Café de Santander, un origen, una calidad y un compendio vanguardista

Por German Nuñez, Diario La Economía

La caficultura santandereana fue pionera en Colombia en la producción y comercialización del café, la misma que le abrió la puerta al desarrollo y a una excelente calidad de vida en las familias y en las zonas productoras.

En ese universo cafetero tan infinito y tan generoso en historia, hay unos antecedentes tan sorprendentes y encomiásticos que ponen al departamento de Santander como uno de los pioneros de la caficultura comercial y como parte importante de ese primer eje productivo que se fue extendiendo por toda la cordillera oriental dejando ver sus inicios en 1835 cuando el grano fue sembrado con fines netamente comerciales. Se puede decir que literalmente el café llegó a Colombia de la mano de Dios porque los historiadores aseguran que el grano arribó con la comunidad jesuita en 1730, pero fue impulsada en Salazar de las Palmas en Norte de Santander por el padre, Francisco Romero, en un momento especial del siglo XIX.

Las primeras semillas fueron vitales en una caficultura que empezaba a vigorizarse y que en los santanderes mostraba una actividad precursora en ese sector del nororiente de la incipiente Colombia. La gran expansión empezó a darse en 1850 cuando de Santander y Norte de Santander, la caficultura se iba hacia el centro y el occidente del país, haciendo protagonista a Cundinamarca, potenciando a Antioquia y estimulando ese proceso económico y social conocido como la colonización antioqueña.

De todas maneras y la historia así lo registra, la ascendencia y el origen de la caficultura nacional se llama Santander, dejando claro que allí la historia se divide porque del Gran Santander quedaron dos departamentos y la cuna neta de esa actividad loable del café siguió allí con esa distinción en los bordes de la cordillera oriental en donde asoma imponente Norte de Santander, ese sitio geográfico en el cual el vértigo es puesto a toda prueba, pero ese será otro contexto cronológico que pronto narraremos desde tan especial sitio, Salazar de las Palmas.

En el siglo XIX el café también pasó las verdes y las maduras con los precios, todo gracias a la especulación en la década de 1870 que se fue extendiendo hasta finales de la época, alcanzando los inicios del siglo XX. En ese tiempo la expansión cafetera tenía dos grandes protagonistas y eran Santander y Cundinamarca en donde se concentraba el 80 por ciento de la producción que dicho sea de paso llegó a unos picos superiores a los 600.000 sacos por año.

La transición de siglo en esa promisoria y generosa caficultura de Santander se vio trastocada por una caída en los precios internacionales, que hizo colapsar la caficultura por unas cotizaciones que se desplomaron, escenario lamentable que fue acompañado por la Guerra de los Mil Días que se dio entre el 17 octubre de 1899 y el 21 de noviembre de 1902. Los resultados fueron trágicos, más de 100.000 vidas fueron segadas y a ese panorama de caos lo acompañó la consecuente devastación de la economía. El tema entre liberales y conservadores llegó a un punto tan deplorable que prácticamente le abrió la puerta a la separación de Panamá.

Historia del Café colombiano en el Santader

Antes de abordar el gran tema y a los espectaculares invitados hay que aseverar que la caficultura desde sus albores ha tenido que caminar por senderos pétreos y estrechos, haciéndola quizás por ello resistente, resiliente y capaz de soportar cualquier adversidad, la caficultura colombiana y en especial la de Santander lleva en su génesis un compendio de valentía y capacidad. Es increíble saber que después de esa ruina cafetera de los comienzos del siglo XX en donde las deudas ahogaban a los productores de Santander y Norte de Santander, la esperanza, la convicción y las ganas pudieron más que los problemas y así abrir una página nueva en donde empezó a escribirse una historia fresca, la del primer eje cafetero de Colombia que tuvo como guardianes y observadores los fríos, pero paradisiacos montes de la siempre escarpada, pero bella cordillera oriental, la misma de la cruzada libertadora y a donde el grano especial llegó con los jesuitas para decorar espacios en 1730 en momentos del Nuevo Reino de Granada, cuando ya se hablaba del Pie de Monte llanero y del imponente Orinoco.

