Desvertebrada. Feliz eternidad, maestro Elkin

Elkin Obregón (Q.E.P.D.) Foto El Colombiano

Por Óscar Domínguez G.

No me alcanzó la ropita en esta encarnación para coronar un guaro en la buhardilla  de Elkin Obregón. En cambio, conservo una carta suya manuscrita en la que solo habla de ajedrez, una de las tantísimas disciplinas que cultivó. Ese juego hermana por lo alto a quienes lo disfrutamos.

Este domingo 23 de enero, hace dos años, el anacoreta urbano más acompañado, visitado y admirado del Valle de Aburrá y kilómetros a la redonda, abrió el paraguas y voló al Walhalla de los mimados por musas de todos los pelambres.

Sus amigos de la librería Palinuro, lo despidieron con un obituario contundente: “Fundador de lecturas, fundador de ilustraciones, fundador de memorias y amistad. Con dolor profundo en esta alma de la librería les contamos que hoy se nos fue Elkin Obregón, quien junto con otras tres personas afortunadas crearía Palinuro hace cerca de dieciocho años. Luego pensaremos en un homenaje digno a su inmensa figura. Por ahora, el deseo de que nuestro navegante haya llegado a su mar en calma; a la balsa de las letras, que siempre fue su propia salvación”.

Medio Medallo acudía a él en busca de luces. Más de uno nos enriquecimos lícitamente de su talento. Encimaba su talante. Si no le preguntaban algo, lo convertía en caricaturas, libros o publicaciones como El Colombiano, El Mundo, La Hoja o su  carnal Universo Centro que convirtió en libro (“Caído del zarzo”) sus columnas en ese periódico al que cuestionó por haber desterrado de sus páginas el ajedrez y los crucigramas.

Nada de lo cultural le fue extraño. Obregón era otra muestra de que a Dios la imparcialidad no es grillo que lo desvele: a unos les carga la mano, a otros nos reduce a simples aplastateclas o escribas. Gracias mil,  en todo caso. No voy a despotricar del oficio que me ha dado de comer y de beber. (Tagore decía que el bosque sería muy triste si solo cantaran los pájaros que lo hacen bien. Y cito de memoria).

Elkin, hecho en Medellín, era licenciado en filosofía y letras, pintor, dibujante, diseñador, traductor, cuentista, amante del ajedrez, conversador, escucha, ensayista, lector, fumador de horas extras, columnista, una caja de música, sin enemigos a la izquierda ni a la derecha, caricaturista y “mal poeta, pero poeta”, en sus propias palabras.

Nada de practicar el inútil pecado de la envidia. Obregón se daba a manos llenas. Ponía tareas, regalaba argumentos para columnas, cuentos, novelas. Dicho en términos balompédicas asistía a para que los demás hicieran los goles.

Como compartíamos devoción por el ajedrez, le envié  varias de mis crónicas sobre ese juego que también es de azar.

Esta fue su generosa respuesta:  Ilustre Óscar, mil gracias por el envío de tus «bocatti» ajedrecísticos. Piden a gritos ser libro, bien editado, bien diagramado, bien ilustrado («Papá Google» ofrece tesoros, sin contar con tu archivo personal, que imagino muy bien surtido). Ánimo. Un abrazo, Elkin.  P.D. Además, muchos temas te quedan todavía en el tintero. Sugiero humildemente uno, sobre Nabokov, urdidor de problemas de ajedrez…

Edito mi revirada: Apreciado Elkin, celebro que te hayan gustado. Ojalá sea un bocado de cardenal y no un sobrado de acólito.  Tiene mucha errorcillo esta primera revisión, pero es con mucho gusto (?¡). Ves el gusano donde los mortales no vemos la res. Gracias por la primera sugerencia. De  Nabokov, ducho en Lolitas, leí asombrado su novela La Defensa en la que el ajedrez es el rey, la reina, todas las piezas”.

Y a dos años de tu muerte, que te sigas fumando la eternidad que te tocó… (Foto pirateada, perdón, bajada con horqueta de Internet).

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