Columna Desvertebrada: La victoria después

Cuando había un duro descenso en la etapa 18, Pogacar resbaló y se fue al suelo. Como ha sido la constante en este Tour, junto a él siempre ha estado Jonas. Cuando esto sucedió el danés siguió y le sacó ventaja, pero lejos de aprovechar esto, el líder de la general esperó al esloveno. Foto Marca

Por Óscar Domínguez Giraldo

Hasta ahora, el Jonás más famoso era el  bíblico personaje que se fue de farra y regresó a casa tres días después alegando que se lo había tragado una ballena. Su mujer le creyó a pie juntillas.

Otro Jonás  ha venido a pisar duro. Se trata de Jonás Vingegaard, el danés que ganó su primer tour de Francia, después de haber sido segundo. 

Esa condición de segundón – o primero de los derrotados- la tiene ahora el esloveno Tadej Pogacar, de 23 años, ganador de las competencias galas en 2020 y 2021. 

La historia de exquisito juego limpio que protagonizaron estos dos hijos del viento  en cicla es de no te lo puedo creer.

Lo que hicieron le arrancó una  cierta sonrisa de oreja a oreja  a la malhumorada aldea global. Con su comportamiento, nos  recordaron que primero la ética; la victoria puede esperar.

Ocurrió en la decisiva etapa 18 en la que “cuesta abajo en su rodada”, Pogacar se cayó cuando devoraba kilómetros con su rival. Jonás, de 25 años, empacador de pescado en sus mocedades, en lugar de aprovechar el pésimo cuarto de hora de su colega, decidió esperarlo. 

Cuando lo emparejó, Tadej le estrechó los cinco claveles a su samaritano contendiente. Ambos caballeros siguieron en la brega, achicharrados por el infernal verano europeo.

En otras etapas que también fue derrotado,  vimos al esloveno acercándose a Jonás para felicitarlo. De ahí a llorar por dentro en señal de alegría por el gesto, mitad ético, mitad estético, solo hay un paso.

Fotos (odg)
Monumento a la bicicleta en el puente de la carrera ochenta con autopista, en Medellín. En la primera foto, la bici en su sitio; en la segunda, la bici debidamente robada… por algún coleccionista…

Este juego limpio en el Tour se vivió en tiempos del campeonísimo Eddy Marckx. Cuando pinchaba o se le acababa el agua, volaba en su ayuda su encopetado rival, Raymond Poulidor, otro eterno dos. Lo mismo hacía en tiempos de Ramón Hoyos su ángel de la guarda Reinaldo de Jota Medina.

Comentando lo sucedido en el Tour 2022,  Jaime Lopera me remitió a  su libro “La carta a García y otras parábolas del éxito”  – próximo a la reedición por Planeta- en el que cuenta la historia protagonizada por el entrenador inglés Arsene Wenger, del Arsenal.

Este exigió repetir un partido porque su equipo había ganado con un gol anómalo anotado por uno de sus pupilos.  El partido finalmente se repitió con triunfo para el Arsenal. 

Le preguntaron a Wenger, si había tomado la decisión correcta: «Sin duda que sí. No hemos sido campeones de la Copa en esta temporada, pero estoy convencido de que podemos mirar hacia atrás con orgullo porque hemos hecho un tributo a la deportividad». 

Otro comportamiento de juego limpio que esperamos los hinchas del Atlético Nacional es la reincorporación a su destino  de Guio Moreno quien fue marginado del equipo por haberse metido con el ego de dueños y directivos revelando que Herrera, el técnico campeón, ganaba una pichurria. 

Si Moreno  vuelve a vestirse  “de verde que te quiero verde” seguramente Nacional recuperará su memoria balompédica. Ya empezó en Ibagué de donde el equipo casi se trae los tres pecosos puntos pero el Tolima le empató a la hora de nona.

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