Como todo en la vida, no hay mal que por bien no venga, y la crisis de la caficultura en Santander en ese infausto ocaso de los años 1800 trajo consigo una serie de cambios en la producción cafetera tales como la optimización del modelo exportador y ese mayor auge a una caficultura de pequeños productores, fenómeno que empezó a notarse desde 1875 y que siguió con algún freno por las circunstancias sabidas, pero que con el tiempo fue afianzando una transformación productiva muy afortunada ya que brindaba la oportunidad de hacer mucho más provechosas las tierras por qué el café fue, es y será un cultivo ideal en rendimientos por esa condición de agricultura intensiva, magnífico para ese esquema de pequeños propietarios.

Allá en San Gil, en las bravas tierras de Santander, en donde afortunadamente mi paso se detuvo para admirar al Fonce en su raudo transcurrir, pero igual para explorar una caficultura loable, fue posible ratificar que en materia cafetera, Santander sigue en un sitial muy alto, dando ejemplo de cómo hacer bien las cosas y de cómo darle la peculiaridad de perenne a un sector que estuvo más allá de los oscuros y fríos umbrales del punto final. El autobús verde con blanco de Berlinas del Fonce, finalmente me llevó en las mejores condiciones a una tierra muy grata y entrañable, a esa anhelada y recordada “Perla del Fonce” a la que se llega luego de pasar Oiba, “el pueblito pesebre de Colombia” y tras dejar atrás El Socorro, ese “pueblito viejo” enamorador y pletórico de historia y narraciones comuneras.

Mata de cafe colombiano

En diálogo con Diariolaeconomia.comen las el Director Ejecutivo del Comité de Cafeteros de Santander, Néstor Serrano Capacho, aseguró que por fortuna y en medio de tantas vicisitudes, la caficultura santandereana goza de buena salud, eso sí, sin dejar de innovar y de buscar nuevas opciones para una caficultura fundadora que dio ese vital primer paso para entrar de lleno en el gran mercado de grano excelso tipo arábica.

“Estuvimos hace unos días en Norte de Santander y allí nos encontramos los comités departamentales de Santander, Norte de Santander, el anfitrión, César, Guajira y Magdalena, pero igual con los invitados especiales de Boyacá y Cundinamarca, todos articulando ideas, esfuerzos y proyectos frente a la Federación Nacional de Cafeteros como también, y en su momento, al gobierno Nacional. Lo anterior tiene que ver con muchos aspectos dentro de los que se cuentan lanzamientos de productos y de micro-lotes a nivel regional para darle fuerza a un sector dinámico porque una cosa es decir hay ideas o concursos de Santander a invitar a eventos regionales en donde hay mayor interés y oídos más atentos”, expuso el dirigente cafetero.


El tema es muy importante según Serrano Capacho, porque una subasta o cualquier evento de promoción atrae a muchos más extranjeros o compradores que ven opciones, no solo en un departamento, sino en toda una región, de productores de granos excepcionales en donde marca la diferencia el trabajo de valor agregado, la responsabilidad y compromiso gremial.

La idea tiene todo el sentido porque al gran encuentro de cafeteros asistieron los fundadores y creadores del primer eje cafetero de Colombia, Norte de Santander, Santander, Boyacá y Cundinamarca, gran cumbre que le dio origen a una idea muy apropiada y que será sin duda ganadora. El Eje Cafetero Nororiental Colombiano nace en Cundinamarca, pasa por Santander y llega a hasta la Sierra Nevada de Santa Marta le apostará a una oferta de café de excesiva calidad y a unos eventos comerciales pensados en grande para un mercado que se mueve sobre pilares de innovación y alternativas.

Santander tiene una particularidad y es que ha logrado mantener su caficultura ya que el informe más reciente señala que la caficultura colombiana pasó de 930.000 hectáreas a 877.000 hectáreas, es decir que para el escenario nacional, en dos años, se perdieron más de 60.000 hectáreas en todos los departamentos por motivos como la presión urbanística, costos de producción, comercialización, turismo y otras razones que disminuyeron el área para el consolidado nacional.

Según el Director Ejecutivo, en Santander se ha podido mantener desde hace cuatro años las mismas 50.500 hectáreas y todo producto de la iniciativa del cafetero, del apoyo de los comités municipales, del Comité Departamental y de respaldos que vinieron desde las alcaldías y la gobernación.

