Corte y recorte: La constitucóin de 1991

El dirigente conservador Alvaro Gómez Hurtado, el liberal Horacio Serpa y el líder de izquierda Antonio Navarro en el acto de promulgación de la Constitución de Colombia 1991. Foto archivo del Congreso

Por Oscar Alarcón Nuñez

El próximo 4 de julio se cumplen treinta años de la sanción de la Constitución 1991, fecha que se hizo coincidir con el 4 de julio de 1776 cuando trece colonias de lo que iba a llamarse Estados Unidos proclamaron su independencia de la Gran Bretaña y se declararon estados independientes y soberanos.

El proceso que concluyó con la Constitución que nos rige fue un largo camino que empezamos a recorrer desde los inicios de la Constitución de 1886 tras la guerra que le permitió a la Regeneración de Núñez enterrar la Constitución de 1863. Tras el triunfo del gobierno, el 9 de septiembre de 1885, desde el balcón de Palacio, el héroe del Cabrero dijo que la Carta de Rionegro había dejado de existir y así decretó –según el criterio muy autorizado del presidente López Michelsen—“la más grande expropiación que se ha hecho en Colombia”. Privó a los antiguos estados soberanos, sin ninguna compensación, de sus baldíos, de sus minas y de sus petróleos. De allí nacieron, con la nueva Constitución, los auxilios parlamentarios o los cupos indicativos que han convertido a los departamentos en mendicantes del poder central y de los grupos políticos.

La Constitución de 1886, según el autorizado criterio del profesor Carlos Restrepo Piedrahita se delimitó con tres grandes componentes cardinales: Estado centralizador, ejecutivo monárquico pseudorepublicano y superestructura confesional.

Luego vinieron las reformas de 1910, 1936, 1945, 1957, 1968 y finalmente con un movimiento que se conoció como el de la séptima papeleta, se pudo enterrar definitivamente la Constitución de 1886 que nos permitió adoptar una Constitución moderna, con postulados europeos de posguerra. Nació así la Constitución de 1991 que a pesar de algunos de sus defectos está próxima cumplir 30 años el 4 de julio de este año.

Ojalá la próxima fecha no pase desapercibida y sus enemigos agazapados no nos  recuerden su nacimiento con propuestas que intenten acabar con sus sólidas estructuras. Si la Constitución de 1886 logró sobrevivir a cien años de soledad… Román, no hay que permitir que la 1991 la dejen a la vera del camino con tan solo treinta años de vida.

Las distintas cortes, la tutela y en general todas esas nuevas instituciones que nos convirtieron en un verdadero estado social de derecho, merecen preservarse.  Volver al pasado es el camino más corto para encontrarnos con Trump.

Un gran homenaje a la Constitución es el libro que nos ha dejado el procurador Fernando Carrillo que elaboró con los doctores Manuel José Cepeda y Andrés Gómez Roldan, “El legado constitucional. 30 años de la Constitución Política de 1991”. Un gran trabajo y excelente testimonio. 

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