Desvertebrada. Goleada 5-0. Ñapa, Verde que te quiero verde

Bohemia con agua aromática en compañía del maestro Alexis García, técnico de La Equidad, y sus hijos Julián Andrés y Álvaro Felipe, administradores de empresas de EAFIT.

Por Óscar Domínguez Giraldo

Decía la madre de Serrat que uno es de donde comen sus hijos. Los nuestros comen en USA y Australia. Ante la ausencia de Colombia en el mundial de Catar por abundancia de escasez de fútbol, como diría Cantinflas, haré fuerza por estos seleccionados. 

Es como hacer el amor por wasap, pero “pior es nada”. Fútbol sin alegrarse o sufrir por algún equipo es tan insólito como el soneto sin tercetos. 

Motivo adicional para pujar por USA, así tenga un tuitero (Trump) que espanta: el samario Jesús Ferreira está infiltrado en sus filas.

Hay otras opciones. Por ejemplo, Costa Rica, que a pesar de no tener ejército, acaba de clasificar en una instancia que tiene un nombre infame: repechaje. 

Hablo de hacerle fuerza a los ticos porque su técnico, Luis Fernando Suárez, es de por aquí. Su alegría será la nuestra, de su asistente bogotano, John Jairo Bodmer, y de Iván Niño, preparador físico. Niño es santandereano, y estos están de moda.

La cosa no termina ahí: me informan mis fuentes balompédicas que el analista VAR, Nicolás Gallo, es árbitro ibaguereño.

Faltaba más no estar con Canadá: uno de sus “ágiles”, Jonathan Osorio, nació en Toronto de batea y mecedor colombianos.

Imposible dejar por fuera a Ecuador que cuenta entre sus gladiadores a un crack nacido en Tumaco, Nariño. Cuando Chile puso el grito en el cielo por la presencia allí del paisano nuestro y la crónica barajó la opción de que Colombia podría pescar en ese río revuelto, retomé las clases de árabe. 

No debería decirlo pero entre los equipos que he mencionado no hay con qué hacer un caldo. Pero lo dicho, dicho está.

Confiemos en que los organizadores llamen a Shakira post Piqué para que mueva las caderas en la inauguración. O a J. Balbin, Maluma o Las Hermanitas Calle. Démosle una oportunidad a la paz y a la música de carrilera.

Mientras llega el mundial toca consumir el menú casero. El campeonato está en su fase final con Nacional en magnífica condición de sumar otra copa. Aunque Ripley no lo crea, lamento que el DIM se haya quedado prácticamente por fuera.

A los parientes y amigos que aman al Medellín hasta cuando gana, como el poeta Roca, les he ofrecido el hombro para que lloren y dejen lágrimas y mocos allí. 

Se me agotaron las existencias de valeriana con algunos. Ahora, si el dolor es muy grande, compartiría la cannabis medicinal que me recomendó el doctor. Aunque mejor no: esa cannabis necesita prescripción médica. Chupen por “perderosos”.

El título de esta nota habla de goleada. Me explico, Fico: Deliberadamente me he abstenido de hablar de política en esta columna. Solo diré que como el voto es “secretolfo”, el domingo tiraré la moneda al aire. Ojalá no me caiga por el lado de la soledad, como en la canción de Calamaro.

“Verde que te quiero…”

Atlético Nacional tuvo el detalle de nacer meses después de que la cigüeña se desembarazara de mí. El verde acaba de clasificarse a la final del fútbol. Esperamos rival para atenderlo. Le queda cuesta arriba, pero si es nuestro vecino de al lado, el Poderoso DIM, bienvenido. También nos gustaría que fuera La Equidad, del maestro Alexis García. Pero el hombre propone y el Tolima dispone. 

Hace setenta y pico de años nacíamos liberales o conservadores, católicos o católicos. El libre albedrío solo alcanzaba para escoger equipo de fútbol.

