Cartas cruzadas

Luna Libros

Queridos lectores lunáticos:
 Al final de julio cumple años nuestro autor lunático Darío Jaramillo Agudelo y para celebrarlo compartimos con ustedes el comentario de José Emilio Pacheco a Cartas cruzadas, novela epistolar de Jaramillo Agudelo publicada en 1995. El año pasado, en coedición con Pre-Textos y bajo el nuevo sello de Pre-Textos América, sumamos a nuestro catálogo la edición conmemorativa. El texto de Pacheco apareció por primera vez el 16 de agosto de 1999 en el número 1189 de la revista Proceso y está incluido en el volumen III de Inventario, publicado por Ediciones Era en 2017. Esperamos que lo disfruten y se animen a emprender la lectura de esta fabulosa novela. Equipo editorial de Luna Libros
Cartas cruzadas


1. DE MARGARITA A MIGUEL
Con estas líneas te envío Cartas cruzadas, la novela de Darío Jaramillo Agudelo que acaba de publicar Era. Es un libro de quinientas cincuenta y siete páginas, y debo decirte que me había hecho el propósito de no leer novelas actuales tan extensas si no he tenido tiempo para otras de ese tamaño escritas por Balzac, Dickens, Galdós, Tolstói o Dostoievski. Comencé, no obstante, Cartas cruzadas y no pude abandonar la lectura en varios días. Ojalá compartas mi entusiasmo. Espero tus comentarios.

2. DE GUILLERMO A MIGUEL
Margarita reparte entre sus amistades Cartas cruzadas. No tardarás en recibir tu ejemplar. Me alegra que una novela de Colombia se publique en México. Para tu generación existió aún algo llamado “literatura hispanoamericana”, término que me parece fue urdido precisamente en Colombia hacia 1888. Ahora, en plena época de la internet, el satélite, el fax y toda forma de comunicación instantánea, volvemos a los tiempos de las literaturas nacionales: los colombianos escriben para los colombianos, los argentinos para los argentinos, los chilenos para los chilenos. No encontrarás un libro peruano en las librerías de Ecuador ni un libro uruguayo en Venezuela. Me gustaría que me explicaras por qué razón sucede esto.

3. DE MIGUEL A MARGARITA
Muchas gracias por el envío. Tuve la suerte de ir a Bogotá y pude comprar otros libros de Jaramillo Agudelo: dos novelas, La muerte de Alec y Novela con fantasma, y tres libros de poesía: Historias, Tratado de retórica Poemas de amor. Este último ha tenido seis ediciones, lo que en todas partes es raro para el género. He empezado a leer Cartas cruzadas. No tardo en mandarte mis comentarios.

4. DE MIGUEL A GUILLERMO
España prohibió a sus colonias que comerciaran entre sí. Todo tenía que hacerse mediante Sevilla o Cádiz. Mencióname un escritor o una escritora de prestigio continental y verás que todos tienen en común el haber publicado en España. Desde Madrid y Barcelona puedes llegar a toda Hispanoamérica. Desde cada uno de nuestros países esto es imposible. Y somos más de veinte. A cada uno le toca un autor internacional, aunque tenga por lo menos diez de primera importancia. Desde fuera es imposible pensar en doscientos escritores hispanoamericanos que debes leer en 1999. La situación se repite dentro de cada país; un libro publicado en Córdoba será muy difícil que circule en Buenos Aires.
Y así hasta el infinito.

5. DE AMALIA A MIGUEL
¿Una novela epistolar en pleno fin del siglo? No puedo creerlo. ¿El pasado no acaba de pasar nunca?

6. DE GUILLERMO A AMALIA
Miguel me transmite tu asombro. Lamento no tener tus conocimientos de literatura alemana. Sabrás que en ella la Briefroman fue el género más popular a finales del siglo XVIII. Produjo cuando menos dos obras maestras: Werther de Goethe e Hiperión de Hölderlin. En París el enorme triunfo de Rousseau con Julie ou la Nouvelle Héloïse hizo que se establecieran los gabinetes de lectura que permitían leer novelas a quienes no podían darse el lujo de comprarlas. Por vez primera en la historia el ama y la sirvienta pudieron hablar de un libro compartido.
En Inglaterra Samuel Richardson tuvo un éxito inmenso con Clarissa y Pamela. El auge de la novela epistolar culminó con Les liaisons dangereuses, única novela del artillero Pierre Choderlos de Laclos. De ella este año se ha filmado una nueva versión que cambia su trama y sus personajes al Nueva York de nuestros días. Me dicen que en 1979 John Barth publicó una novela titulada precisamente Letters, pero no la he leído.