“Santander no afloja, Santander aguanta, seguimos con esas 50.500 hectáreas que tienen 32.120 caficultores en 75 municipios del departamento lo cual muestra una grata geografía y una excelente dimensión cafetera”, comentó el señor Serrano Capacho.


En Santander hay en promedio 38.000 fincas lo que muestra que la región tiene productores con algo más de 1.6 hectáreas en promedio por cada caficultor, es decir una actividad mayoritariamente de minifundio y muy diferente a lo que se observa en Brasil o Vietnam en donde hay cafeteros de cien hectáreas en adelante, hasta 1.000 o 5.000, en Colombia, expuso, de 540.000 familias hay 240.000 que tienen menos de una hectárea, es decir una caficultura que más allá de asuntos productivos o agronómicos tiene que ver con aspectos sociales lo cual requiere de una mirada en conjunto toda vez que entre el gremio, los entes territoriales, el estado y todos en la cadena deben darle una mano a ese pequeño productor que hoy, según los cálculos del profesor Jeffrey Sachs, están cerca de desaparecer.

Una pregunta recurrente en los escenarios cafeteros es la posible culpa del gobierno o de la Federación Nacional de Cafeteros por los bajos precios, pero muchos ignoran que en una economía de escala en donde los commodities se rigen por la ley de la oferta y la demanda, ninguna culpa tiene nadie, argumento que se puede enfrentar con la producción de calidades de mayor valor agregado y con grano diferenciado.

En productividad, agregó, el país está llegando a un techo de 18 o 20 sacos por hectárea aproximadamente, asunto que obliga a hacer mucho más y en Santander la idea es pasar de 18 hectáreas, pero trabajando o matizando mucho más en calidad que de momento ha dejado muy buenas experiencias en donde la carga ha sido comercializada muy por encima del millón de pesos, remunerando calidad y atributos. Para el directivo lo importante es penetrar más el mercado de especiales y apuntarle a cifras afines a las de la venta común, partiendo de que hoy el mundo está pidiendo mucha más calidad y es por ello, sostuvo, que Colombia no puede quedarse atrás en ese aspecto.

Hay que decir que la calidad del café de Santander es a toda prueba pues goza de una exigente taza, generalmente limpia, con cuerpo medio-alto y balanceado. Igualmente tiene acidez media y cuenta con sabores dulces, herbales, frutales y con sutiles sanaciones cítricas.

Un tema en el café y que resulta curioso es que mucha gente que se va de la actividad, termina regresando a ella. Para el capítulo Santander hay un registro de 15.000 familias nuevas del total de las más de 32.000, y se les llama nuevas porque tienen menos diez años en la caficultura, es decir que 15.000 familias se fueron, pero por relevo generacional o por negocio otras 15.000 optaron por retomar las actividades cafeteras.

“Yo estoy muy complacido de ver como Santander se ha podido sostener y el entusiasmo de este noveno encuentro o ejercicio de hoy fue visible. En 2011 el departamento contaba con 222 cafeteros de más de 10 hectáreas, hoy existen 339 productores de esas característica, es decir que los caficultores grandes lo son más en número y en hectáreas, algo afortunado porque son generadores de valor agregado, de recursos y empleo, además que son un ejemplo para los pequeños que replican lo que hace el gran productor, como quien dice que si falla el grande o se desanima, hay un mal mensaje”, apuntó Serrano.


El Gerente indicó que el café santandereano seguirá creciendo en Bogotá y en los grandes centros de consumo a donde se llega con denominación de origen en las tiendas Juan Valdez o en algunos almacenes de cadena. Santander llegará en octubre con todo su arsenal cafetero a la Feria de Cafés Especiales que se realizará en las instalaciones de Corferias en la capital del país. Allí la muestra de la región será muy importante, razón por la cual se cree que habrá muy buenos resultados en una rueda de negocios que pondrá más grano santandereano en los mercados internacionales, aclarando que el café regional como el del total de Colombia se va en un 95 por ciento o más para el exterior. En ese sentido, de las casi 500.000 cargas que produce Santander, por lo menos 450.000 se están despachando para los mercados internacionales.