Los mortales tenemos fecha de vencimiento como ciertos remedios.  Los equipos renacen con el último gol que hacen. O les hacen.

Con el maestro Alexis García y su arma secreta, el Panelo Valencia, de mucho almuerzo con alumnos del colegio de La Equidad, en la sede del norte de Bogotá…

Nacional y yo estamos cómodamente instalados en la “vejentud”, ese híbrido de vejez con juventud que algunos procuramos vivir. 

Cuando empecé a ejercer el oficio de hincha, la vida, el cine, la fotografía y la televisión eran en blanco y negro, los colores de la nostalgia.

Soy nacionalista por llevarle la contraria al tío Aníbal que me regaló el fútbol. Él era hincha del poderoso DIM. Me invitaba a los clásicos al Atanasio Girardot con la secreta intención de reclutarme para su secta roja. Respetó mi decisión de pujar por el Atlético..

Si no había invitación a los clásicos,nos esperaba la tribuna de gorriones, previo paseíllo por las Martes (canchas) donde los principiantes, jugando para nadie, ante la tribuna vacía,  se jugaban el pellejo en cada amague.

Pero el tiempo pasa y mi sectarismo de verdolaga quedó atrás. A estas alturas del partido no derramo un niágara de lágrimas si pierde. Tampoco quiebro la porcelana china comprada en El Hueco en la derrota. La última vez que visité el Atanasio, me salí en el medio tiempo.

Veo el fútbol relajado. Copiándome de Eduardo Galeano voy por el mundo pidiendo la limosna del buen fútbol. Venga del guayo que viniere. Pienso que “el fútbol es la recuperación semanal de la nostalgia”.

Agradezco chilenas, escorpiones, túneles, taquitos, goles olímpicos, paredes, bicicletas. En los tiros libres sufro por todos los integrantes de la muralla china de testículos que se forma. Son candidatos a eunucos. A nombre de sus familiares exijo eliminar ese brutal ceremonial.

La semana, la vida, valían la pena por la llegada del domingo. Saber que  jugaría Humberto “Turrón” Álvarez aliviaba cualquier tusa de amor platónico porque la pecosa de diez años de la otra cuadra no me determinaba. Saber que Chonto Gaviria cuidada los intereses del Nacional, nos hacía bailar en una sola pata.

En los partidos entre barras jugábamos para nosotros mismos. Lo hacíamos por amor al arte. Ahora al arte le meten al “poderoso señor don dinero”. Jugábamos en todos los puestos.  Es más: éramos los árbitros de nuestros partidos

El futbol se jugaba los domingos. Ahora exprimen a los futbolistas sin miseria. Vivimos la explotación del hombre por el gol, dicho en la jerga de los “socialbacanos”. No les dan tiempo de jugar por placer que es como amar sin amor.  Pero el tiempo útil del futbolista es corto y toca apretar el acelerador para aliviar los problemas de chequera de una vez por todas.

No era necesario ir al estadio para disfrutar del juego. La radio que hacía las veces de televisión e internet nos mantenía informados. Así viví anoche el partido en el que Nacional derrotó al Júnior y se clasificó a la final. 

Sufrí como cuando era “anticristo de la calle”, o chinche en las calles o en las mangas o peladeros de Aranjuez, Berlín, El Cairo, la Escuela de Ciegos y Sordomudos, Santa Cruz, La Piñuela, Manrique, Campo Valdés…

Locutores de la talla de Jaime Tobón de la Roche o Gabriel Muñoz López nos suministraban la información necesaria para hablar de ese delicioso opio del pueblo que es el fútbol en el que “el verde que te quiero verde” tiene la opción de decir: aquí mando yo. (Líneas pasadas por latonería y pintura. Publicadas inicialmente en El Colombiano).

Sobre Revista Corrientes 5671 artículos
Directores Orlando Cadavid Correa y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo williamgiraldo@revistacorrientes.com

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*