y fariseos, quieren apropiarse de su mensaje y de su inspiración con el propósito de alentar un proyecto que es la negación del que signó la breve vida del aprendiz de carpintero. El mensaje que lo llevó al Gólgota.

Margarita Rosa tiene razón.

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