Blanco y Negro: Friolenta bienvenida

La Comisión examinó los orígenes del estallido social y la violencia desatada en Colombia desde abril. Foto Infobae

Por Gabriel Ortíz

Con una fría, forzada e inoportuna invitación, se recibió en Colombia la delegación de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos. Solo desgano se apreció en el semblante de los anfitriones. Y no era de esperarse otra reacción en vista de lo que venía aconteciendo durante 40 días de marchas, protestas, desmanes, bloqueos, muertes, desapariciones, lesiones, violaciones y tantos quebrantos más que soportaba nuestra población. 

Se requería que un organismo internacional confiable inspeccionara lo que acontecía en un país que protestaba por el empobrecimiento de su población, la agonía de su clase media, los asesinatos de líderes sociales, las amenazas de “águilas negras” al cuerpo médico, dirigentes, periodistas y campesinos. ONG, lideradas por HRW corroboraban los acontecimientos, pero las desacreditaban de inmediato acusándolas de extremoizquierdistas, porque no daban confianza a los boletines y cifras oficiales. 

Un simple diálogo, una atención, una reunión y la voluntad de un gobierno por remediar, escuchar y negociar con equidad y justicia, habrían sido suficientes para impedir las marchas y protestas que soportaban los excesos de la policía y de un ejército entrenado para otras luchas. 

Las gentes se lanzaron a las calles, y ahí siguen, soportando una violencia que los afecta, impacienta y maltrata, mientras la fuerza pública los repele despiadadamente. Los bloqueos no se hacen esperar, con sus secuelas. Los derechos humanos brillan por su ausencia. Y en las altas esferas reina el silencio y el desprecio, a la espera de las cifras que reportan las pérdidas humanas y materiales. 

Finalmente llegó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que solo fue recibida por el presidente Duque dos días después, durante una reunión en la Cancillería, no en Casa de Nariño.

Los comisionados escucharon a las víctimas de parte y parte. Conocieron los avances de ciertos acuerdos que nunca son refrendados por el Presidente, porque sus consejeros no le permiten actuar con la urgencia y ecuanimidad que requiere la actual situación. Por ello tardó tanto la CIDH en visitar Colombia.

El primer consejo, fue: “no tienen nada que husmear, investigar o merodear por acá”. Y con esa firmeza se los manifestó la Vicepresidenta Canciller, cuando fue a Washington. 

Horas después, cuando alguien advirtió que nuestro país había firmado la constitución de la CIDH, con todas sus atribuciones y poderes, se aceptó la visita. Pero había que poner alguna condición: “pero primero debe escuchar a puerta cerrada a los organismos de control del Estado”. 

Y así ocurrió. Pero los comisionados han auscultado la situación y han encontrado lo que todos sabemos: violencia policial y de infiltrados en las manifestaciones. Derechos humanos maltrechos y protesta expresada en las calles por el sufrido pueblo que reclama sus derechos. 

Entre tanto este empobrecido país, campeón de la desigualdad, de la injusticia y de una paz que impulsan hacia las trizas, tiene la esperanza puesta en la CIDH. Ella puede salvar a la otrora Gran patria que fue Colombia.

BLANCO: Ojo: el mundo entero nos vigila.NEGRO: Pastrana otra vez comparándonos con Venezuela.

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