7. MIGUEL A AMALIA
Cartas cruzadas es la novela de una generación a la que, entre tantas cosas, se le prohibió contar historias y hacer libros que tuvieran alguna semejanza con las obras del pasado. Jaramillo Agudelo rompe con ese tabú autoritario y muestra que la novela sigue siendo, como se dijo en su momento glorioso, la historia de la gente que no tiene historia, el relato de la vida privada de las naciones. Que otros hablen de teorías y estadísticas: Jaramillo Agudelo nos da la experiencia humana de un país (el suyo y el nuestro) deshecho por el tráfico de drogas.
La sociedad entera se desquicia cuando es posible ser rico de un día para otro. Negocios con utilidades fabulosas. La cocaína es la industria pionera: altísimo riesgo, directamente proporcional a la ganancia. De ahí sigue la extorsión, el secuestro, el robo de carros, el asesino de la motocicleta. El trabajador le roba al propietario, el propietario al cliente y al gobierno, el cliente escamotea algo. El contratista paga y el funcionario agarra su tajada. La diferencia la pagamos todos de mala gana.
El resultado es un lugar donde no existen leyes de convivencia. El despelote general.

8. DE AMALIA A MIGUEL
Sí, Jaramillo Agudelo parece hablar de México cuando dice que las drogas nos convirtieron en una sociedad despiadada. Acabaron por desacreditar la virtud de la compasión. Un país en donde muchos tienen la posibilidad de ser ricos de la noche a la mañana es un lugar invivible. Los traficantes de cocaína alteraron los valores sociales de una manera que nos volvió invivible la vida.

9. DE GUILLERMO A MARGARITA
Vamos a ver si leímos el mismo libro. Cartas cruzadas narra doce años (1971-1983) en la vida y la muerte de unos personajes que fueron adolescentes en los sesenta y jóvenes en los setenta. Para ellos resultó posible todo lo que unos cuantos años atrás era impensable. Vivieron los breves años en que ya no existía el temor al embarazo ni a la sífilis y nadie divisaba en el horizonte la aparición del sida.
La marihuana dejó de ser el vicio del truhán y el lumpen para volverse algo consumido abiertamente, como el cigarro y el alcohol, pero que lograba la dispersión de los sentidos, la prolongación de cada segundo hasta hacer que el tiempo no transcurriera y la música de rock se volviese de colores. Después la cocaína ya no fue más una práctica del hampa y la bohemia y se trasformó en algo usado, dice Claudia en la novela, “por más o menos todo el mundo”.
En el reparto del planeta, a nuestros países les tocó ser proveedores de materia prima con precios fijados en Wall Street. Cuando se desplomaron los productos tradicionales –azúcar, café, tabaco–, en buena parte debido a la obsesión generacional por la salud y la juventud eterna, la marihuana se convirtió en producto de exportación al mayor mercado de la historia. Después, Estados Unidos empezó a producirla. Se acabó el combate policial y publicitario contra la marihuana.
Los caminos abiertos y los lazos tendidos sirvieron para otro tráfico mucho más lucrativo: llevar la cocaína hacia el norte, donde la diferencia es de uno a cien.
Luis y Esteban son amigos desde su infancia en Medellín. El primero es profesor de literatura y se especializa en Rubén Darío y el modernismo. El segundo, que heredará una fortuna, es cronista deportivo en la radio y anhela llegar a ser un poeta. Luis se enamora de Raquel, que estudia fotografía y después trabajará como productora de televisión. Su amor es perfecto y total y no mengua con la convivencia ni con las dificultades económicas.
Un día, en Nueva York, Luis descubre que hay un mundo de consumo, lujo, riqueza y placer, inalcanzable para el salario de un profesor. Su cuñado, El Pelusa, está en el negocio. Luis piensa que si colabora puede obtener lo que necesita, nada más. Pero quien entra ya no puede salir. El que contrae el virus de la codicia nunca poseerá lo suficiente para saciarse. Víctima de una obsesión, jamás estará satisfecho. Nada es suficiente, siempre se querrá más y más dinero.
Las cantidades de dinero que circulan son tan monstruosas que impregnan a la sociedad entera. Todos quieren ganar. Se desencadena la locura de la codicia. La codicia es sanguinaria y despiadada. Vivimos, insiste Jaramillo Agudelo, en una sociedad sin piedad. Todo se desquicia por completo cuando la riqueza inmediata está al alcance de la mano. “Cuando la posibilidad de ser millonario, multimillonario, a los veintidós años, es algo real y completo. Y cuando hay miles en el mismo empeño, reina el desbarajuste completo”.
En el caso de Luis, la codicia destruye el amor, la amistad, una vida serena y simple capaz de justificarse por la única droga que no hace daño, el trabajo, y la única felicidad posible, la conciencia de que se ha cumplido con el deber autoimpuesto. Lo que empezó como la historia de la pareja perfecta, finaliza en la sangre y en el horror.

