Desvertebrada: Día de acción de gracias, Ñapa, Acción de gracias, aspecto histórico

Ilustración Getty Images

Por Oscar Domínguez Giraldo

Gracias, USA 

Como tengo varios agradecimientos pendientes con “los hermanos pudientes del norte”, como llamaba el general Torrijos a Estados Unidos, empiezo a desatrasarme este día que serán sacrificados millones y “millonas” de pavos, menos el indultado por Trump que ¡por fin! está de trasteo. 

Lo he contado antes pero con otro vestido. Gracias a los hermanos carapálidas, hace 43 años estrené pasaporte en inmigración de Miami cuyos funcionarios me miraron feo. De una les parecí sospechoso. Me pegaron feroz esculcada. Cero perica. 

No hubo llaves de la ciudad para este Marco Polo de tierra fría. En cambio, sufrí el primer tsunami tecnológico cuando llamé por teléfono a un amigo que me haría un tour mientras seguíamos a Washington, destino final. 

Una voz varonil que salió al teléfono dijo de pronto. “El teléfono que está marcando no existe”. Salí huyendo de un teléfono que hablaba mejor español que yo. 

El Mono Jairo Flórez Vélez, envigadeño, con quien nos volamos de casa en la juventud para conquistar el mundo, se escapó del tour. (Los tres aventureros – el otro era Fabio Muñoz- regresamos un mes después a la comodidad del hotel mamá donde teníamos asegurados los tres golpes). 

Chuleado Miami, volamos a Washington donde se firmaría el tratado Torrijos-Carter que le devolvió el Canal de Panamá a sus legítimos dueños. 

Instalados en la ciudad donde nadie es importante, en otra pausa de aeropuerto, descubrí una máquina a la que la gente se arrimaba y ¡salía con una Coca-Cola en la mano!  

Me acerqué al mágico aparato para ver su funcionamiento. Vi una ranurita y leí: Dime. Entonces le pedí pasito: Una Coca-Cola. Todavía espero mi bebida. 

En algún  momento me perdí en Washington. Llamé al colega que estaba al mando, Jorge Enrique Pulido, quien me sugirió que mirara algún punto de referencia para orientarme.  

Vi unas señales de tránsito: One way. Entonces le dije, feliz: Estoy en one way con one way. Soy deudor moroso de esas señales de tránsito que me regresaron con mis colegas de Todelar Pulido, Marta Montoya y Fernando Álvarez. 

¿Cómo no agradecerles a los hermanos yanquis si el presidente Carter me invitó a la Casa Blanca primero y luego a Blair House, de la mano de Torrijos y de su comitiva que incluía al futuro Nobel García Márquez y al presidente López Michelsen? No se perdió ningún cenicero ni un jarrón de no sé qué dinastía que me pareció el carajo para lucirlo en casa. 

Gracias, USA, por prestarnos el cielo entre Washington y Nueva York. En ese trayecto, López nos invitó a copa de champaña en su avión Fokker para despedir la visita. 

En Nueva York conocí unos vehículos largos como perros salchichas. Son las limusinas, rascacielos acostados, en las que los vanidosos de la parroquia global sacan a airear su ego. 

La última ciudad gringa que visité hace poco también fue Miami. En casa de nuestros anfitriones una noche un aparato sospechoso nos interrumpió el sueño. Me acordé de Orson Welles y creí que nos habían invadido los marcianos.  

Era un robot, no los extraterrestres (odg)

Falso positivo: era un parsimonioso robot encargado de engullirse el polvo que se activa solo. Volví a creer en Dios. Gracias, USA, por los favores recibidos. 

ACCION DE GRACIAS, ASPECTO HISTÓRICO 

Por Leo Bello 

En años anteriores hemos tocado el tema del Día de Acción de Gracias en EUA, particularmente en lo referente a la costumbre de celebrarlo comiendo pavo entre otras viandas reconocidas como oriundas de estas tierras. 

Hoy, sin embargo, quisiera recordar el aspecto histórico de la celebración. La narrativa predominante es que los peregrinos y puritanos que llegaron en el viaje de la nave Mayflower celebraron uno o varios años después de su arribo una ceremonia de agradecimiento por la nueva vida y la bondad que encontraron en la nueva tierra que los acogió. 

El Mayflower era un navío de carga y un grupo de cerca de 100 aventureros lo fletó en 1620 para traerlos a la recién descubierta América. Los historiadores dicen que partió de Plymouth en Inglaterra pero no tienen total certeza del lugar de llegada pero se cree que fue Jamestown, Virginia. 

Como haya sido, después de instalarse en su nuevo territorio los peregrinos iniciaron la costumbre, que ya traían de Europa, de celebrar una festividad de agradecimiento al final de una exitosa cosecha. Sin duda era una celebración de agricultores con una fuerte carga religiosa. 

 De hecho, esos peregrinos venían huyendo de Inglaterra debido a la intolerancia religiosa a su alrededor. La llegada a tierra americana significaba por tanto la libertad de ejercer sus creencias religiosas. 

De hecho una interpretación contemporánea de la festividad propone un paralelo con el éxodo del pueblo judío, donde los peregrinos serían el pueblo de Israel, el esclavizante Egipto sería Inglaterra, la tierra prometida de Canaán sería América, y el mar Rojo sería el océano Atlántico. Lo cierto es que la festividad en su origen tiene tintes claramente bíblicos. 

Una ilustración sobre el tema por el famoso artista gráfico americano Norman Rockwell.
Creo que nadie mejor que él logró describir gráficamente lo que muchos nos esforzamos en vano para decir en palabras.
(Norman nos mira feliz desde el extremo inferior derecho).

Sin embargo, es muy interesante observar que la celebración se transformó a lo largo del tiempo en una festividad casi por completo laica y son muy pocos los tonos religiosos de la festividad actual. En ese sentido es un feriado no sólo federal sino esencialmente seglar. 

La forma actual del día festivo la oficializó el presidente Franklin D. Roosevelt y la realidad es que se ha transformado, como muchas otras cosas de nuestra cultura contemporánea, en una oportunidad para el comercio y los coqueteos del mercadeo de consumo. Mucha gente ha perdido lamentablemente la conexión con el motivo de la celebración. 

A comer pavo se dijo… 

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Directores Orlando Cadavid Correa y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo rcorrientes@revistacorrientes.com

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