Así pasó: 1967, Houston, Alí

Muhammad Alí. Foto The New York Times

Por Jairo Ruiz Clavijo

Lo llamaron Cassius Clay: se llama Muhammad Ali, por nombre elegido.

Lo hicieron cristiano: se hace musulmán por elegida fe.

Lo obligaron a defenderse: pega como nadie, feroz y veloz, pies ágiles, manos demoledoras, indestructible dueño de la corona mundial.

Le dijeron que un buen boxeador  deja la pelea para el ring : él dice que el verdadero ring es el otro, donde un negro triunfante pelea por los negros vencidos, por los que comen sobras en las cocinas.

Le aconsejaron discreción: desde entonces grita.

Foto La Nación

Le intervinieron el teléfono: desde entonces grita también por el teléfono.

Le pusieron uniforme para enviarlo a la guerra de  Vietnam: se saca el uniforme y grita que no va, porque no tiene nada contra los vietnamitas, que nada malo le han hecho a él ni a ningún otro negro norteamericano.

Le quitaron el título mundial, le prohibieron boxear, lo condenaron a cárcel y multa: gritando agradece estos elogios a su dignidad humana.

(The greatest: my own story, Nueva York, Random, 1975)

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