Corte y Recorte: El presidente que se fue

Oscar Alarcón Nuñez

Por Oscar Alarcón Nuñez

Cuando el General Rafael Reyes falleció hace cien años (18 de febrero de 1921) dio mucho de qué hablar. Primero fue explorador en las selvas colombianas en donde vio morir a sus hermanos, compañeros de aventuras, Elías, Enrique y Néstor, así como a un sobrino y a un primo. Después fue militar y empresario y luego presidente de la República.

Copiándose del presidente mexicano, Porfirio Díaz, a quien visitó antes de asumir, tomó el lema, “Más administración y menos política” y además lo quiso emular no solo en eso sino en su larga permanencia en el gobierno y en los bigotes hacia arriba. Buscó su reelección, tanto que una Constituyente de bolsillo lo benefició con este artículo: “El período presidencial en curso, y solamente mientras esté a la cabeza del gobierno el señor general Reyes, durará una década, que se contará del 1º. de enero de 1905 al 31 de diciembre de 1914”.

No logró llegar al final de su período extraconstitucional y casi de manera subrepticia llegó a Santa Marta donde tenían un banquete en su honor. Todos estaban elegantes a pesar de que tenía el sol a las espaldas en esas playas en donde la luz se oculta antes de las seis de la tarde y el calor amaina. Ansiosos los samarios esperaban al jefe del Estado hasta cuando un joven bien informado subió al segundo piso de esa casa vecina a la playa en donde estuvo en cámara ardiente el Libertador. La concurrencia estaba impaciente. Eran las ocho de la noche.

–Están esperando al presidente Reyes –exclamó el joven y siguió su camino hacia uno de los balcones.

–Ven aquel barco que va allá –les indicó con el brazo y con el índice–. Ahí va el presidente Reyes.

 No había razón para más espera. El presidente viajaba hacia Europa. Había dejado encargado de la Presidencia a Jorge Holguín.

Una asamblea constituyente, posterior a su gobierno, que sesionó en 1910, dispuso después:

“El presidente de la República o quien haga sus veces no podrá salir del territorio de la Nación durante el ejercicio del cargo y un año después, sin permiso del Senado. La infracción de esta disposición, estando alguno de aquellos en ejercicio del cargo, implica abandono del puesto”.

La norma se mantuvo en la Constitución anterior y sigue vigente en el artículo 196 de la Constitución de 1991.

No hay forma de que los expresidentes corran al bulto. Les toca aguantarse Fiscalía, Corte Suprema y Consejo Nacional Electoral, así se las den de reyes.

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