Desvertebrada: Desvaríos sobre don Otto Morales Benítez

Otto Morales B. Mosaico Independiente

Por Oscar Domínguez Giraldo, Medellín

Como Otto Morales Benítez cumpliría mañana cien años  le canto desde ya el desafinado japiberdi. Nació el 7 de agosto porque estaba tiqueteado para ser él mismo una fiesta.  

“Son los milagros del amor”, comentó al explicar cómo papá Olimpo y mamá Luisa, se las apañaron para acigüeñizarlo el día del aniversario de la batalla de Boyacá que regresó a los chapetones a sus paellas. 

Su taita le inoculó el virus de la política, mamá, parienta remota de Barba Jacob, le regaló la literatura. Entre los dos le encimaron la carcajada, en sus palabras:  “Es la alegría, libre, espontánea, frente a mil variables circunstanciales de la vida. Es una defensa contra la trascendentalidad”. Primero era la carcajada, después don Otto. 

Buscó la presidencia pero los colombianos lo querían tanto que le negaron semejante chicharrón. También arrimó el hombro para buscar la reconciliación pero se lo impidieron los “enemigos agazados de la paz. Son lo que nadie imagina”, aclaró sin aclarar en una de las tantas entrevistas que le hice. 

Don Otto y Barba Jacob  comparten inmortalidad reencarnados en cabezas de bronce cerca del auditorio de la Casa de la memoria, en la Biblioteca Piloto. Se acompañan y monitorean de reojo. (Foto)

La cabeza fue un regalo de  Arenas Betancourt, su cómplice de bohemia cuando se aprendía los códigos en la facultad de derecho de la UPB, en Medellín. 

Cualquier día, el abuelo Otto apareció en la Piloto con enguacalador dispuesto a llevarse su bronce. “No”, le dijeron rostros de malencarados lectores que impidieron el desalojo de la cabeza. Arenas Betancourt, quien “lo amaba como a un hermano”,  fotocopió la cabeza, también en bronce. 

Esa cabeza está en poder Adela y Olympo, los hijos encargadas de guardar y perpetuar el legado del célebre abuelo a través de una fundación. Un tercer hijo murió un día que Dios tomó compensatorio. (“Abuelo que no dé lora, no sirve”, me comentó). 

El escéptico Arenas también le regaló un Cristo que montaba guardia en la oficina de abogado en el edificio Colpatria a la que madrugaba a trabajar con vigor de seminarista célibe.  

El año del centenario se vino con todo y coronavirus, pero los hermanos Morales siguen regando el pensamiento del prolífico autor como quien cultiva orquídeas. Hay doble guardián en la heredad. 

Nada le fue ajeno durante su travesía que plasmó en más de 120 libros, bajita la mano; medio centenar hacen paciente cursillo para póstumos. 

Se agachaba y se le caía un libro, decían del ensayista de Riosucio. “No se me cae uno, se me caen todos”, y soltaba una carcajada que espantaba las palomas de la plaza de Bolívar. Le quedó por escribir un libro: “Las memorias de mi infancia que fue dulce y alegre”, como la de Anatole France, digo de mi cosecha. 

Era un tsunami de alegría, ideas, sencillez y amabilidad. Era de lavar y planchar. Se confundía con perplejos transeúntes que lo veían caminar de chaleco, gabardina y tal en la carrera  séptima o cerca de su casa donde montaba guardia un árbol que crece desde los tiempos de Murillo Toro. Tenía por guardaespaldas su propia vida. No tenía enemigos en ninguno de los puntos cardinales. 

Entre el humo y las carcajadas con el expresidente Carlos Lleras Restrepo. Foto Historia y Región

“Belisario negro”, lo llamó López Michelsen. “Fúnebre amigo”, lo rotuló  Belisario Betancur por leer obituarios con la misma pasión con la que devoraba chontaduros, el viagra natural. 

Teníamos profundas coincidencias… mecanográficas: Ambos teníamos máquina Olivetti Lettera 22. Don Otto escribía para la historia; yo tampoco. Escribo para su majestad el olvido. 

