Contraplano: Un reportero sui generis de los 70

Foto concertinaferrol.com

Por Orlando Cadavid Correa

El locuaz periodista manizaleño Jaime Arango, (“Turpín”), que hizo famoso por radio su “Buenos días, Colombia”, marcó impronta en sus tiempos de reportero feliz en Bogotá en los 70.

En su singular estilo, este hipocondríaco iba a contrapelo del principal de todos los cánones: rumor, runrún o chisme que le llegaba iba al aire en la siguiente emisión, sin confirmación alguna. Si resultaba infundado, no había problema: rectificaba, sin dársele nada.

Con su labia, persuadía a su víctima de turno para que no lo denunciara por calumnia, delito por el que ha habido pocos condenados en las cárceles de este lindo país.

Con su voz de clarinete y su pluma cortopunzante, Arango formó grandes escándalos a través de “Todelar” con las orinadas del entonces presidente Guillermo León Valencia una madrugada en los jardines exteriores del Palacio de San Carlos al regresar de una noche de jolgorio, y del embajador en Montevideo, Luis Avelino Pérez, en las alfombradas escaleras de la legación diplomática en la capital uruguaya.  Estas urgencias, motivadas por la incontinencia urinaria, le inspiraron divertidas columnas a Lucas Caballero Calderón, “Klim”.

Cuando oficiaba como cronista judicial de “Diario de Colombia”, el periódico del caudillo Gilberto Álzate Avendaño, obligó a un comisario a que volviera a colgar del árbol el cuerpo del suicida que se había ahorcado, porque él y su fotógrafo habían llegado tarde a la diligencia de levantamiento, o de ‘desprendimiento’, en el Parque Nacional.

Una tarde lo desplazó su director, Alberto Giraldo, al cubrimiento del arribo a Colombia del presidente y arzobispo chipriota Makarios. A su regreso a la emisora, “Turpín” informó así sobre el episodio: “Estuvimos en el aeropuerto El Dorado recibiendo a Makarios, el prelado y político de Chipre. Fuimos de la partida algunos funcionarios de la cancillería colombiana, varios periodistas, 100 lagartos y 750 aspirantes a lagartos”.

Formó gran alboroto una mañana al propalar por “Súper” una versión según la cual guerrilleros urbanos habían secuestrado en su propia casa al economista Carlos Pérez Norzagaray, tesorero de la campaña presidencial de Alfonso López Michelsen. Indignado, el “plagiado” le telefoneó para rectificar la falsa especie y vaciarlo por tamaña ligereza. Imperturbable, Jaime trató de calmar al doctor Pérez con esta disparatada propuesta: “Está bien. Yo digo que usted está a salvo. Pero para que quedemos bien los dos, usted no me desmentirá, sino que dirá que se negó a irse en compañía de sus secuestradores”.

El ex presidente Darío Echandía residía en el mismo perímetro del centro-norte de Bogotá en el que funcionaban los estudios de la emisora de los Pavas. Alertado por un amigo sobre una inusual agitación en el domicilio del ilustre patricio liberal por la presencia de encapuchados armados, “Turpín” salió disparado para el inmueble y, al encontrarse con él a boca de jarro en el portón de la casa, le preguntó al tolimense: “¿Qué le pasó, maestro; no lo mataron?”. Con su fino humor chaparraluno, el estadista le dijo: “No,  al que mataron fue a mi hermano Vicente en la calle 32 con la carrera séptima, pero hace muchos años”. Y despachó al reportero caldense con tremendo portazo.

Coleccionista de rectificaciones de todos los coloresArango se la montó en sus comentarios radiales a la mentalista Regina Betancur, a la que tildaba de “bruja”  que esquilmaba a las gentes más ingenuas.  La noche de la muerte trágica de Jaime, que se metió con carro y todo debajo de una enorme volqueta que estaba aparcada en una mal iluminada avenida bogotana, obstáculo que no alcanzó a divisar a tiempo, doña Regina 11 pregonó a los cuatro vientos que “a través de sus poderes mentales, había enviado energía negativa para castigar a quien se metía con ella”. Pavadas de la mujer del Liska.

La apostilla: Una mañana nos encontramos a “Turpín” cambiándole una llanta a su pequeño escarabajo alemán en una calle del barrio Teusaquillo, y sin rodeos nos dijo­: “¡Qué hubo, “Largo”!, mañana cumplo años. ¿Qué me vas a dar de regalo?”. Respuesta nuestra: “Un bozal para controlar esa lengua tan brava y un obispo para que te confirme todas tus noticias”.

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