Catarata de crisis: Contradicciones

Desde lo alto, la Cartagena pobre divisa la prosperidad que no llega. Foto Word Press

“Debemos cerrar la brecha entre ricos y pobres”, dice la ONU… Pero el FMI lanza una emisión extraordinaria de DEG que ahonda la desigualdad entre ricos y pobres. Colombia pone en marcha “la más ambiciosa agenda social de este siglo”, según Duque… Pero el DANE nos habla de un desastre social sin precedentes. Lo económico y lo social hablan lenguajes distintos, y ese es el fondo de la crisis mundial.

Octavio Quintero

El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, instaló la Asamblea 2021 con un discurso apocalíptico: “Estamos ante una catarata de crisis que pone al mundo al borde del abismo”. En seis puntos fue desbrozando esa crisis: 

1. La frustrada paz; 2. El cambio climático; 3. El modelo económico; 4. El desequilibrio de poder entre hombres y mujeres (discriminación de género); 5. El uso y abuso del desarrollo tecnológico y, 6. La brecha generacional. La intensidad, efectos y recuperación de la pandemia guarda relación directa, en cada país, con cada uno de los seis puntos descritos en el discurso.

¿Tienen relación los puntos entre sí? Parece… No obstante, por la afinidad del suscrito con el tema económico, el punto 3, el modelo económico, le parece el principal responsable de la “catarata de crisis”. 

Sobre el particular, el Secretario dice rotundamente: “debemos cerrar la brecha entre ricos y pobres, dentro de los países y entre ellos… La asimetría en la recuperación económica está agravando las desigualdades”, un azote social que en Colombia –observamos nosotros– es monumental… Luego agrega: los países más ricos podrían alcanzar las tasas de crecimiento económico anteriores a la pandemia a finales de este año, en virtud de que están invirtiendo hasta el 28% de su PIB en la recuperación, mientras que el resto del mundo está abajo del 6,5%. En el caso colombiano podría estar alrededor del 4,0% del PIB. 

Mientras esta apocalipsis resonaba en el recinto de la ONU, el FMI, en contravía, contribuía a exacerbar la desigualdad a través de una emisión de bonos asignados a cada país de acuerdo con sus aportes. Por supuesto, un país rico, como Estados Unidos, acaparó el 63% de los recursos correspondientes al continente americano. Y en el mundo, 20 países, de un total de 184, acapararon USD 468.780 de los 650.000 millones emitidos… Más del 72%: ¡UFF!

El otro problema es que alcanzar las tasas de crecimiento económico de antes de la pandemia, que parece ser la meta principal de los gobiernos neoliberales, invisibiliza el desastre social de la pandemia que puede verse, en Colombia, en la quiebra de centenares de miles de Mipymes, dejando sin trabajo a 4,2 millones de personas cuyos puestos no han podido recuperarse del todo.

Pero, a pesar de que somos conscientes de que el empleo debe ser el centro de la recuperación, la praxis económica está del lado de ayudar a las grandes empresas a pasar indemnes la pandemia, entre ellas, particularmente, a las del sector financiero. 

Según la prédica del FMI, “La asignación de los DEG es una gran inyección, y si se usa sabiamente, una oportunidad única para combatir esta crisis sin precedentes”. En Colombia, increíblemente, se utilizó el cupo de USD 2.500 millones (COP 10 Blls) en emisión de títulos de deuda pública (TES) con lo que aumentó su carga fiscal sobre intereses y amortizaciones de la deuda, es decir, hizo la tarea al revés…

Como al revés le quedó también la reforma tributaria, llamada por el gobierno de “Inversión Social”. Nada más lejos: el solo hecho de aumentar los impuestos de renta a todas las empresas, igualando al 1% de las más grandes y boyantes con el 99% de las más pequeñas y vulnerables es una asimetría tributaria que termina favoreciendo a los más ricos. Por eso resulta delirante la afirmación del presidente Duque, ante este mismo escenario de la ONU, de que su gobierno ha puesto en marcha “la más ambiciosa agenda social de este siglo, y tal vez de nuestra historia reciente”. Si esto fuera cierto, el mentiroso sería el DANE cuyas estadísticas oficiales nos hablan de un desastre social, ya en camino antes de la pandemia, exacerbado por la misma, precisamente, porque los salvavidas económicos dirigidos a los más vulnerables fueron mezquinos y llegaron demasiado tarde, si es que llegaron.

En la “catarata de crisis” que empuja al mundo al abismo, Colombia resulta ser un patético ejemplo cum laude.

Fin de folio.- La devaluación peso/dólar en lo corrido del año (14,2%), nos cuesta unos $60 Blls, resultado de la diferencia entre ingresos (exportaciones + remesas + intereses reservas internacionales) y egresos (importaciones + intereses y amortización deuda pública).

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