10. DE AMALIA A GUILLERMO
Tu descripción no alcanza a abarcar la riqueza del libro. Omite las demás subtramas que darían para otras tantas novelas: la madre de Raquel, casada con el psiquiatra que la curó del alcoholismo y que vive satisfactoriamente en Florida; su hermana Claudia, que opta por irse a Nueva York con una pareja de su mismo sexo y educar a su hijo Boris; los amores de Esteban con la mujer sin nombre con quien se reúne los sábados en hoteles de diversas ciudades colombianas; su fracaso con Marta, que cede ante todos los que sean él; la forma en que hasta la más santa de las mujeres, la madre de Luis y de Cecilia, termina, sin saberlo y sin quererlo, por ser beneficiaria del narcotráfico; del mismo modo que Esteban, sin participar en él, multiplica su riqueza por obra de lo que compran los nuevos ricos a sus empresas constructoras.

11. DE MARGARITA A MIGUEL
No hay dos lecturas iguales. Ustedes omiten otro aspecto esencial de la novela que su autor hace explícita en una entrevista con Renato Ravelo en La Jornada (8 de agosto): el fracaso de su generación: pudiendo ayudar a construir una sociedad más justa, nos conformamos con una ditirámbica, exaltada e ineficaz fiebre revolucionaria y anticonvencional –entre el Che y Timothy Leary–, sólo hasta el momento en que obtuvimos un título universitario y dimos pábulo a nuestras bajas pasiones: la codicia y el sueño estúpido de la eterna juventud. En Colombia fue esa generación, más que ninguna otra, la que contribuyó a que tuviéramos una sociedad sin reglas de juego, donde las normas existían para ser violadas. Y en el mundo entero esa generación produjo un amasijo inverosímil de pequeños y grandes desastres, pequeñas o grandes mentiras.
La generación de Jaramillo Agudelo es, por supuesto, la que Enrique Krauze designa como generación del 68, y abarca a los nacidos entre 1935 y 1950.

12. DE MIGUEL A MARGARITA
Me halaga que Krauze, sin conocerme, me incluya, no por mi nombre, sino por mi año de nacimiento, en la generación del 68. Creo, sin embargo, que hay dos grandes diferencias: una, entre los que nacieron antes y después de la Segunda Guerra Mundial; otra, entre quienes, como Jaramillo Agudelo y Krauze, tenían veinte años y eran estudiantes en el 68, y quienes, aun sin haber cumplido los treinta, ya habíamos salido de la universidad y éramos padres de familia.

13. DE GUILLERMO A MIGUEL
Las minucias generacionales podemos dejarlas para otro momento. Lo que importa ahora, a raíz de Cartas cruzadas, es qué se puede hacer para que terminen la matanza y el caos.

14. DE MIGUEL A GUILLERMO
Legalizar el consumo.

15. DE AMALIA A GUILLERMO
¿Cómo puedes estar a favor?

16. DE GUILLERMO A AMALIA
Sólo estoy a favor de que termine la sociedad invivible. La guerra contra las drogas se ha perdido. La única posibilidad de no seguir muriendo y matando es levantar la prohibición, como se hizo con el alcohol en Estados Unidos, y poner las drogas en donde siempre debieron estar: en manos de los médicos y los farmacéuticos. Creo que ésta es la lección de Darío Jaramillo Agudelo en Cartas cruzadas.  José Emilio Pacheco
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