¿Cuál peor: el investigado o sus investigadores?

Foto kienyke.com

Por: Cecilia Orozco Tascón

“La candidata Rosalbina tiene una pierna, en un ladito, y otra pierna, en otro ladito. Y yo creo que va a terminar descuartizada”. “Ja, ja, ja, ja”, fue la reacción de quienes escuchaban. El individuo que hablaba ante un grupo parado en la calle continuó, sin dejar de sonreír con sorna: “Es como si una dama se acostara en la misma cama, al mismo tiempo, con dos tipos. Esos tipos terminan peleando o sacándola de la cama”. “Ja, ja, ja, ja, ja”, se desternillaron las personas que atendían al misógino, entre ellas unas mujeres. Nadie protestó por la analogía sexista del individuo que, con aire de superioridad, intentaba descalificar a una candidata a la Alcaldía del municipio de Patía, Cauca, que estaba decidiendo a cuál partido político adherir para presentarse a elecciones (ver). El sujeto de las expresiones vulgares es el representante a la Cámara por la U John Jairo Cárdenas, al que sus amigos identifican como “un sociólogo, un intelectual experto en mitología griega y en la obra de Karl Marx”. ¡Cómo se nota que una cosa es la teoría y otra, la práctica!

Óscar Villamizar es representante, como Cárdenas, nació en Santander y pertenece a la colectividad política que más casa con su modo de vida: el Centro Democrático. Su historia es bastante florida: es hijo del excongresista conservador Alirio Villamizar, condenado a 10 años de cárcel por beneficiarse económicamente de una notaría y otras entretenciones (puestos y contratos de los que obtenía porcentajes, según noticias de la época) que le entregó el gobierno de Álvaro Uribe a cambio de votar a favor de la reelección presidencial, entonces prohibida por la Constitución; es hijo, también, de María Meneses Quintero, condenada a cuatro años de privación de libertad, por ser cómplice de su marido; la casa de la familia, en elegante barrio de Bucaramanga, fue allanada en la madrugada de un día de agosto de 2009 por orden de la Corte Suprema con un resultado sorprendente. Los investigadores del CTI encontraron fajos de billetes que sumaban cerca de $1.000 millones de pesos de la época, más dólares y otros elementos (ver). Por su parte, Oscarito se las trae: consiguió cargos en el sector público municipal y departamental con una facilidad impresionante; fue asesor del inolvidable cacique electoral Hernán Andrade, retirado de la actividad política cuando estaba en riesgo de ser involucrado en el “cartel de la toga”; aspiró a ingresar a la Cámara de la mano del condenado parapolítico Luis Alberto Gil pero como no lo logró, Richard Aguilar, el vástago de otro parapolítico condenado, Hugo Aguilar, lo nombró secretario general de la Gobernación; Oscarito, ni bobo que fuera, se acercó al partido del antiguo benefactor de su papá, es decir, al de Uribe. Y ahí está, elegido con votos cristalinos (ver).

Pues bien, estos prohombres de la Cámara de Representantes, Jairo Cárdenas y Óscar Villamizar, que son, también, miembros de la Comisión de Acusación (órgano que examina la conducta de funcionarios con fuero), se autonombraron investigadores del fiscal general en el caso abierto por denuncia de una veeduría ciudadana, después de que se descubriera el abuso de poder en que incurrió Francisco Barbosa durante su toma de San Andrés adonde fue hace casi un año, en junio del 2020 y en plenas pandemia y cuarentena, a pasar el puente festivo pero, en su explicación, dizque en “labores de trabajo”. Eso sí, estaba divinamente acompañado de su esposa, su hija, la amiga de su hija y dos de sus funcionarias preferidas: la esposa de su amigo, el contralor general, y la delegada Carmen Torres Malaver a quien, poco después, premió con traslado a su tierra natal, incluidos cargos para ella y su marido; en el avión destinado para su uso exclusivo, también iba, por supuesto, el contralor Felipe Córdoba (ver).

Esta semana, el dúo Cárdenas-Villamizar dio su “fallo” a sus colegas, a la velocidad de rayo: archivar la indagación contra Barbosa aunque no se desplegó acto alguno para verificar sus afirmaciones. Simplemente, le creyeron, ajá, por qué no, como dirían en la Costa, a pesar de que el grupo maravilla se alojó en un hotel de cadena (On Vacation) cuyo propietario, un extraño y rico empresario, resultó ser cercanísimo al gobierno Duque y benefactor de varias campañas electorales (ver). A la pareja “judicial” Cárdenas-Villamizar tampoco le importó que Barbosa —quien rompió, en mil pedazos, la misión constitucional de la Fiscalía arrodillándola ante intereses políticos de cuestionable moral— hubiera mentido cuando, en rueda de prensa, aseguró, melodramático, que su familia se había tenido que quedar en las habitaciones de la isla porque todo estaba cerrado. Cárdenas y Villamizar ni siquiera revisaron los archivos de un noticiero que descubrió varios videos de su esposa, su hija y la amiga de esta, en que consta cuando bajan de vehículos puestos a su servicio junto con un grupo de escoltas, y entran a un famoso almacén cuya puerta se abrió solo para que ellas pudieran hacer compras (ver). Antes, los asaltantes de la justicia, empotrados en los entes que la representan, hacían sus pillerías con disimulo. Ahora, ni eso.

Sobre Revista Corrientes 6567 artículos
Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com