El Comité Departamental de Cafeteros de Santander fue creado el diez de diciembre de 1928, en plena recesión mundial de la economía, pero desde su fundación ha mostrado trabajo y compromiso con una caficultura juiciosa y comprometida que fue capaz de rehacerse. Es por eso que Santander y su Comité Departamental de Cafeteros tienen como meta y como enfoque que el cafetero produzca más café, dejando de lado las tareas que son del resorte de los municipios como las vías, la salud y la educación entre otros deberes que están al amparo de la Constitución. Hoy las metas pasan por entusiasmar al cafetero y por impulsar la renovación de cafetos y seguir con el 5,13 por ciento de la producción nacional y avanzar algo más hasta establecer la oferta en el seis por ciento.

El de Santander, un café de lujo

Bultos de cafe:  el país está llegando a un techo de 18 o 20 sacos por hectárea aproximadamente

A su turno el Gerente de la Cooperativa de Caficultores de Santander, Cristian Soto Zapata, indicó que el café de Santander está en un buen momento, claro está, reconociendo que los precios internacionales siguen teniendo un impacto adverso sobre la economía cafetera puesto que no remunera un esfuerzo y un compromiso que termina en la producción del mejor café suave del mundo.

Sin embargo, dijo, las crisis usualmente terminan siendo oportunidades y por eso hoy la cooperativa está en un proceso de reingeniería, de repensarse y de optimizarse para explorar salidas que permitan ser más productivos, más eficientes frente a la reducción de costos, y a una mejor comercialización porque la idea es identificar los nichos de mercado de cafés de alta calidad para mejorar el ingreso y la rentabilidad de los caficultores santandereanos.

En medio de un foro interesante invadido por aromas cafeteros y voces cafeteras, acompañado todo por el requinto insuperable del maestro, Jorge Ariza, y su emblemática discografía que regala melodías como Pedacito de Cielo, Beleñita o Esteros del Camaguan entre otros, nosotros nos extasiábamos con un tema cafetero apasionante por su gente y por la misma región, esa que le dio vida a la libertad con las voces inconformes del municipio de Socorro, sobre todo la de Manuela Beltrán, acompañada por las consignas del hijo de Charalá, Antonio Galán, aquel que inmortalizara en su juramento frases como “En el nombre de Dios, de mis mayores y de la libertad. Ni un paso atrás, siempre adelante, y lo que fuese menester ¡que sea!”. Igual Antonia Santos, la revolucionaria y valiosa mujer nacida en Pinchote y fusilada en Socorro por apostarle a la causa libertadora.

En fin hablar de Santander es ir a la historia, cabalgar por las luchas comuneras que sirvieron de cuota inicial para las batallas trazadas en la campaña libertadora del General, Simón Bolívar. También abordar a Santander es ir a los anales de la historia para saber de culturas prehispánicas, de petróleo y de empresas que nacieron con empuje regional desde tiempos muy lejanos. En ese contexto entra el café como una opción de agricultura que logró fortalecerse en las tierras santandereanas en donde empezó a crearse una economía desde el sector primario que terminaría poniéndole un sello de valor e identidad a la caficultura.

Sobre los pronósticos que le dan corta vida a la caficultura de baja productividad, Soto Zapata manifestó que el tema tiene muchas aristas, pero expresó que el reto es como los cafeteros pueden afrontar ese devenir, aumentando la productividad con menores costos y trabajando sin descanso en calidad, valor agregado y café diferenciado para atacar mercados por fuera de la bolsa que acerquen a los productores con tostadores y consumidores de alta exigencia que están dispuestos a pagar un valor adicional por calidad. Por fortuna, comentó, ese es el reto y la visión que muchos caficultores santandereanos tienen presente a la hora de sembrar café.

En su lectura sobre la caficultura regional, Soto indicó que no se puede perder de vista la producción de café de muy alta calidad en micro-lotes y una oferta de grano con mucha más calidad y con elevados componentes de valor agregado. A lo anterior, sostuvo, hay que sumarle las bondades de los sistemas productivos que los santandereanos tienen, sin dejar de lado que hay una diferencia entre el café de Santander con el del resto del país porque se trata de una caficultura con el 98 por ciento de su café bajo sombra, con la posibilidad retener pases, de sobre madurar el café, de fermentar el producto y hacer tratamientos especiales que generan diferencia y con ello la posibilidad de vender una historia totalmente diferente para los consumidores y tostadores.

