Contraplano: Un manojito de reyes y reinas

El rey Pelé, por ejemplo. Foto AARP

Por Orlando Cadavid Correa(ocadavidcorrea@gmail.com)

¿Cómo, dónde, cuándo y por qué se dieron en el mundo musical los reinados de Elvis Presley, en el rock; Dámaso Pérez Prado, en el mambo; Louis Armstrong, en el jazz; Javier Solís, en el bolero ranchero; Juan Luis Guerra, en el merengue; Pete Rodríguez, en el bugalú; Bob  Marley, en el reggae, y Daddy Yankee,  en el reguetón?

¿Acaso fueron las millonarias ventas de sus discos y las asistencias multitudinarias de sus seguidores a sus presentaciones las que les dispensaron los galardones que influyeron poderosamente en sus vidas?

¿Cómo, por idea de quién y cuándo, descendió sobre la testuz admirable de Edson Arantes Do Nascimento, “Pelé”, la merecida corona de “Rey del fútbol”?

¿Estarán de acuerdo con esta distinción a perpetuidad para el iluminado morocho brasilero, el argentino Lionel Messi y el portugués Cristiano Ronaldo, los “Pelés”  blancos del tercer milenio?

Al polémico Diego Armando Maradona –ahora estrenando banco de entrenador en otro equipo de su país– le debe caer el tema como patada al hígado, pues el narcisista ex jugador argentino estima que, por encima de él, no ha habido nadie más en el mundo futbolero, ni ayer ni hoy ni mañana ni nunca. Este hombre, rey de la megalomanía, es todo un coleccionista de fracasos como entrenador. 

Vayamos de los escenarios internacionales a la farándula doméstica, en la que son monarcas dos paisas: Darío Gómez es el “Rey del despecho”  y Arelis Henao es la “Reina” del mismo género, comúnmente conocido como la música de carrilera. Cuando comparten escenario, intercambian hasta el  cansancio alabanzas mutuas: “Usted es el rey, Darío”… “Y usted es la reina, Arelis”. Nada que hacer frente a tanta melosidad. Con ese calificativo sucede lo que conocemos acerca del manido apelativo de ‘doctor’.

Uno más: el cantante popular Luis Alberto Posada protagoniza una película que se estrenó en agosto pasado, llamada “El rey del sapo”, con lo cual difícilmente se desprenderá de ese título.

Los cantantes “carrileros” que no clasifican para reyes se preguntarán quién convocó la elección; cómo, cuándo y dónde se efectuó la votación,  y por qué no eligieron virrey y virreina para los segundos vocalistas en votación, si la hubo.

Se nos quedaban en el tintero de los que mandaron en el pasado, el mejicano José Alfredo Jiménez, autor e intérprete de “Pero sigo siendo el rey”; el argentino Juan D’arienzo, proclamado “El Rey del compás”, y  en Cuba, la guarachera Celia Cruz, llamada “La Reina Rumba”.

A propósito de reinados sin fecha de vencimiento, en la capital del Cesar tardaron medio siglo en ungir a la cienaguera  Loraine Lara como la primera  mujer coronada reina del certamen. Dichoso Alfredo Gutiérrez, que se sentó tres veces en el trono por determinación de los pontífices de los aires de Escalona, Buitrago, Zuleta y Leandro. Otrosí: a Carlos Vives lo llaman “Rey vallenato”, siendo el único al que le otorgan el título sin haber competido en el festival de la leyenda acordeonera.

Íbamos dejando por puertas a un manojito de miembros de esta camada, compuesta por los “Tres Reyes” (Hernando Avilés, Gilberto y Raúl Puente); don Pacho Galán, el “Rey del merecumbé”, y Helenita Vargas, a quien  en vez de reina, llamaron “La Ronca de oro”.  

En el apogeo del travestismo brasilero, en Colombia, los chistosos decían que este era el significado de la palabra Farc: “Fuertemente Admiradores de Roberta Close”.

¿Quién nos dirá qué fuerza, motivo, razón  o circunstancia hace que las generaciones de adultos de España e Inglaterra sean tan apegadas a las inacabables realezas que regentan sus vidas?

¿No resulta un poco cursi que el común de la gente londinense esté pendiente del primer cambio de pañal al bisnieto recién nacido de la reina y que, además, se solace cuando ve al parvulito de sangre azul tomando el biberón con sus dos manitas?

La apostilla: A propósito de reinados de verdad, ¿en qué situación comprometedora pillaría en el pasado la reina Isabel, en el Palacio de Buckingham, a su hijo, el eterno Príncipe  Carlos, que jamás le ha permitido acceder al trono británico?  Que lo averigüen los acuciosos reporteros de la emblemática BBC de Londres.

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