Así pasó: La revolución en Los Muros

Los muralistas mexicanos. Foto National Geographic en Español

Por Jairo Ruiz Clavijo

El pueblo es analfabeto, pero no ciego: Rivera, Orozco y Siqueiros se lanzan al asalto de los muros de México y sobre esas paredes de cal, nace un arte de veras nacional e hijo de la frustrada revolución.

Los tres grandes muralistas mexicanos

Diego Rivera pinta a Felipe Carrillo, redentor de Yucatán, con un balazo en el pecho , pero resucitado. Y pinta a Emiliano Zapata sublevando al pueblo, mil seiscientos metros cuadrados de paredes llenan de colores la tierra mexicana.

Pero lleva pistola al cinto: Para orientar la crítica, dice.

Mientras Rivera redondea, José Clemente Orozco afila. Rivera pinta sensualidades, cuerpos de carne de maíz, frutas voluptuosas. Orozco pinta desesperaciones, cuerpos huesudos y desollados, magueyes que sangran. Rivera es alegría, Orozco es tragedia; lo que en Rivera es alegría, en Orozco hay severidad y crispación.

La Revolución Mexicana de Orozco tiene grandeza, como la de Rivera. Pero donde Rivera habla de esperanza, Orozco parece decir que quien sea que robe el fuego, siempre se lo negará al pueblo.

David Alfaro Siqueiros, escondido, turbulento, hacia adentro y espectacular y ampuloso hacia fuera.

Orozco practica la pintura como una ceremonia de la soledad, Siqueiros pinta la solidaridad:

–           No hay mas ruta que la nuestra, dice, y embiste seguro de que su patriótica arrogancia no es mala medicina para un pueblo enfermo de complejo de inferioridad.

Ellos cambiaron los ángeles por un pueblo, el ser, por el estar siendo, las pasiones inconfesas por un alarido sincero.

Los dioses y los lares que nos legaron se murieron de tedio y en el mundo ya no es la hora de remendar.

Jairo Ruiz Clavijo

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