Otro valor que pesa en el café de Santander es el origen de las plantaciones y de la comercialización porque tal y como lo precisó Cristian Soto Zapata, si se habla de los orígenes más tradicionales del café en Colombia, claramente el tema obliga a referirse a Norte de Santander y a Santander.

“Somos posiblemente los caficultores con más historia en el país y por eso tenemos que vender muy bien nuestras cuitas, narrar con precisión el cuento y creérnoslo. Considero que debemos retomar algunas cosas del pasado porque en las viejas épocas estábamos haciendo las labores cafeteras a las mil maravillas. El trabajo de hoy apunta a sacar productos diferenciados, reconocidos por ser diferentes y comercializados, porque no, por fuera de la Bolsa de Nueva York. No será todo el café de Santander, pero sí tenemos que dar los pasos alrededor de diferenciarnos y de apostarle a nuevos nichos de mercado, vinculados, ojalá así sea, con la producción santandereana”, declaró el Gerente de la Cooperativa de Caficultores del departamento.

Hacienda de cafe colombiano


Santander tiene fincas muy tradicionales en la producción de café pues hay propiedades con más de cien años de historia cafetera, con la particularidad que durante décadas y sin pausa la región le ha entregado grano de calidad al mundo.
La Cooperativa también exalta el trabajo hecho en Santander, departamento que mantiene unas siembras y una producción importante de café suave, ello gracias a una permanente renovación de cafetos estructurada que se hace con variedades resistentes, probadas y bien calificadas, lo cual es motivo de orgullo y de garantías porque hay sostenibilidad en el tiempo, no solamente desde el punto de vista ambiental, sino en los frentes social y económico.

“Hoy somos mucho más racionales en el uso de recursos económicos, igual en el uso de recursos ambientales y hemos hecho un trabajo aplomado y de cara a mejorar en calidad que nos genera una amable expectativa. En el mediano y en el largo, en donde está el gran reto, hay que mirar la actividad con calma y mucha inteligencia porque no se trata de resolver temas del instante o en los precios de la bolsa de Nueva York, sino en qué vamos a hacer en cinco años, o porque no, que caficultura podemos trazar a 15 o 20 años, ese es el reto en el que nos encontramos como cooperativa y como productores de café en el departamento”, exteriorizó Soto Zapata.


Señaló que las cooperativas cafeteras han mostrado eficiencia, inclusión y equidad, demostrando que ese modelo es apropiado para los países en desarrollo porque en el cooperativismo se basó el crecimiento, el progreso y la riqueza de las grandes potencias económicas. A criterio de Soto, el tema pasa por la carencia de educación porque a nadie le cabe en la cabeza que en pleno siglo XXI muy pocos entiendan la importancia de sumar y hacer sobre pedestales de integración, una fuerza que gana y tiene capacidad de negociar.

En Santander más del 70 por ciento del café que se compra lo adquiere la cooperativa a sus asociados y es por eso que los niveles de lealtad son espectaculares. Actualmente más del 80 por ciento de los asociados entregan café y usan servicios de la cooperativa lo que muestra que el asunto pasa por pensar en grande, en equipo y de construir entre todos. Así, explicó, lo hacen las grandes multinacionales,esquema que deben aprender los caficultores y los productores del agro en Colombia que están llamados a pensar en infraestructuras estratégicas al unísono porque no hay otra vía y como se ha demostrado, solos o cada quien por su lado, no ayuda en nada.

“Solos no vamos a competir con Brasil, Honduras o Vietnam, solos no lograremos consolidar grandes masas de café que llegan a nichos específicos de mercado al otro lado del continente, luego hay que trabajar en equipo y ver cómo nos proyectamos a mediano y largo plazo, no podemos quedarnos con la fotografía del momento”, recalcó Soto Zapata.


Hoy hay más que un motivo para tomar café santandereano, de un lado el sistema de producción marca enormes diferencias, la manera de sembrar café permite que el departamento albergue diferentes tipos de aves. No en vano el 96 por ciento de las siembras de café en Santander se hacen bajo sombra de diferentes clases de árboles a donde llegan pájaros, loros y todo tipo de fauna. La cooperativa asegura que fácilmente Santander es un poco más sostenible en términos ambientales. En materia de perfil, el café de la comarca santandereana es reconocido por sus sabores achocolatados, apanelados, dulces, por sus cuerpos altos, que permiten mayor versatilidad en la preparación porque sabe diferente y está muy arriba de otros granos de calidad.

