Contraplano: Los 70 años de Codiscos

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Por Orlando Cadavid Correa

El 10 de julio de 2005 murió en Miami a sus 83 años don Alfredo Díez Montoya, uno de los grandes pioneros de la industria fonográfica colombiana.  Se le adelantaron en la larga y negra partida Antonio Fuentes López, Antonio Botero Peláez, Rafael Acosta Salinas y posteriormente siguieron la senda mortuoria Otoniel Cardona, Francisco Montoya, “Don Pacho”, y Javier García. 

El fundador de Codiscos nació en Medellín el 21 de marzo de 1922 y llevaba dos décadas establecido en la Florida, donde antes murió su esposa, doña Margot Ramírez Johns. De los seis hijos habidos de esta unión, falleció Guillermo, talentoso productor musical. Sobreviven Alfredo José, que capitanea la compañía; Margarita Rosa, diseñadora de carátulas memorables en los tiempos del ahora decrépito elepé; Alejandro; Ana María, y Ricardo.

Don Alfredo comenzó su trabajo en la empresa Sílver durante la década de los cuarenta, cuando despegó en Colombia el auge de la música a través de los discos de 78 r.p.m, los traganíqueles, las vitrolas y las agujas para la reproducción del sonido, elementos industriales importados de Estados Unidos. Los discos eran traídos también de Argentina, México y Cuba. En la segunda mitad de dicha década fueron prohibidas las importaciones, y los comerciantes dedicados a estas actividades, cuando la distribución por los pueblos de Colombia se hacía a lomo de mula o en bus escalera, optaron por montar pequeñas industrias fonográficas en Medellín, Barranquilla, Bogotá y Cali. Por entonces ya existía en Cartagena Discos Fuentes, fundada en los treinta por Toño Fuentes, y trasladada a Medellín a finales de los cuarenta.

Sin duda, don Alfredo fue un visionario de la música, ya que su sello Zeida (inversión gráfica de A. Díez), fundado el 1 de julio de 1950 en asocio con sus hermanos Horacio y Alberto dio origen a Codiscos, importante disquera, en la que surgieron muchos de los artistas colombianos de los últimos 55 años: Edmundo Arias, Tito Cortés, Óscar Agudelo, Raúl López, Espinosa y Bedoya, el Dueto de Antaño, Ríos y Macías, las Hermanitas Calle, Ligia Mayo, los Teen Agers, los Pamperos, Gabriel Raymon, Alci Acosta, Alfredo Gutiérrez, Fausto, Mariluz, Gustavo Quintero, Jairo Paternina,  Los Hispanos, Carmenza Duque, Los Graduados, el Combo de las Estrellas, Jaime Ley, los Hermanos Martelo y, en lustros más recientes, el Binomio de Oro, Ekhymosis (la cuna rockera paisa que meció a Juan Esteban Aristizábal, el futuro fenómeno llamado Juanes); Los Diablitos, Los Inquietos, el Grupo Galé y Farid Ortiz, sin contar las decenas de artistas internacionales que lograron su desarrollo máximo bajo la tutela del recordado sello de la orquídea, que tuvo en el pasado sus estudios de grabación a dos cuadras del parque de El Poblado.

Los tres frondosos catálogos de la discografía colombiana: Codiscos, Fuentes y Sonolux han sido las grandes fortalezas de la música y de los artistas nacionales en un proceso sólido iniciado en los cincuenta y sólo comparable con los de países como Brasil,  Argentina,  España y México. Una gran industria nacional –ejemplo excepcional al compararse con las de estos y muchos otros países del mundo–, que no ha permitido que sus historias musicales pasen a manos de poderosas corporaciones multinacionales.

Otro punto a favor de la disquera de los Díez: gracias al acertado manejo que se le dio al catálogo de la Odeón Argentina, la llamada canción ciudadana tuvo en Colombia la difusión que convirtió a este país esquinero de América Latina en uno de los más grandes consumidores de tango en el mundo de habla hispana. Justamente, preocupado por la permanencia de la familia al frente de los destinos de la compañía, la misma que desde hace más de 30 años combina la producción de discos con la fabricación de pilas, don Alfredo decidió retirarse en 1985 y radicarse definitivamente en el sur de la Florida norteamericana, y en una afortunada operación hizo que la propiedad quedara en manos de un grupo de inversionistas encabezado por Alfredo José Díez Ramírez, su mayorazgo.

La apostilla: Julio parece ser el mes de las buenas y de las malas para Codiscos: la firma nació el primero de julio de 1950; el deceso de su fundador, don Alfredo, ocurrió el 10 de julio de 2005, nueve días después de haber cumplido ésta sus 55 años de presencia constante en la industria sonora, y el día del óbito del gran pionero en Miami, se daba sepultura en Medellín al maestro Enrique Aguilar, que fue por muchos años soporte musical de valía para la disquera entrañable, que ocupa puesto de honor en la historia de la industria fonográfica nacional.

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