Cartas al pasado: La vida no se acaba con la muerte

Por Diego García-CEO epystemy 

No es fácil iniciar esta carta, ya que existen diferentes interpretaciones de la vida o la muerte. Su significado depende de nuestras propias creencias: personales, culturales, religiosas y espirituales. Sin embargo, todos vivimos y morimos, es una inexorable regla que nos rige, incluidas plantas y demás animales en la tierra. 

Nos intriga la creación y el fin, desde la Biblia católica hasta las leyendas indígenas de se incluyen sendos espacios e historias que abarcan estos campos. Rendimos un profundo culto al nacimiento y lo celebramos cada año, pero también lo hacemos con la muerte. Es tan fuerte ese arraigo cultural y humano, que queda registrado en las lápidas de las tumbas, bibliografías de los libros o en internet, después de una vida nos convertimos en números que indican que un día de un mes de un año nacimos, y un día de un mes de un año dejamos de existir en el plano terrenal. 

Celebramos la vida y la muerte, pero ¿qué pasa con la vida después de la muerte? No es el propósito de esta carta generar un debate. El interés es enfocarnos en la vida. Por ese motivo quiero pensar en una frase de Shakespeare, utilizada en su libro Julio César: “…los cobardes mueren muchas veces antes de morir: el valiente saborea la muerte sino una vez…”.  Y eso pasa en nuestra vida ¿cuántas veces morimos en vida? Nos sentimos derrotados o pensamos que nada vale la pena. 

La vida se nos va frente a nuestros ojos y no nos damos cuenta, pasan los años y pensamos que el tiempo ahora pasa muy rápido y no es así, el tiempo por ahora es el mismo en la tierra, los días con sus noches siguen teniendo 24 horas. Pero sí hay algo que hace que el tiempo o la percepción del tiempo sea variable. Esto pasa según la interpretación que hagamos de la situación que ocurre en ese momento, por ejemplo: ¿quién de nosotros no ha sentido que el tiempo se va volando cuando estamos con la persona que amamos?, sobre todo al inicio de la relación o cuando hacemos algo que disfrutamos. Por el contrario, cuando estamos en esa clase aburrida en el colegio, en la universidad o en la reunión de trabajo tediosa, sentimos que el tiempo se detiene y no pasa.

Ahora vivimos en un mundo de ocupaciones, hacemos una cosa, otra y luego otra más. Se nos va la vida de tarea en tarea, cuando levantamos la cara y la despegamos del computador, del celular, o de los papeles de la oficina, ya pasaron años, y no sabemos cómo llegamos ahí, ¡¡¡ya tenemos hijos y canas!!!

La vida no se acaba con la muerte, podemos estar muertos en vida. Esta afirmación no solo puede ser dura, es la realidad de varios, fue mi realidad por un tiempo, sentía que no pasaba nada con mi vida, que todo era muy estático y rutinario. Pero, esa no es la verdadera realidad, cada quien tiene la oportunidad de hacer algo, no se trata solo de imaginar o pensar. Se trata de hacer, la vida se mide por actos y hechos.  No tienen que ser actos que cambien a todo el mundo, pero sí que cambian tu mundo o el de la persona que está a tu lado.

Al final de nuestros días no podemos estar con arrepentimientos, acumulando palabras y cosas por hacer. Es como ese programa de acumuladores compulsivos, que llenan sus casas de periódicos viejos y otras cosas. Nosotros podemos hacer eso en nuestra mente, acumulamos palabras para decir a nuestros padres, hermanos, hijos o familiares. Acumulamos actos de bondad y actividades que queremos hacer, las dejamos para un momento en el futuro que denominamos perfecto, y quedan postergados para más adelante, para ese futuro incierto del cual no somos dueños. 

Es ahora, en este momento, cuando podemos hacer esa llamada y decir; te amo, gracias o perdón. Es la oportunidad de viajar más ligeros por el mundo, por nuestras vidas, de ir limpiando nuestra mente y de ir más que soltando, ir haciendo cosas que realmente impactan en nosotros, en nuestras vidas. 

La vida se pasa, y algo más impactante es que la vamos aplazando, como si tuviéramos la seguridad de tener nuestro futuro comprado y con un seguro de todo riesgo, el seguro de todo riesgo no evita que uno se muera. ¿Qué estamos esperando para hacer lo que realmente queremos hacer? Tal vez: ¿ser millonarios? ¿tener fama? ¿reconocimiento? He escuchado en amigos y pacientes la siguiente frase que yo también utilice: “Voy a ser feliz cuando tenga esto”. Me pregunto: ¿tener que?, y sé tener es ¿para ser feliz?, la felicidad no se compra, no es pan, una bolsa de leche, un carro o una camisa. La felicidad es más sencilla, es cuestión de actitud y apertura a lo que te da la vida.

Para ser feliz con mi esposa no tengo que comprarle diamantes y llevarla a cenar al restaurante más lujoso de New York. La felicidad se trata de poder disfrutar el perro caliente de 1.500 pesos con esa persona que quiero, pero si tengo la oportunidad de cenar en ese restaurante New York, también estaré feliz. La felicidad no depende del sitio o de la suma de dinero en tus cuentas o tarjetas. 

 Al hablar de vida es inevitable mencionar la felicidad, deberían estar siempre unidas. ¿Qué hace que una vida sea provechosa? Pues creo yo, que es eso, vivir feliz. Y la felicidad en nuestras vidas está disponible en diferentes formas, sabores, colores y gustos. Hay felicidad para cada uno, hoy, mañana y pasado mañana, la única condición es que tú quieras aceptarlo así. En mi vida no todo ha sido felicidad, recuerdo un par de años atrás que al contrario consideraba que la mayor parte de mi vida estaba enmarcada por la tristeza y otros sentimientos negativos.

Recuerdo especialmente el fallecimiento de mi padre y recuerdo que utilicé la frase de Shakespeare, porque mi padre me enseñó eso, que uno solo muere una vez, y ni eso. Aún después de 10 años de su muerte, no la conmemoro, me permito celebrar su vida y aún vive en mí, en mis hermanos, mi mamá y el resto de su familia. La vida es un concepto más profundo que el hecho de respirar.  

Poder disfrutar un día nuevo y tener la oportunidad de demostrarme que, a pesar de los problemas y situaciones difíciles, sigo adelante, es tan satisfactorio que me siento con más vida cada día.  

Dejemos de lado pensar en el fin de la vida, celebremos cada día, esperamos un año entero para celebrar nuestro nacimiento, pero porque no celebrar hoy que estoy con vida y que en este día pude hacer la llamada que quería, decidí no aplazar mi vida. Hoy decido vivir mi vida día a día, con un sueño y una meta, pero disfrutando el proceso, cuando me concentro solo en el resultado se nos va la vida, dejamos de vivir para sobrevivir.

Es hoy cuando tengo la oportunidad de hacer algo, no mañana.  En Estados Unidos se utilizan las palabras “The buket list” que se traducen como la lista de los deseos o sueños que cada uno tiene en su vida, pero de esto quiero hablarte en la próxima carta. Dejemos de pensar en la muerte y pensemos mejor en vivir nuestras vidas. De disfrutar lo mucho o lo poco. Simplemente de vivir. De dejar la carrera en la que convertimos la vida, es momento de levantar la cabeza y ver quien está a nuestro lado, quien nos acompaña en este momento y con quien podemos celebrar nuestra vida y la de ellos. La vida no es una compra que hacemos con una tarjeta de crédito que diferimos a 36 o 78 cuotas, la vida se vive, se disfruta y se goza a diario.

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