Contraplano: Se esfuman las dinastías periodísticas

Por Orlando Cadavid Correa

En Bogotá, donde se daban silvestres en el siglo pasado las dinastías periodísticas con presidentes a bordo, “ya no vive nadie en ellas”, como reza la vieja canción “Las acacias”, que popularizó el Dueto de Antaño.

Pasaron a manos de conglomerados financieros “El Tiempo”, de los Santos; “El Espectador”, de los Canos; “La República”, de los Ospinas, y “El Siglo”, de los Gómez.

De los cuatro cotidianos bogotanos, el único que no tuvo  “paloma” presidencial fue el de la familia de don Fidel Cano. Sí la probaron los Santos, los Ospinas y los Gómez.

Periclitó el diario “El Liberal”, del dos veces presidente Alfonso López Pumarejo, que coronó su primer período, pero renunció en la mitad del segundo cuatrienio, delegando para el resto de su período a su brazo derecho, Alberto Lleras Camargo, por razones de fuerza mayor, según sus propias palabras. 

El delfín Alfonso López Michelsen alcanzó en 1974 la primera presidencia del desmonte del Frente Nacional, pero fracasó al buscar la reelección en 1982, período que fue para el conservador Belisario Betancur Cuartas.

Antes tuvo su semanario “La Calle” el compañero-jefe  del MRL, que comenzó a moler burocracia en Valledupar, como primer gobernador del Cesar, primero y, luego, como Canciller de la República, bajo la tutela de Lleras Restrepo, quien lo llevó de la mano al oficialismo liberal.

El que sacó la cara por su abuelo y su padre, como empresario editorial, fue Felipe López Caballero, al resucitar la legendaria revista “Semana”, que se convirtió a la sazón en cabeza de un exitoso consorcio de este medio hebdomadal de comunicación.

Terminado su ciclo como penúltimo presidente del Frente Nacional, el doctor Carlos Lleras Restrepo hizo época con su semanario “Nueva Frontera”. Su sucesor en el Palacio de San Carlos, Misael Pastrana Borrero, se dejaría venir inicialmente con la revista “Guion” y, a la postre,  con el diario “La Prensa”. Ambas publicaciones fenecieron con el correr de los años.

Se abstuvo de ser cabeza en letras de molde el  presidente Julio César Turbay Ayala, pero le encomendó el manejo de su revista “Consigna” a dos talentosos ex  ministros suyos, el caucano Carlos Lemos Simmonds y el pereirano Jorge Mario Eastman Vélez.  

En el año 2020 subsisten en la provincia, entre otras, estas dinastías periodísticas: “El Colombiano”, de los Gómez Martínez, de Medellín; “La Patria”, de los Restrepos Restrepo, de Manizales; “Vanguardia Liberal”, de los Galvis Ramírez, de Bucaramanga; “El País”, de los Lloredas, de Cali; “La Opinión”, de Cúcuta, de  los Colmenares,  y “El Heraldo”, de Barranquilla, de los Fernández.

La apostilla: Al caudillo conservador Gilberto Álzate Avendaño, un presidenciable al que la Parca se llevó prematuramente, dejándole el camino expedito al  caucano Guillermo León Valencia,  le seducía tanto el periodismo, que hacía unas pausas en sus giras políticas para dictar por teléfono a la redacción de su “Diario de Colombia”, en Bogotá, el desarrollo de su accionar proselitista. Como a cada dictado le anteponía el crédito a una tal “Agencia Alfa”, poco conocida, él explicaba que correspondía sencillamente a “Álzate y familia”, y ordenaba a sus interrogadores que no preguntaran tantas tonterías.

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