Con el sol a la espalda

Foto Tonio Santuiste

Por Oscar Domínguez Giraldo

Antes, una nota a Juan José García, columnista de El Colombiano y quien motiva esta vieja inspiración:

Juanjosé, salud. Veo que te emberracates en tu columna del lunes en El Colombiano porque nos dicen viejitos a los de 70 pa’rriba.También me entero por tu columna (Los viejos en el limbo)  que a tus nietos les tienes prohibido que te digan abuelo so pena de quedar desheredados como dicen que hizo Belisario con sus hijos. Mis nietos no lo saben pero donde me digan abuelo y no abuelito, «abu» o «abuchito» mis propiedades en París, Madrid y Roma irán a parar a otras manos. Dejémonos querer y cuidar, hombre Juanjosé. Y si querés salir a la calle a echarte una canita al aire de puro ojo, a la carga como lo hacen tantos, según recuerdas. Yo salí hace poco unos 300 metros lejos de mi cambuche y no dure más de cinco minutos y todos tan  tranquilos. No es Duque el que nos prohibe salir a hacer nada en la calle, son los médicos de la aldea global que nos piden permanecer encaletados. Más bien quieren que no nos muramos nunca, pero tampoco les daremos gusto…A manera de indemnización te comparto este larguero con reacciones sobre la vejez. Hacen parte de una larga nota que escribí hace como cinco años para la revista Bienestar de Sanitas: (varios de los entrevistados ya cargan gladiolos):

Varias personalidades de “avanzada” edad respondieron para la revista Bienestar tres preguntas sobre “el arte de envejecer”

– ¿Qué significa envejecer en Colombia?

– ¿Cómo se ha sentido en su estado de «adulto mayor»?

– ¿Cuándo se dió cuenta de que había empezado a envejecer?

Marujita Vieira, poeta (92 años)

  • Envejecer en cualquier parte del mundo es ir quedàndose sin amigos. Por consiguiente los que nos quedan, como tù por ejemplo, son cada día màs preciosos.
  • En mi estado de adulto mayor me he sentido cada dìa màs cuidada y consentida, porque tengo a la mejor hija del mundo.
  • No me he dado cuenta todavía.

Javier Darío Restrepo, periodista, 82 años

– Envejecer en Colombia depende de cómo te miren: o como mueble viejo o  como la almohada irreemplazable. Me he sentido almohada.

– Expresiones como adulto mayor, tercera edad, y demás eufemismos están excluidos de mi vocabulario. Disfruto mi condición de viejo y no la cambio por ninguna otra.

– Sentí la alegría de envejecer cuando  mi nieto comenzó a decir: «Abuelo, una pregunta».

Ricado Bada, periodista español (73 años)


* Envejecer, para mí, significa una incalculable pérdida de calidad de vida y que cada vez me gustan más las mujeres jóvenes.

* En mi estado de adulto septuagenario me siento a disgusto, pero resignado. Otra no me queda.

* Me di cuenta de que había empezado a envejecer cuando tuve que renunciar a mi bicicleta.

Guillermo Angulo, fotógrafo, orquideólogo (86 años)

– Ser un estorbo, carecer de oportunidades, sentir que la posible experiencia y sabiduría (al contrario de lo que sucede en las culturas orientales) en nuestro país no se aprecian.

– Yo  no soy «adulto mayor» y a los discapacitados los llamo tullidos y ciegos a los invidentes. Inventé una frase sustituta a la de «adulto mayor»: «¡Cómo estás de bien!».

– Donde más se nota la vejez es en la tecnología. (No me incluyo). El celular se lo tiene que programar un nieto y buscarle las llamadas perdidas. Los viejitos nos reconocemos porque leemos la página de obituarios antes de la de anuncios de cine.

Carlos Enrique Ruiz, escritor caldense, (73 años)

  • El envejecimiento no es cuestión de geografías. Es deseable envejecer en el sitio de donde se es.
  • Me siento muy bien, con pilas puestas y en permanente labor: docencia en mi “Cátedra Aleph” en la Universidad Nacional (Manizales), lecturas/escrituras, participación en organismos de dirección educativa y de investigación, con publicación trimestral de la Revista Aleph.
  • Más que la idea de la “vejez” me llegó la idea de la muerte cuando cumplí los 70 años, en el 2013; sentí  en ese momento que “el camino es culebrero” (Crescencio Salcedo), de trayecto finito, con culminación cada vez más visible. 
  •  

Dario Jaramillo Agudelo, poeta (67 años)

– En términos demográficos, creo que la edad promedio va pa’arriba, con el grave problema de que pocos tienen seguridad social.

– ¿Estoy en ese estado?

– Creo que fue cuando me pasaron de calzones cortos a calzones largos, cuando cumplí por ahí 84 meses.

Jaime Lopera Gutiérrez (escritor, historiador, 78 años)

— Envejecer, en Colombia o en otra parte, es lo mismo: un proceso físico, otro mental y otro espiritual. El primero es genético y condicionado al metabolismo de la alimentación y el ejercicio. El mental es diferente y a veces viene acompañado por un conocido alemán. El tercero es el único que sobrevive a los dos anteriores porque involucra el mundo de creencias, valores y expectativas que se han tenido. Si hubiese un aparato de medición, con estos tres parámetros uno podría estimar su situación cada momento y para tales efectos en mi caso registro una paridad de siete en ellos.