Un inquieto grupo de cafeteros le dio vida a la Cooperativa de Caficultores de Santander hace más de 52 años, en momentos en los que se buscaba la forma de comercializar grano, pero alternando servicios y mejorando día a día en portafolio, no solamente a los asociados sino a las familias cafeteras de la región. Esta cooperativa fundada en 1966 está precisamente repensándose porque quiere estructurar servicios y facilidades para toda una comunidad, empezando por la del café.

La Cooperativa de Caficultores de Santander erigida para coadyuvar al sector cafetero sabe del potencial que tiene pues hace presencia en más de 18 puntos del sur de Santander, logrando con ello solidez, reconocimiento y confianza, unos activos que tienen mucho valor. Por lo anterior se está buscando hacer ajustes en donde haya una empresa acorde con las tendencias del mercado, muy en línea con la tendencia digital, y alineados con los requerimientos de los consumidores en el departamento y en el mundo.

Aris Coffee, mucho más que denominación de origen

Cafe colombiano


Para hablar de Aris Coffee, hay que presentar con lujo de detalles la Granja Villa Laura, una finca temática y cafetera, ubicada en la vereda La Lajita en el municipio de Páramo en el majestuoso departamento de Santander. La propiedad goza de un clima bastante privilegiado y apto para la caficultura ya que se encuentra a unos 1.600 metros sobre el nivel del mar.

Esa propiedad que opera como hotel y como destino de descanso resulta más que especial en vista que allí en sus prósperos suelos nació el proyecto Aris Coffee, un producto con denominación de origen, Café de Santander, Colombia que tiene muy buenos comentarios en el ámbito nacional e internacional ya que cuenta con tres sellos de calidad que avalan procesos y calidades en taza. Son ellos Rainforest, Practices, sello que ofrecen las tiendas Starbucks y Nespresso AAA.

Aris Coffee produce café tipo natural, Honey, fermentado y lavado, así como Geisha. La oferta de cafés arábicos, Castillo y Variedad Colombia, igual siguen siendo un fuerte de esta finca santandereana que entró por el camino de las buenas prácticas agrícolas para lograr poner en la cumbre un café que sabe distinto pues se trata de granos y de producciones con un beneficio único que garantiza aroma, sabor y taza.

Con este medio habló el caficultor y Gerente de Aris Coffee, Aristóbulo Meneses Rueda, quien entendió que el café tenía futuro solamente apostándole a la diferencia y fue por ello que trajo desde Panamá las semillas de café Geisha que hoy ostenta en el mundo la más alta calidad en taza a la hora de su catación.

Ese tipo de café es tan de alta calidad que registran tazas de 92 puntos en Panamá. Una libra de café Geisha puede costar 800.000 pesos y pese a su alta rentabilidad es muy difícil cultivarlo, pero Aris Coffee decidió entrar de lleno en ese mercado exclusivo. Además de Geisha, la marca produces Honey Rojo con quince días de secado natural aproximadamente en marquesina, y para fin de año la firma lanzará al mercado una versión de Honey Negro con dos meses de secado, algo realmente especial porque demanda una recolección 100 por ciento de grano maduro.

A sus 59 años de edad, Aristóbulo Meneses Rueda, lamenta que con un bicentenario cafetero, en Colombia no se sabe tomar café lo cual tilda de desafortunado porque el país produce catorce millones de sacos y esa misma cantidad debe exportarse.

Aquí nos damos el lujo de ir a comprar pasilla o cafés de mala calidad traídos del extranjero para el consumo interno, eso es muy doloroso, pero resulta anecdótico y hasta simpático. El café que tomamos en Colombia al ser de tan mala calidad por ser pasillas y granos que no son cultivados aquí hace que las tostadoras y las marcas quemen el café y no le den una tostión adecuada, motivo por el cual huele y sabe mal. Eso es posible de determinar en pruebas de fragancia y para corroborar lo dicho ese tipo de café necesita dulce porque solamente colado no es posible tomarlo por un amargo extremo que resulta del quemado del grano, luego prácticamente nos están vendiendo un producto que es tóxico en vista que a mucha gente le cae mal, pero no es el café, es el proceso y la misma calidad”, expuso el productor.