Le gustaba repetir: “No tengo quejas de la ternura”. “Te quiero tanto que cuando estoy contigo te recuerdo”, recitaba pensando en su esposa doña Livia Benítez. Sin temor al desmentido le pongo papel carbón a esos sentimientos. 

Al hombre que se declaraba feliz porque hizo lo que quería, nunca lo preocupó la muerte porque  “amo la eternidad” que se está gozando de sombrero Barbisio y paraguas que hablaba inglés. 

ÑAPA 

LA NOCHE QUE BB LANZO A OTTO 

Cualquier noche Betancur abandonó sus versos y su silencio mudo político de muchos años para lanzar candidato por fuera de su partido: un liberal caldense que tenían para mostrar en la muy conservadora Universidad Pontificia Bolivariana, de Medellín, donde ambos estudiaban derecho y ejercían la bohemia y el periodismo como modus vivendi. (La del dr. Otto era bohemía con agua aromática o tinto porque no le dictó el trago). 

El poeta Belisario se refería, por supuesto, a su amigo y antagonista político el exministro Otto Morales con quien intercambio anécdotas, coplas e historia sobre colonización en Caldas, en una tenida en la Fundación Santillana donde se celebró otro acto en conmemoración de los 100 años de la creación del departamento.  

Una estruendosa carcajada  –la de Morales Benítez- y un aplauso cerrado de la nutrida concurrencia que agotó la silletería, el vino y los pasabocas, avalaron la proclamación de  la candidatura de Morales Benítez . 

La cita reunió ilustres “viejocaldenses”, incluidos en este ficticio gentilicio figuras oriundas de Caldas, Quindío y Risaralda, muchos de los cuales no se veían las caras desde que los tres departamentos era uno. 

Varios de los asistentes se acercaron a Morales Benítez a ofrecerle sus servicios como jefes de debate. A todos, el prolífico ex ministro y exbuceador de  paz los despachó con una carcajada diferente. Una forma sonriente de decirle no a las zozobras de una campaña política a los 83 libros publicados y 25 en espera, según las estadísticas que manejó el presentador y anfitrión Betancur. 

Belisario dijo al final del acto que Colombia ha desperdiciado muchas inteligencias. De allí a  decir que una de ellas era la del hombre fuerte de Ríosucio y ensayista consumado que merece ser presidente, no había sino un paso.  “Todavía es tiempo”, remató el hombre que prefiere ejercer como poeta que como expresidente.  

BB revivió sus tiempos de reportero en La Chana (La Defensa), de Medellín, para interrogar a Morales quien respondió las inquietudes con la fluidez y la claridad que le son características.  

Siguiendo las reglas de juego para la ocasión, de pronto Betancur interrumpía a Morales para recordar, por ejemplo, las coplas que improvisaban en fondas de Titiribí sus paisanos Ñito Restrepo y Salvo Ruiz. BB recitó la trova en la que Ñito preguntaba “cómo la Virgen pariendo doncella pudo quedar”. Salvo Ruiz replicó con la conocida trova que empieza invitando a arrojar una piedra al lago… “se abre y vuelve a cerrar, así la Virgen pariendo, doncella pudo quedar”. ( 

Anécdota que muchos estudiosos aseguran que es bella pero falsa de toda falsedad. O dejémosla en inexacta, un voquible más amable). 

Morales Benítez no se quedó atrás y contó la anécdota que le transmitió en su momento el presidente Alfonsín, de Argentina, a quien acompañaban Betancur y a otras personalidades el día de su posesión.  

En algún momento, uno de los interlocutores le preguntó a Betancur si un pueblito llamado Medellín, donde murió Gardel, quedaba cerca de Bogotá. Belisario, a quien le quedó sonando lo de “pueblito”, lerespondió: “¿Y quién es ese tal Gardel?”. 

La manifestación se disolvió pacíficamente pero con un candidato liberal caldense lanzado por un conservador antioqueño dedicado ahora a la poesía y a la cerámica por cuenta de su mujer, Dalita. 

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