Desvertebrada. El nonagenario menor

Gonzalo Castellanos, hoy decano de los cronistas. Foto ODG

Por Óscar Domínguez G.

Colecciono amigos nonagenarios. Es mi truco para durar más. Tampoco demasiado. Siete marcan con el nueve adelante. Deberíamos sacarles cría.

De los siete, cinco son católicos, dos, ateos inofensivos. Cinco son paisas de toda la cayana, dos son aconductados santandereanos. Nada de darle en la jeta al prójimo.

El decano de esta población longeva es el cronista mayor Gonzalo Castellanos, de Málaga, Santander,  quien cumplirá 97 años en noviembre (foto del álbum familiar). Se dedica a leer y a tararear sinfonías de Mozart, Beethoven y amiguitos.

Gonzalo Castellanos de cuerpo entero. Foto álbum familiar

Le respira en la  nuca en edad el maestro Guillermo Angulo, de Anorí, Antioquia. Tiene 94 abriles, estuvo secuestrado por las FARC   y ejerce como abuelo de Martín. Ateo y orquideólogo, después de los 90 escribió unas sustantivas y sustanciosas memorias  tituladas “Gabo+8”.

El historiador santandereano Antonio Cacua Prada, cumplió 90 a principios de 2022. En ese momento llevaba 140 libros. Como se agacha y se le cae un libro, debe andar por los 150.

A los 90 y monedas, el padre Diego Jaramillo, yaramuleño, es la reencarnación en vida del padre García-Hereros. Sigue al frente de la tienda  (El Minuto de Dios). 

Delimiro Moreno, nonagenario de Bello, Antioquia, periodista e historiador, se defiende como ateo y hombre de letras en Neiva. Pensó suicidarse, pero desistió cuando leyó en  un grafiti que el suicidio puede ser peligroso para la salud.

El benjamín de los nonagenarios es monseñor Guillermo Melguizo Yepes, de Santa Rosa de Osos. Cumple 90 años la víspera del Día de las Brujas. Comparte paisanaje con Barba Jacob, Rogelio Echevarría, Bernardo Hoyos, fallecidos, y  con el poeta Darío Jaramillo Agudelo, felizmente activo.

Monseñor Guillermo Melguizo. Foto Miguel Menéndez (Colprensa)

Nos Melguizo fue ordenado sacerdote por monseñor Miguel Angel Builes a quien le mencionaban un liberal y se le dañaban la confesión y la comunión. 

Nos Melguizo fue  capellán de Palacio en tiempos del presidente Samper.  Explica que un capellán tiene bajo su responsabilidad a un grupo pequeño de personas para atenderlas espiritualmente.

Paralelo a la capellanía, le hacía la segunda en el Palacio Arzobispal al  cardenal Pedro Rubiano para quien es  imposible no darse cuenta si hay un elefante en el jardín de la casa. (Aludía a la presencia de dineros calientes en la campaña de Samper).  Con oficinas en los sedes de los poderes espiritual y político, Nos Melguizo pecaba y rezaba; teológica forma de empatar.

Lleva una dieta a base de rosarios, misas y pecados perdonados. Hizo estudios filosóficos, teológicos y de derecho canónico en la Universidad Javeriana; tiene diploma en pedagogía eclesiástica de la Complutense de Madrid. Durante ocho años fue Secretario adjunto del CELAM. 

¿Qué es un cura?, le pregunté a quien hace las veces de pararrayos entre Dios y sus feligreses: “Un cura es un creyente vertical, una persona profundamente humana, con una capacidad de entrega y de servicio que da testimonio  sacerdotal de presencia discreta de Iglesia”. Japibedtituyú, Nos Melguizo.

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