El café llegó a la vida de don Aristóbulo desde muy joven y todo porque su padre, el señor, Juan Bautista Meneses, tenía unas plantas de café que alternaban otro tipo de cultivos y de actividades económicas propias del campo. La familia recogía el café, lo beneficiaba y lo procesaba, y fue así como la siembra de café entró en el corazón del hoy empresario.

Actualmente la Granja Villa Laura siembra en siete hectáreas y algunos secretos que se llevó en el sueño eterno don Juan, los aplica Aristóbulo en su propiedad pues su padre sin tener un sitio muy adecuado para el café amaba la caficultura y la naturaleza.

“La verdad me encanta el café porque estoy seguro que es uno de los cultivos más amigables con el medio ambiente. El café que nosotros cultivamos está todo bajo sombra y por eso contamos con más de veinte especies de árboles y especies vegetales. La finca está certificada para sello suizo, americano e inglés”, apuntó el señor Meneses Rueda.


Aris Coffee ya está vendiendo café cinco estrellas, tarea que arrancó el año anterior y todo parece indicar que la muestra gustó en Alemania porque la idea es vender grano de muchísima calidad en el mercado internacional. El café de esta casa tiene un proceso totalmente artesanal y no industrializado porque la finca recoge grano maduro y lo seca naturalmente, haciendo que la taza sea muy diferente a la de otros cafés clase A. La empresa explicó que el café que normalmente se compra en tienda es un café lavado, práctica cuestionada por expertos que aseguran que al lavarlo, el café pierde el 60 por ciento de sus propiedades.

Agregó que hoy en día ya está entrando en el proceso la misma pulpa o mucílago, lo cual es determinante porque allí es en donde están todos los aromas, sabores y dulces, propiedades que se esfuman cuando el café es sometido al proceso de lavado y secado en un silo.

El café procesado con mucílago es una nueva cultura cafetera que hay que seguir formando y lo gratificante es que para ello ya están apareciendo tiendas especializadas que quieren vender productos especiales, una línea en la que precisamente se mueve Aris Coffee. Cabe anotar que si bien procesar café artesanal demanda mucho más trabajo, es algo que enamora a los extranjeros que beben un café con matices muy diferentes, con aromas y sabores sencillamente encantadores.

Aris Coffee logró una venta de futuros con Starbucks y la idea es seguir negociando a nivel y con perfil internacional en donde ha puesto café a 1.3 millones la carga como pasó con Coffee Azahar Company. La herencia cafetera la lleva su hijo, un contador, catador, barista y tostador que al parecer nació en el café y se debe al café.

El señor Aristóbulo Meneses le envió un mensaje a la bolsa de Nueva York y a los negociantes de la Gran Manzana porque considera que en Estados Unidos no hay justicia a la hora de determinar los precios del grano.

“Uno no entiende porque el dólar sube a diario y el café se queda estático o baja, eso no lo comprendo. Dicen que los cafeteros sacamos beneficio y nos pintan como magnates, pero eso no es cierto porque en Colombia y en el mundo hay caficultores pobres, en su gran mayoría y las cinco o siete multinacionales están traficando con el precio porque se lo reducen al productor a su máxima expresión, pero se lo ajustan al alza a los consumidores, ese mercado, la verdad no lo entiendo, porque no es razonable que en la caficultura el diez por ciento sea el ingreso cafetero y el 90 por ciento se quede en manos de los intermediarios. Eso es aberrante, injusto, carece de sentido y trastoca los derechos humanos porque al quitarles ganancias a los campesinos, se fomenta pobreza, hambre y descomposición social, pero eso no lo conocen en Nueva York”, afirmó Meneses.


En este negocio, aseveró Aristóbulo Meneses, el que menos gana es el que más trabaja, la diferencia en la repartición de utilidades no es razonable porque la idea es que en la cadena todos ganen, pero fomentar diferencias de esa naturaleza, es canalla y condenable. El mundo no puede tolerar una brecha tan lamentable en donde un campesino nada en deudas, angustias y embargos mientras unos pocos al parecer y sentados en la poltrona de la riqueza, ven con cierto gozo el cómo sufren los labriegos del café.

