Continuan los homenajes a Javier Darío Restrepo

Javier Darío Restrepo 8Q. E. P. D.) Foto Gloria "Bunker" Ortega

 Javier Darío y los apacibles

Por Arturo Guerrero, columna El Colombiano y Ñapa, Mujer de reportero

Fue un cimero líder del país de los apacibles. Sostuvo alta la frente en medio de la leonera. Lo suyo no era la gritería ni el odio ni el antiguo artificio del trepar. Por eso su figura no es fácilmente ubicable en la escala de la barbarie nacional.Javier Darío Restrepo no necesitó apellido.

Cualquiera que pronunciara sus dos nombres de pila sabía que no tenía homónimos y que por eso sobraba la rúbrica de familia. Javier se llaman muchísimos, Darío muchísimos más. Pero los dos combinados son escasos. En esto también fue un fuera de serie. Javier Darío no hay sino uno.

El país de los apacibles es especialmente escaso de ciudadanos en esa profesión de alharaca, egos y persecución de la chiva, que es el periodismo.

En cambio es multitudinario entre los habitantes que no han dejado hundir a Colombia. Esto lo hizo ser un líder, no el único, no el más ambicioso, no el que buscó ser líder.

A la hora de su muerte, el domingo pasado, venía de lanzar su último libro, de hablar ante colegas. Nunca dejó de trabajar porque para él el trabajo era una pasión que, además, entregaba a los demás sin pensar que le estuvieran arrebatando su sabiduría.

Regalaba sus secretos, obtenidos a fuerza de filosofar y practicar lo que filosofaba.Estos comportamientos son escandalosos en el otro país, que es este mismo país. En ese otro país cada cual resguarda su migaja de emprendimiento, de innovación, porque cualquier avivato le roba el “know how” por el que tuvo que sudar. En el país del raponazo cada conocido es un peldaño y cada amigo un interés.

El verbo imperante es trepar.Javier Darío cultivó su ciencia y su arte. “Es mi cancha”, murmuró cuando por fin pudo ejercer el periodismo a plenitud, como reportero raso, cargaladrillo, desde las calles de la guerra y la injusticia.

Esquivó los puestos directivos, se resguardó bajo la seriedad del oficio. Así se volvió faro, guía, maestro y una cantidad de sinónimos que nunca buscó pero que colegas y audiencias le reconocieron y admiraron.Su familia fue devoción.

En el funeral de su esposa Gloria, abatida por un cáncer, fue él mismo quien consoló a los asistentes. Sus hijas María José y Gloria Inés, su nieto Emilio, los habitantes del país apacible siempre lo llevarán en el corazón. ¿Qué mejor vida puede tener él que esa? 
***

Mujer de reportero (Por Óscar Domínguez)

El varón domado, acostumbrado a quedarse con el pan y con el queso, ha sido avaro a la hora de reconocer el aporte del eterno femenino en su enriquecimiento lícito material y espiritual.Las ejecutorias masculinas tienen aroma de mujer. Sólo que los hombres tenemos especial habilidad para ignorarlo. Los periodistas con más veras.Por eso alegra el elogio en fa mayor que hizo alguna de vez de Gloria Castañeda, su fallecida esposa, un colombiano de alto turmequé que nunca se enfermó de su importancia: el reportero eterno Javier Darío Restrepo, fallecido el domino seis de octubre.

Murió con todas las luces encendidas, haciendo bromas con su entorno. Agarró su propia luz y se fue.Sus ejecutorias en el oficio no son producto de una mojada acalorado, sino de una entrega insomne. Cuando el “cura” Javier Darío hablaba lo hacía tan bien que nos mejoraba el currículo a sus colegas.

En achaques de ética, parecía datiado por el Espíritu Santo desde cuando ejerció el sacerdocio hasta que mandó el celibato pa’l carajo.

“Señor, hazme casto, pero todavía no”, pudo haber dicho con san Agustín de Hipona en sus “Confesiones”. Lo fue hasta que apareció su Gloria y el caballero cayó en la deliciosa tentación. Lo malo de no caer en la tentación es que después no se vuelve a presentar y aquí el crédito es para Wilde.

En el caso de Javier Darío, paisano jericoano de mi abuela Amalia Calle Botero, el periodismo fue la prolongación del sacerdocio. No hay tutía: con este gurú del oficio, el periodismo sí tuvo cura y que me perdone el chiste de tas-tas.Con Gloria tuvo dos metáforas: María José, ecológica guardaparques (Cousteau bogotana), y Gloria Inés, scout, muy Restrepo ella, activista por la paz (Gandhi de tacón bajito) y quien “escribe mejor que Javier”. Palabra de mamá.

Pero veamos lo que dijo Javier Darío de la mujer que lo conquistó y con quien ahora hace croché más allá del sol: “Di con una fortuna y es con una esposa que es una maga en todo sentido: me transformó la vida y luego se ajustó a mi manera de ser y de pensar. Vivimos austeramente y vivimos contentos”.Cuando le sugerí cuantificar ese aporte de su esposa me respondió:”Sí, y que no me crean que exagero si digo que es el 95%. Es un altísimo porcentaje. Es que todo lo que significa paz interior, satisfacción, alegría, orgullo, pues ella lo ha fabricado. Fabricó ese par de criaturas y tú sabes igual que yo lo que significan los hijos. En mi caso, esas dos hijas y esa esposa han representado ese 95%.

Y temo de pronto ser mezquino”.Le pregunté cómo ha asumido la familia su destino de periodista.”Tal vez lo describiría con una situación que me resultó muy reveladora.

Siempre que anunciaba esos viajes al exterior que generalmente eran para cubrir alguna guerra o alguna cosa de esas, Gloria, en silencio, me hacía la maleta y demás. Se despedía, desde luego con la natural tensión de las despedidas. Y hubo una ocasión en que a última hora se dañó el viaje.

Entonces regresé a la casa diciéndole: ‘Mañana no viajo porque no hay necesidad de hacer el viaje por equis motivo’. La explosión de alegría de esta mujer me indicó lo que había quedado implícito o en silencio en todos los anteriores viajes. Es decir, ella había asumido como una disciplina personal que no interferiría, ni siquiera con la expresión de sus sentimientos, ninguno de mis trabajos. Y eso ocurría siempre”. 

¿Cuántos bípedos desplumados no le pondríamos papel carbón a este merecido elogio de Javier Darío a su costilla? Paz sobre la tumba de la mujer que miraba a su esposo asomarse a la ventana y sabía que estaba trabajando, como dijo no sé quién. (Esta nota ha sido sometida a latonería y pintura. Se públicó originalmente en El Colombiano).

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