 — Como la velocidad de muchas cosas se reduce en el estado de adulto mayor (excepto las carreras para cobrar la pensión mensual), se tiene la sensación de respeto de los demás y de nuestra experiencia. En la elección de las lecturas, por ejemplo, uno procede por amigarse con los clásicos y darle menos importancia a la frivolidad. Adulto mayor es solo un reconocimiento estadístico, la procesión va por dentro. De todos modos, el afecto por la pareja y la familia se incrementan. En dicho período también se eleva este pensamiento del oponopono: “A veces es mejor ser feliz, que tener la razón”.

 — Solo hasta hace muy pocos meses, con una punzante molestia en las vértebras, mi cerebro se desplazó hacia el dolor y ahí me di cuenta de que aquel director de orquesta no acepta rivales –por lo cual anuló mis disposiciones de reflexionar, leer y escribir. Eso me dio un poco de susto, como una secretaria embarazada por el jefe, pero la realidad estaba ahí sentada esperando que volviera en mí.

 Monseñor Guillermo Melguizo (60 años… de sacerdocio)


— Depende: para gente  privilegiada, que se preparó psicológica y espiritualmente, que está acompañada y es amada, y a lo mejor está jubilada, envejecer es disfrutar de la cosecha sembrada, es mirar hacia atrás con gratitud, y mirar hacia el futuro con esperanza. Para los pobres, los que no son amados, para los que no tienen  seguro social, no tienen  pensión, no tienen salud, es una época trágica, sin la más mínima esperanza. En Colombia falta mucho camino por recorrer en el campo social hasta lograr una gerontología digna.

— Soy un privilegiado de Dios, de los míos y de muchas personas que me aman. Me preparé para vivir  en una organización privada: privada de sueldo, de secretaria y de chofer, y como soy providencialista, no me falta nada y no me sobra nada.

— Muy pronto se me hizo tarde, y cuando menos pensé, tenía setenta, y cuando llegué a los ochenta, no lo podía creer y me acordé del salmo 90: » La vida del hombre son setenta años, y si es fuerte y robusto hasta 80 , por eso Señor, enséñanos a contar nuestros días  para que adquiramos un corazón prudente». Por otra parte, no me gusta decir cuántos  años tengo porque hay mucha gente que se encarga de llevarle a uno la cuenta. Sólo me gusta decir que llevo casi sesenta de sacerdocio. 

Gonzalo Mejía, médico gerontólogo, 63 años

— Envejecer en el paraíso, algo ahora muy común, para algunos muy triste.

— Feliz, no quisieras retroceder ni un día.  

— Cuando empecé a salir con mi hijo Manuel, hoy de 14, y me decían, «que lindo el nieto».  Luego por muchas otras circunstancias, una muy clara fue cuando le pregunté a un trabajador de carretera por donde debía seguir pues ésta se abrió en dos y me dijo, sin dudarlo, «por ahí cucho». y etc, etc….

Rodolfo Segovia Salas, historiador

a)      Si es personal la experiencia, de ataque. Cuando me preguntan ¿qué estás haciendo?, respondo “lo menos posible”. Esto contesta la pregunta dos. Pero no estoy autorizado para hablar por todos los colombianos adultos mayores, quienes, en general, cuando no gozan de la protección de la familia extensa, no andan de picnic.

b)      Me perdonarás lo gráfico de la respuesta, pero me di cuenta de que había comenzado a envejecer cuando el segundo me empezó a salir del cerebelo, en los días muy buenos.

Guillermo Mago Dávila, periodista-linotipista (86 años)

-Cumplir un sueño de la niñez: ¡ser invisible!  No te determinan. No te escuchan. Te ignora el Estado. Te irrespetan. ¡Solo los niños, nietos y nietas, tienen ojos y frases hermosas para  ti! 

— Ofendido por lo que a otros les sucede: el abandono  y el olvido en que les han dejado;  el maltrato que les dan en materia de salud.

— En cuanto a mi,  le agradezco a Dios el permitirme superar los malos momentos y escuchar a quienes han dicho “hice  lo que  aprendí de ti y he triunfado!”. La magia me enseñó que la vida es  un truco. !Siempre fácil!  Tengo felices y  gratos recuerdos. Gozo cuando  no me importa la  invisibilidad y también con la imbecilidad del prójimo.

–Cuando las bailarinas del cabaret me empezaron a decir Don Mago!

LA VEJEZ EN CÁPSULAS

La vejez me resulta ligera, no solo nada molesta sino incluso agradable (Cicerón)

El viejo es dos veces niño (Shakespeare).

Cuando en África muere un viejo es como si ardiese toda una biblioteca (Amadou Hampaté  Bâ).

“Envejecer es disminuir la gana”, Fernando González, fallecido a los 68 abriles.

Una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad  (Gabriel García Márquez).

Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento (José Saramago).

No dejo entrar la vejez en casa (Clint Eastwood). 

No soy viejo, pero hace mucho tiempo que soy joven. (Borges).

Fellini, mirándose al espejo, se preguntó: “¿De dónde habrá salido este viejo? Entonces me di cuenta de que era yo y que todo lo que quería hacer era trabajar. Es tu trabajo lo que te hace sentir joven”.

Cuando llegues, vejez, no te insolentes, aprende a respetar a los mayores, piensa que alguna vez fui joven, y que me debes también muchos favores. (Horacio Guarany).

He envejecido. He llegado a una edad en la que la torta de cumpleaños parece un desfile de antorchas. (Katherine Hepburn).

La vejez comienza cuando el recuerdo es más fuerte que la esperanza (Proverbio hindú).

Viejo es aquel que tuvo la suerte de llegar a la vejez (Luz María Londoño).

Esa cana caída sobre un hombro es el principio de las charreteras de la vejez. (Ramón Gómez de la Serna).

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