Contraplano: Tres plumas reunidas en un libro

Efraim Osorio López. Foto La Patria

Por Orlando Cadavid Correa (ocadavidcorrea@gmail.com)

La aparición del libro “Los cuentos de don Efraím” ha dado  pie a un afortunado reencuentro de las plumas consagradas de tres grandes amigos.

Los convocados por el amor a las letras y el buen  decir son Efraím Osorio López, Álvaro Marín Ocampo y Bernardo Cano García: los dos primeros en su Manizales del alma, y el último en la dimensión desconocida.

El prólogo del libro, en el que don Efra compila 12 de sus mejores cuentos, sale del magín de Marín Ocampo. El epílogo, a manera de contraportada, recoge un emotivo elogio de Berceo a un texto de Osorio relacionado con sus alabanzas a la tierra de sus mayores.

Con la anuencia de los sobrevivientes de la tripleta admirable damos curso a la entradilla de la atractiva publicación:

“Lo que faltaba: una nueva y sugestiva quijotada de Efraím Osorio López.  El protocolo que se aplica a la presentación de libros denomina prólogo, prefacio, preludio o proemio esas palabras que preceden al texto de la obra, parrafada que tiene el propósito de trasmitir los mejores elogios hacia el autor o el manuscrito, para seducir al lector desprevenido o justificar la edición.

En este caso particular, dado el prestigio y, de adehala, la autoridad del escritor, no hace falta el uso de ninguno de esos recursos ampulosos, sino, a lo sumo, una entradilla -con la venia de los periodistas- o una precaria acta de entrega de esta colección de narraciones entretenidas e inesperadas.  Ellas están rigurosamente escritas con el estilo, el lenguaje impecable y la precisión semántica que ya constituyen la impronta característica de nuestro académico natural y riguroso enmendador de entuertos idiomáticos.

Estos 12 cuentos de don Efraím difieren notablemente en el volumen y contenido de las monumentales obras a las que ya nos tiene acostumbrados el maestro caldense, en su infatigable e inveterada arqueología alrededor del lenguaje y de los refranes de todos los tiempos de la lengua castellana.  De otro lado, el cuentista Osorio López echa mano del lenguaje coloquial e imaginativo con que él suele salpicar las notas periodísticas que aparecen publicadas, religiosamente, en la prensa regional desde hace cerca de 20 años.

Excepcionalmente, los cuentos de Efraím están escritos en clave de nostalgia, son memorias entresacadas de los pueblos y de los caminos que se aferran con lealtad a las entrañas de la comarca caldense, están inspiradas en las venturas y desventuras, sucesos e infortunios de las gentes raizales que van dejando sus recuerdos inmortalizados de los dichos y relatos populares con la gracia del lenguaje autóctono o en el álbum antiguo de fotografías montañeras, cuando no en la tradición de los giros familiares para renombrar los táparos y las cursientas de las mejores épocas.

Efraím, apuntalado en su inusual memoria y con gran riqueza expresiva, reconstruye fielmente la parábola vital de sus mayores, rescata los olores y los sabores de ese campo de antaño descontaminado y apacible.  Las faenas seculares aparecen aquí como manuales deliciosamente descriptivos para el cultivo y beneficio del café o como una guía olorosa para la molienda de caña y la fabricación de panela, todo de la mano confiable de Recadero y Rosaura, y de Aristóbulo y la leal Panchita.

Ahí está pintao Efraím, echando cuentos. Acompañado de Juan Manuel Rodríguez con su temperamento explosivo, de Jesús María e Ifigenia asentados temporalmente en el Rincón de Alejandro, de Alejandro Saldarriaga para más señas; liderando la búsqueda de Chila Monsalve y doliéndose de las desventuras de Esmaragdo Enciso o de los sueños frustrados de Jacinto Cruz y Libardo José, de Sebastián y su cuerpo atlético congelado por la desgracia.  Ahí está la hermosa Virgelina Monsalve en la estación de La Capilla a la espera del tren que va para Santa Rosa del Campo.  Asimismo, está el gran periodista amigo al momento de devolverse de la trocha que lleva a la casona azul del infinito.

Entonces, manos a la obra y déjese echar los cuentos de don Efraím.  Vale la pena, no le pesará”.

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