Finalmente el gerente de Aris Coffee afirmó que de no ser por la devaluación, la caficultura estaría en punto de quiebra porque los precios siguen muy bajos en tanto los costos de producción a diario se disparan ya que producir una carga de café cuesta entre 750.000 y 800.000 pesos. Algunos no notan el mal momento porque trabajan en familia y reducen gastos, pero hay otros que sufren la caficultura.

Si pasas por San Gil amigo mío, tomate un café

Iglesia San Gil, Santander
Iglesia San Gil, Santander


Esta es la caficultura de Santander, de la que aprendimos en San Gil el bonito municipio fundado en1689 y que hace parte del eje vial que une a Bogotá con Bucaramanga. En efecto como lo dijo el gran compositor, Jorge Villamil, aún está, el viejo puente que conduce hacia el parque el Gallineral, igual están vigentes las ceibas gigantescas que adornan los musgos de magníficos festones. Allí vi lagos de cristal, escuche requintos y guabinas. También me hablaron del cerro de la cruz, de Bella Isla y de Pozo Azul. En una noche de tranquilidad disfruté de las calles empedradas y de los balcones de clásico español. ¡Qué síntesis por Dios maestro!

El servicio de extensión de San Gil indicó que el municipio es el segundo productor de café y con mayor área sembrada en el departamento pues registra 2.500 hectáreas aproximadamente. El primer puesto lo tiene el Socorro que suma unas 4.400 hectáreas.

Igualmente importante es el Valle de San José que tiene 2.350 hectáreas en Café, el municipio de Páramo con 2.200 hectáreas, como quien dice que la Provincia Guanentina es dueña de un alto e importante porcentaje en cultivos de café, es quizás la provincia con mayor extensión y producción en Santander.

En San Gil hay 1.100 caficultores que siguen creyendo en la caficultura, pero hay que decir que cerca del 70 por ciento de productores son pequeños caficultores, es decir de menos de cinco hectáreas. La caficultura de la muy bella y amable San Gil se caracteriza por el sombrío y hoy sigue en proceso de renovación, el 45 por ciento está certificada con algún tipo de sello y cuenta con muy buenos indicadores en densidad de siembra y en variedades resistentes a la roya puesto que cerca del 99 por ciento de la caficultura es invulnerable a la enfermedad fitosanitaria porque genéticamente fueron creados los mecanismos de blindaje.

Por mejorar está llevar la caficultura a una edad promedio de cinco años, pero en ese propósito ya se trabaja. Las calidades de café en la provincia son para mostrar y ello se ve en el buen factor de rendimiento en lo físico, atributo que baja con el factor climático. El perfil de taza es muy elevado en municipios con siembras en altura como San Gil, Pinchote, Páramo, Valle de San José, Curití y Aratoca.

Antes de partir a Bogotá fue especial ir al hotel hablar con la gente y compartir un poco de sus vivencias y sus sueños. En San Gil, la capital de la Provincia de Guanentá, todo es agradable y viable, hay turismo, gastronomía, café, caña y muchas cosas más que tan solo es posible descubrirlas viajando a tan espectacular sitio. Amable fue ir al hotel Guarigua y asistir a un evento de caficultores compartiendo una nutrida agenda académica y una muestra comercial que resultó exitosa.

San Gil fue un pueblo muy activo desde siempre, allí hubo minería, cultivos y explotación de quina, siembras de tabaco y otras actividades. Esta tierra movió negocios e hizo muy fuerte el trueque y la misma arriería. En esta próspera tierra hubo una importante presencia española y por eso el municipio utiliza aún vías que fueron construidas en plena colonia.

Hay que volver a San Gil para hablar de muchos otros aspectos, para saber la verdad de José María Rueda y Gómez, el mítico Conde de Cuchicute, aquel empresario rico que dejó una huella lóbrega, pero que no deja de ser interesante a los ojos de la psicología y el análisis social. Ir a San Gil es una promesa que me hice porque en tan especial municipio es demasiado sabroso hablar de historia y de café, eso sí, con una taza del mejor bebestible en la mano para darle gusto al gusto, a la razón y al corazón.

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