Contraplano: LA DECADENCIA DEL MÚSCULO HUMORÍSTICO

Humberto Martínez Salcedo (Q. E. P. D.) Foto Eje21

Por Orlando Cadavid Correa (ocadavidcorrea@gmail.com)

Cuando el radioyente colombiano enciende su receptor en busca de buen humor, saca dos conclusiones: la una, no hay nada que hacer; la otra, todo tiempo pasado fue mejor o fue anterior, según el conjunto argentino de instrumentos informales ‘Les Luthiers’.

Desaparecieron como por arte de magia las franjas humorísticas de las cadenas radiales que cautivaban audiencias a mañana, tarde y noche.

Tras hacer una evaluación de lo que el viento nos dejó, se pueden contar las excepciones en los dedos de una mano, y sobran falanges.

El ingenio se fue de vacaciones perpetuas, la ramplonería y la procacidad se apoderaron de los mejores horarios y la ordinariez, sin duda, es ahora el común denominador.

Es casi franciscana la pobreza del músculo humorístico que le ha correspondido a las nuevas generaciones. No hay escuelas que se dediquen a enseñar este difícil arte.

Sin más proemios, abrimos el inventario de las desapariciones con el humor político, que manejaba con tanta donosura en las frecuencias radiales el recordado Humberto Martínez Salcedo, que murió de infarto fulminante, mientras dormía, en un pequeño hotel de Iza, Boyacá, el 19 de enero de 1986.

Desde entonces, no hubo sustituciones para “La Cantaleta”, “El Pereque”, “El Duende”,  “La Tapa” y “El Corcho”, programas de enorme sintonía que en distintas épocas se pasearon exitosamente por las señales de Radio Santa Fe, Todelar y  RCN. El santandereano era el amo del sarcasmo en la radio. Tampoco tuvo competidor en el manejo de la fina ironía. Asimismo, desparramaba humor del bueno con su “Salustiano Tapias”, el albañil de la televisión, que se inventó para él don Alfonso Lizarazo. 

Antes se esfumaron del panorama hertziano “El tremendo juez y la tremenda corte”, “La Hora sabrosa”, de Raúl Echeverri (“Jorgito”) y “La hora de la escoba”, de su genuino creador, Pompilio “Tocayo” Ceballos, de Cartago, Valle, autor del bambuco “Rosalinda”. Fue asesinado por desconocidos, en su terruño, en el 2001.

En estas remembranzas amerita capítulo aparte el antioqueño Guillermo Zuluaga, “Montecristo”, considerado por mucho tiempo el primer caricato de Colombia, que se paseó con su elenco durante largo tiempo por las tres principales cadenas radiales del país. El recordado humorista falleció en Medellín el 17 de octubre de 1997, tras soportar una penosa enfermedad. Siempre expresó admiración por dos colegas suyos: el versátil caldense dominador del micrófono, Mario Jaramillo Duque, y el comediante tolimense Carlos Emilio Campos, “Campitos”. Recordamos los títulos de tres programas de Zuluaga: “El granero de la esquina”, “El Café de Montecristo” y “Las aventuras de Montecristo”. Sus coterráneos consideran digno sucesor suyo a Crisanto Alonso Vargas, “Vargasvil”, el de “El Manicomio”.

El grueso de la legión borrada del éter colombiano era de respeto: Se fueron el uruguayo Hebert Castro, a quien su presentador, Jorge Antonio Vega, llamaba “El coloso del humorismo”; el chileno Lucho Navarro;  Emeterio y  Felipe, “Los Tolimenses”; Víctor, Mario y Augusto, “Los Chaparrines”, ecuatorianos,  y el elenco criollo que ponía en escena todas las mañanas, en Emisoras Nuevo Mundo, la famosa “Escuelita de doña Rita”, en la que sobresalían Sofía Morales y Armando Osorio. 

A estas alturas del repaso de lo que fue el humorismo en su época de oro, no se entiende por qué no se pensó nunca en llevar a la radio el “Yo y Tú”, de doña Alicita del Carpio, que encabezaba todas las encuestas de sintonía entre la teleaudiencia.

La apostilla: En la segunda presidencia de Alberto Lleras Camargo, le contaron que en la Radiodifusora Nacional (la emisora oficial) trabajaba un  locutor que lo imitaba a la perfección. Era Humberto Martínez Salcedo. Invitado al principal despacho del Palacio de San Carlos por el mismo  doctor Lleras Camargo a hacer la imitación presidencial, el abogado y periodista santandereano recibió después de la demostración microfónica este homenaje del ‘Número uno de los locutores colombianos’: “Usted lo hace mejor que yo, joven; lo felicito”.

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