Darío Gómez: Amante de la vida y cantante del dolor

Dario Gómez (Q.E.P.D.)

Por Guillermo Romero Salamanca

Fue un hombre de paz, pero lo vi pelear varias veces.

También lo vi llorar.

Componía con un cigarrillo prendido, cantaba con una guitarra y escribía con letras grandes y dispares. «Esto está quedando una berriondera», decía. Esa era una de sus palabras para calificar que su tema sería un éxito.

–Darío, buenos días.

–Hombre Guillermo, ¿cómo estás? ¿Ya desayunaste? ¿Quiere un tinto o qué quiere home?, dejate atender…Ese era siempre su saludo.

Doña Olga competía por la atención. 

–Queremos pedirte un favor, Guillermo, dijo doña Olga. Resulta que el 25 de diciembre harán el Festival del Despecho en Monguí, Boyacá y le pusieron el nombre de Darío Gómez. Es una tierra muy generosa, pero ese día, Darío debe estar en una presentación en Sevilla, en el Valle. Entonces, ¿por qué no vas y representas a Darío en la ciudad de los balones?

–Pero es el 25 de diciembre.

–Si, claro.

–Pero no hay transporte.

–No sé.

Total, 25 de diciembre, muy de madrugada, Terminal de Transportes y primer inconveniente: no había servicio de buses a esa hora. A las siete, después de averiguaciones. Salió un automóvil con destino a Sogamoso. Luego tomar otro vehículo hasta llegar a Monguí, cuando ya son las 2 de la tarde. 

La gente esperaba al Rey del Despecho.

Luego de varias excusas, el público entendió la situación, presentaron a los invitados, comida, carcajadas, imitadores de Darío, mariachis, pero sobre todo canciones del despecho.

En definitiva, Darío había inventado ese género, venía de Los Legendarios y había dado un golpe de suerte que sirvió para que muchos talentos siguieran esa línea musical. Para Darío representaba la oportunidad de tener competencia, colegas y brillar en todas las presentaciones. 

La gente le quería, lo quiso y lo querrá por mucho tiempo. Le cantaban sus canciones, las pedían a las emisoras y sentían como propias cada una de sus letras.

Así como cantaban a voz en cuello en Monguí, también lo hacían en San Juan de Pasto, Pitalito, Bolívar Valle, Roldanillo, Manizales, Sotaquirá, Mitú, Ocaña o en cualquier lugar de la geografía nacional.

Su primera gran canción, «Nadie es eterno» la compuso luego de ver el cementerio de San Jerónimo  apreciar una buena cantidad de tumbas con calendarios muy cortos. Asombrado ante esa realidad, Dario compuso esa canción para contarle a la gente que la vida era muy corta y había que vivirla intensamente, El público la tomó como de tristeza y de despecho y la unieron al alcohol. Al ver esa situación, Darío, escribió «El rey del Despecho» y claro, la situación fue creciendo y vino a dominar el ambiente sentimental con «Sobreviviré» y después con el drama, «El caso de dos mujeres».

María Eugenia, una psicóloga de Bolívar en el Valle, sentía esas canciones y las cantaba a todo pulmón, decía que eran una terapia para tantos casos que debía analizar cada día. 

En cada municipio de Antioquia, Darío Gómez era simplemente un ídolo. Ya fuera en Yarumal, Amagá, Andes, Bolívar, Santuario, Girardota o la mismísima Medellín, en las calles, bares, cantinas, discotecas, tabernas y tiendas de barrio, sus canciones sonaban hasta el rockolas. 

Su fallecimiento sorprendió a Colombia y a sus seguidores esta semana

Cada día crecía su popularidad y con ello originó que muchas emisoras del país cambiaran su programación. Otras figuras como Luis Alberto Posada, Marbelle, Helenita Vargas, El Charrito negro y después una tanda de voces más pidiera cupos en esas estaciones y desplazaron talentos mexicanos y de otras urbes.

Darío siempre buscó la paz. Cuando vinieron los diálogos con las FARC quiso cantar en la firma, no quería más violencia en el país, le bastaba conocer tantas situaciones familiares para odiar esta maldita contienda.

Odiaba cuando un imbécil le pegaba a una mujer, ahí mismo dejaba a un lado su saco para buscar con puños en la jeta del personaje o cuando veía una injusticia, se salía de control, pero luego entendía las razones.

Una vez se acercó una muchacha, de escasos recursos, mal hablada y con vestimenta muy humilde. Le comentó: «Ay don Darío, yo también voy a ser famosa y voy a cantar algún día a su lado».

Compungido, Darío le dio el ánimo posible. Al final se abrazaron ante el deseo del éxito y ella le dijo, «¿tiene de casualidad algo que me ayude para el bus?» Darío buscó entre sus bolsillos y le entregó un dinero. Se fue cantando la muchacha y él comenzó a llorar.

–Esto es muy berriondo. Estas cosas me ponen mal. Yo sé lo que es sentir hambre y sufrir para que le pongan a uno una canción. Dios quiera que a ella le vaya bien.

Este 28 de julio, millares de colombianos se despertaron con la pésima noticia de su fallecimiento en Medellín. Las emisoras hicieron sendos homenajes. Desde la encopetada W, hasta la comunitaria de la población más lejana del país. Los noticieros de televisión abrieron sus emisiones con la noticia. Los diarios en sus portadas anunciaron el fallecimiento. Titulares de diversa índole hablaron sobre el hecho.

En redes sociales no faltaron los cretinos con destempladas frases y dibujos ridículos, pero también se notó el sentimiento generalizado. 

Empresas discográficas como Codiscos expresaban su dolor y Sayco colgó un enorme pendón en su sede de Bogotá, mostrando su pena y dolor.

De inmediato las plataformas musicales comenzaron a entregar a los seguidores cada uno de los 300 éxitos que impuso. Quedan grabados y por grabar otro tanto, porque Darío habrá para rato.

En Medellín el alcalde despertó hacia el mediodía para anunciar que su homenaje se haría en el estadio y el presidente de la república también lanzó al menos un Twitter sobre el hecho.

Más de 2.500 mensajes convirtieron en tendencia a las pocas horas el hecho de su fallecimiento. En Medellín sus seguidores acudían a la Clínica donde reposaba su cuerpo y lo esperaron por horas para cantarle sus canciones y brindar con aguardiente esos momentos.

Dario Gómez, el amante de la vida hacía que con su fallecimiento su pueblo, al que tanto quiso, sintiera un profundo dolor por su partida. 

Sigue tu paso Rey del Despecho hasta la eternidad. 

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com

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