¡Cambien de verbo!

Por Daniel Samper Pizano

Llámenlo ustedes un juego, un desahogo o un acto pedagógico. El asunto es que el encierro pandémico se nos ha hecho corto a mi familia y a mí gracias a una diversión que inventamos no sé a qué horas pero sí sé por qué. El porqué es el agobiante abuso del verbo generar en los medios de comunicación. Cada vez que algún individuo acude a una conjugación de esta palabra (generó, generaron generarás, generé…), quienes lo oímos en mi casa gritamos: “¡Cambie de verbo!”.

Resulta encantador el estruendo de varias voces que lanzan al unísono esta consigna durante un noticiero, entrevista o declaración por la tele o la radio. Hemos coreado la frasecita hasta trece veces en una sesión de Tele Duque, porque, créanme, los funcionarios de este gobierno son de esos individuos que generan a toda hora. Y ni qué decir de los periodistas. Lo peor es que todos creen que están hablando un español ejemplar. Al revés. Lo mismo que ocurre con la epidemia del coronavirus, el interminable pico del generavirus se expande, contagia, destruye, empobrece nuestra lengua, aplana el uso de matices o precisiones y devora a los demás verbos cuyo significado se acerca, como dice el Diccionario, a “Producir, causar algo”.

A esta plaga se suma un reciente eufemismo de página roja: afectar y afectación. “Robespierre padeció afectación” (¡le cortaron la cabeza, por favor!)… “Las Torres Gemelas sufrieron afectación”… “En Hiroshima se afectaron 140.000 mil vidas”.

Pero volvamos a generar, para no generar desorden. La etimología gen aporta una prolífica parentela que va desde el génesis hasta el lenguaje de género. La amplia sombra de este árbol hace creer a los abusadores de este verbo monopólico que pisan tierra firme. Pues no. Solo revelan léxico escuálido, imaginación apolillada y escaso interés por apartarse del vasto ejército de degeneradores del lenguaje.

Para que no se me tache de negativista, elaboré, a partir de ejemplos reales, una lista de cincuenta sinónimos que reemplazan al insoportable generar. Los lectores podrán aumentarla. Como apoyo, sirvo el plato con sustantivos comunes. Que no se diga, pues, que se trata de un término insustituible: en todos estos casos ha sido relevado por otro verbo.

Abrir espacios Acarrear problemas

Alentar resentimientos Alimentar dudas

Anidar frustraciones Aportar claridad

Auspiciar debates Avivar interés

Brindar oportunidades Causar enfrentamientos

Concitar acuerdos Construir confianza

Convocar reuniones Crear empleo

Cultivar simpatía Desatar pasiones

Desencadenar controversias Despertar molestias

Determinar proyectos Disparar ideas

Elaborar información Engendrar conflictos

Esparcir inseguridad Estimular nerviosismo

Fomentar riqueza Formar consensos

Gestar cambios Impulsar crecimiento

Incrementar desempleo Infundir temor

Inyectar recursos Iluminar ideas

Inspirar reflexiones Motivar intercambios

Multiplicar valor Ocasionar molestias

Ofrecer esperanzas Originar novedades

Procurar bienestar Producir movimientos

Promover desigualdad Propiciar situaciones

Provocar confusión Proyectar soluciones

Redactar documentos Sembrar pesimismo

Suministrar apoyo Suscitar desconfianza

Traer consecuencias Transmitir optimismo

Yo sueño con que el grito de “¡Cambie de verbo!” se fortalezca y extienda. Sería estremecedor escuchar algunas noches en Jalisco, Boston o Rosario –y quizás Madrid y París—el eco lejano de millones de voces colombianas que salen en defensa coral del idioma que nos da de comer. Pero hay que empezar ya, antes de que se le ocurra a un viceministro o un reportero el engendro fatal: “Generó afectación…”.

Esquirlas. 1. ¿Hasta cuándo los periodistas, que posamos de rebeldes ante el poder, seguiremos acatando el burocratés, ese lenguaje artificial y sesgado que inventan en los cuarteles y en los escritorios oficiales para despistar y engañar? Al asesinato disfrazado lo maquillan con el eufemismo falso positivo; la gente llama ciclista al que monta en bicicleta, pero la alcaldía de Bogotá inventó el terrible biciusuario, y los reporteros se tragan semejante sapo. Mientras tanto, la ministra de Justicia reemplaza la neta palabra presos por la compleja expresión personas privadas de la libertad y la (¿ex?) ministra de Cultura habla de “las artes ecsénicas”. ¡El burocratés es facsinante…! 2. Los “miserables” violadores de la niña embera son soldados de Colombia. ¿Qué clase de uniformados produce nuestro Ejército y por qué? 3. Tras las barbaridades jurídicas que dijo Iván Duque sobre este espantoso caso, está en mora de mostrarnos sus notas como alumno de Derecho.

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Directores Orlando Cadavid Correa y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo rcorrientes@revistacorrientes.com

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